Patricia Gil, farmacéutica y nutricionista: "Cuando cambias constantemente las horas en las que comes o trasnochas, el reloj interno del intestino se desincroniza"
La farmacéutica y nutricionista nos explica que el intestino actúa como un auténtico reloj biológico que marca ritmos de digestión, defensa y reparación
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Los horarios que seguimos para comer o dormir influyen más de lo que pensamos en nuestro bienestar digestivo. La farmacéutica y nutricionista Patricia Gil lo explica con claridad en su serie dedicada a la inflamación, donde pone el foco en cómo la desorganización de las rutinas altera el funcionamiento del intestino y favorece la llamada “inflamación silenciosa”, un proceso que muchas veces pasa desapercibido, pero que afecta directamente a la salud y al estado de ánimo.
Patricia Gil recuerda que el intestino no solo se encarga de digerir los alimentos: es un órgano con una actividad biológica marcada por ritmos propios. “Tu intestino no solo digiere, funciona como un reloj interno que le va marcando cuándo absorbe nutrientes, cuándo activa defensas y hasta cuándo la microbiota produce sustancias que te benefician”, explica. Este sistema, comparable a un reloj biológico, necesita regularidad para mantenerse sincronizado.
El problema surge cuando las comidas se realizan a horas distintas cada día, o cuando se trasnocha con frecuencia. “Cuando cambias constantemente las horas en las que comes o trasnochas, este reloj se desincroniza”, advierte la experta. Esta alteración no es un simple desajuste puntual: a medio plazo, puede provocar digestiones lentas, gases, estreñimiento y una mayor permeabilidad intestinal. Esta última, señala Gil, permite que sustancias que normalmente quedarían dentro del sistema digestivo pasen al torrente sanguíneo, “activando la famosa inflamación silenciosa”.
Esa inflamación, de bajo grado pero constante, se manifiesta en forma de hinchazón, fatiga, malestar general e incluso cambios de humor. Según Gil, es un fenómeno que muchas personas han llegado a normalizar, sin darse cuenta de que su origen puede estar en algo tan simple como los horarios irregulares o el hábito de trasnochar.
No obstante, la farmacéutica insiste en que no se trata de vivir pendientes del reloj ni de caer en la obsesión por la perfección. El objetivo es recuperar la constancia y el equilibrio. “La solución no es obsesionarnos, sino dar cierta regularidad. Ancla de dos a tres comidas en horarios similares cada día. No es rigidez, es constancia”, recomienda. Esa estabilidad, afirma, ayuda al organismo a anticipar los momentos en los que debe digerir, reparar tejidos o liberar energía.
Además de los horarios, Patricia Gil destaca otros factores que influyen en la salud intestinal, como la alimentación, el estrés o la falta de descanso. Todo está conectado: cuando uno de estos pilares se desajusta, el cuerpo lo nota. Por eso, promover rutinas más ordenadas puede suponer una mejora real en la digestión, el sueño y la sensación de vitalidad diaria.
En definitiva, la propuesta de Gil es clara: respetar los ritmos internos del cuerpo para reducir la inflamación y mejorar la salud a largo plazo. Pequeños cambios, como comer a la misma hora o dormir con regularidad, pueden devolver al intestino su equilibrio natural. Y, como recuerda la especialista, “no se trata de rigidez, sino de constancia”: un mensaje sencillo, pero poderoso, para quienes buscan cuidar su bienestar desde la rutina cotidiana.
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Los horarios que seguimos para comer o dormir influyen más de lo que pensamos en nuestro bienestar digestivo. La farmacéutica y nutricionista Patricia Gil lo explica con claridad en su serie dedicada a la inflamación, donde pone el foco en cómo la desorganización de las rutinas altera el funcionamiento del intestino y favorece la llamada “inflamación silenciosa”, un proceso que muchas veces pasa desapercibido, pero que afecta directamente a la salud y al estado de ánimo.