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Byung-Chul Han, filósofo: "Cada uno se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que así se está autorrealizando. Pero el hombre no es un homo laborans, sino un homo ludens"
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Byung-Chul Han, filósofo: "Cada uno se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que así se está autorrealizando. Pero el hombre no es un homo laborans, sino un homo ludens"

El filósofo propone dejar de explotarse en nombre de la productividad y recuperar el valor del juego como esencia de lo humano

Foto: El filósofo Byung- Chul Han en una imagen de archivo. (EFE)
El filósofo Byung- Chul Han en una imagen de archivo. (EFE)

El siglo XXI ha convertido la autoexplotación en una forma de virtud. Nos levantamos antes, dormimos menos, medimos nuestros pasos, controlamos las calorías, acumulamos tareas y llamamos “autorrealización” a la obligación de rendir siempre un poco más. Bajo una aparente libertad, vivimos atrapados en la exigencia de ser productivos. El filósofo Byung-Chul Han lleva años advirtiendo que este modo de vida no nos acerca al bienestar, sino que nos conduce al agotamiento interior: “Cada uno se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que así se está autorrealizando”, afirma.

Han describe la época actual como un tiempo dominado por el “régimen del rendimiento”. Ya no hay un jefe que nos oprima desde fuera: somos nosotros quienes hemos asumido el papel del vigilante. “Nos matamos a base de autorrealizarnos”, explica, porque la presión de ser más, de superarse, de optimizar cada aspecto de la vida, se ha convertido en una carga invisible que mina la salud emocional y rompe la posibilidad del descanso.

Incluso el ocio se ha contaminado de la lógica del trabajo. Practicamos deporte para ser más eficientes, meditamos para concentrarnos mejor, viajamos para “cargar pilas” y volver a producir. Todo se mide, todo debe servir para algo. La vida entera se ha transformado en una lista de tareas que cumplir, incluso cuando se trata de descansar.

Frente a esa cultura del cansancio, Byung-Chul Han propone una idea radical y antigua a la vez: el ser humano ha nacido para jugar, no para trabajar. Inspirado en la tradición clásica y en pensadores como Aristóteles o Huizinga, el filósofo defiende la figura del homo ludens, el ser que juega, frente al homo laborans, el que trabaja. El juego, dice, es una actividad libre y sin finalidad práctica; un espacio donde el tiempo se suspende y el individuo existe sin necesidad de justificarse.

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Jugar, en este sentido, no significa evadirse de la realidad, sino reconciliarse con ella desde la libertad. Mientras el trabajo busca resultados, el juego permite disfrutar del proceso. Es creatividad pura, sin meta ni rendimiento. Recuperar esa dimensión lúdica es, para Han, una forma de resistencia ante una sociedad que solo valora lo útil.

“Lo contrario de la sociedad del juego es nuestra sociedad del cansancio”, escribe. Y el cansancio, advierte, no proviene del esfuerzo físico, sino del exceso de exigencia emocional y mental. Vivimos agotados porque no nos damos permiso para ser improductivos, para detenernos, para existir sin propósito.

El siglo XXI ha convertido la autoexplotación en una forma de virtud. Nos levantamos antes, dormimos menos, medimos nuestros pasos, controlamos las calorías, acumulamos tareas y llamamos “autorrealización” a la obligación de rendir siempre un poco más. Bajo una aparente libertad, vivimos atrapados en la exigencia de ser productivos. El filósofo Byung-Chul Han lleva años advirtiendo que este modo de vida no nos acerca al bienestar, sino que nos conduce al agotamiento interior: “Cada uno se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que así se está autorrealizando”, afirma.

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