Con la llegada de diciembre, millones de personas comienzan a elaborar la lista de propósitos de Año Nuevo: hacer más ejercicio, ahorrar, mejorar la alimentación o dedicar más tiempo a uno mismo son algunos de los clásicos que regresan cada temporada. Sin embargo, según numerosos estudios en psicología del comportamiento, más del 80% de estos objetivos se abandonan antes de que termine febrero. ¿El motivo? Suelen plantearse sin estrategia, sin realismo y sin un plan que los sostenga a lo largo del tiempo. Ahora, con el cambio de año a la vuelta de la esquina, es el momento ideal para repensar qué queremos mejorar en 2025… pero también para hacerlo de una forma que funcione.
1. Fijar objetivos realistas y concretos
Una de las principales causas de abandono es plantear metas demasiado generales: “ponerme en forma”, “ahorrar más” o “comer mejor” no dicen nada. La psicología recomienda utilizar objetivos específicos y alcanzables. Es decir, sustituir “hacer más ejercicio” por “caminar 30 minutos, tres veces por semana”. Cuando el propósito es realista y medible, es más fácil seguirlo y evitar frustraciones.
Objetivo: reducir la grasa abdominal. (Pexels)
2. Dividir el gran objetivo en pasos pequeños
Los propósitos fallan cuando se presentan como un gran cambio radical. La clave está en fragmentarlos. Si el objetivo es ahorrar, empezar por una cantidad pequeña y constante es más efectivo que aspirar a acumular una cifra imposible desde el primer mes. Lo mismo ocurre con aprender un idioma, mejorar la alimentación o introducir un hábito saludable. Los microobjetivos ayudan a mantener la motivación y permiten ver avances rápidos.
3. Crear una rutina y un entorno que acompañe
Los hábitos se construyen a través de la repetición y del entorno. Si quieres leer más, coloca un libro en tu mesilla. Si tu objetivo es dejar de lado el sedentarismo, prepara la ropa de deporte la noche anterior. Pequeñas modificaciones en el entorno facilitan la acción y reducen la tentación de abandonar. También funciona reservar un horario fijo para ese propósito: la constancia es más potente que la intensidad.
Algo preocupante cuando se instaura en la rutina diaria. (Pexels)
4. Registrar los avances: la importancia del seguimiento
Los objetivos no se cumplen en línea recta. Habrá semanas mejores y otras peores. Y no por fallar un día o incluso varios hay que abandonar. La flexibilidad es crucial: reconocer que los retrocesos forman parte del proceso y retomar el camino sin castigarse es lo que realmente permite avanzar.
Con la llegada de diciembre, millones de personas comienzan a elaborar la lista de propósitos de Año Nuevo: hacer más ejercicio, ahorrar, mejorar la alimentación o dedicar más tiempo a uno mismo son algunos de los clásicos que regresan cada temporada. Sin embargo, según numerosos estudios en psicología del comportamiento, más del 80% de estos objetivos se abandonan antes de que termine febrero. ¿El motivo? Suelen plantearse sin estrategia, sin realismo y sin un plan que los sostenga a lo largo del tiempo. Ahora, con el cambio de año a la vuelta de la esquina, es el momento ideal para repensar qué queremos mejorar en 2025… pero también para hacerlo de una forma que funcione.