Arthur Brooks, experto en felicidad de Harvard: "Los extrovertidos tienen un estado de ánimo más alegre, pero los introvertidos tienen relaciones más cercanas y felicidad a largo plazo"
Arthur Brooks, experto en felicidad de Harvard: "Los extrovertidos tienen un estado de ánimo más alegre, pero los introvertidos tienen relaciones más cercanas y felicidad a largo plazo"
Mientras los extrovertidos brillan en el ánimo inmediato y la energía social, los introvertidos construyen una felicidad más profunda y sostenida en el tiempo
En cualquier grupo de amigos la escena se repite con facilidad. Está quien entra al bar saludando a todo el mundo, bromea con el camarero y pide la primera ronda sin dudarlo. Y está quien se mantiene en segundo plano, habla solo con los suyos y observa más de lo que participa. Tradicionalmente, el primero suele asociarse con la alegría y la felicidad, mientras que el segundo carga con etiquetas como serio, tímido o incluso poco feliz. Sin embargo, esta lectura rápida dista mucho de la realidad, según Arthur Brooks, uno de los mayores expertos mundiales en felicidad y profesor en la Universidad de Harvard.
Brooks cuestiona la idea de que la extroversión sea sinónimo automático de bienestar. En una entrevista reciente, explicó que “los extrovertidos tienden a obtener más felicidad a corto plazo y los introvertidos tienden a tener más felicidad a largo plazo”. Para el académico, la diferencia no está en quién es más feliz, sino en qué tipo de felicidad predomina en cada personalidad. Los extrovertidos suelen disfrutar más del estímulo social inmediato, mientras que los introvertidos encuentran mayor sentido y profundidad emocional en sus experiencias.
Puede estar relacionado con ser más extrovertido. (Freepik)
Una de las claves de esta distinción está en el peso de la genética. Brooks sostiene que la extroversión y la introversión no son simples elecciones de carácter, sino rasgos con una fuerte base hereditaria. “Entre el 40 y el 80% de tu personalidad es genética”, señala, lo que incluye aspectos como la apertura, la amabilidad, el neuroticismo y, en parte, la felicidad. Esto no significa que el bienestar esté completamente determinado al nacer, sino que cada persona parte de una predisposición sobre la que influyen el entorno, las vivencias y las decisiones cotidianas.
La felicidad poco tiene que ver con el placer. (iStock)
Los introvertidos, por el contrario, suelen orientar su felicidad hacia el largo recorrido. Para ellos, la clave no está tanto en la euforia o el disfrute social constante, sino en el significado. Prefieren menos relaciones, pero más profundas, y valoran especialmente las conversaciones íntimas frente a la charla superficial. Brooks subraya que, aunque la interacción social intensa les desgaste, poseen una habilidad especial para construir vínculos emocionales sólidos, una de las bases más consistentes de la felicidad duradera.
Esta diferencia se refleja con claridad en las relaciones personales. Según el profesor de Harvard, no es raro que personas muy extrovertidas, rodeadas de gente, experimenten sentimientos de soledad. Los introvertidos, en cambio, tienden a crear lazos más estrechos y estables, tanto en la amistad como en la pareja. De hecho, Brooks observa que los matrimonios más felices suelen formarse entre personas con caracteres distintos. “El error más común es buscar a alguien idéntico a uno mismo, cuando la felicidad duradera surge de la complementariedad”, afirma.
En cualquier grupo de amigos la escena se repite con facilidad. Está quien entra al bar saludando a todo el mundo, bromea con el camarero y pide la primera ronda sin dudarlo. Y está quien se mantiene en segundo plano, habla solo con los suyos y observa más de lo que participa. Tradicionalmente, el primero suele asociarse con la alegría y la felicidad, mientras que el segundo carga con etiquetas como serio, tímido o incluso poco feliz. Sin embargo, esta lectura rápida dista mucho de la realidad, según Arthur Brooks, uno de los mayores expertos mundiales en felicidad y profesor en la Universidad de Harvard.