Hablar del pasado y de cómo influye en la forma en la que pensamos, sentimos o nos relacionamos se ha convertido en uno de los temas más habituales en conversaciones sobre bienestar y salud mental. Cada vez hay más interés por entender por qué repetimos ciertos patrones, por qué reaccionamos de determinada manera o por qué algunas experiencias siguen pesando años después. En ese contexto, Elizabeth Clapés, psicóloga y divulgadora, ha compartido una reflexión que pone el foco en un punto clave: reconocer lo vivido es importante, pero quedarse fijado en lo que duele puede impedir avanzar.
En un vídeo reciente, Clapés recurre a una metáfora sencilla para explicar cómo se construye la identidad. “Cuando llegamos al mundo, somos un lienzo en blanco”, afirma, y sostiene que el entorno y los acontecimientos van “pintando” ese lienzo con trazos distintos. Algunos agradables, otros neutros y otros difíciles. “Tenemos trazos que duelen, trazos que nos hacen llorar… trazos que nos hacen felices”, enumera. La conclusión, según la psicóloga, es que cada persona termina siendo una combinación de todo eso: “Cada uno tiene su cuadro”.
Clapés señala que, cuando alguien mira su historia personal, es fácil que la atención se vaya de forma automática a lo negativo: “Nos podemos pasar la vida mirando esos trazos feos, esos trazos que nos han dolido”. Sin embargo, insiste en que quedarse estancado en esa parte no suele ser útil. Su planteamiento evita dos extremos: ni ignorar lo que ocurrió ni convertirlo en el centro absoluto de la vida.
La psicóloga rechaza la idea de borrar el pasado, pero también critica lo contrario: magnificarlo hasta que todo gire alrededor de ese dolor. “¿Hay que subrayarlos en fosforito para que sean el centro de nuestra vida… y entremos en bucle una y otra vez? No”, plantea, y añade que esa repetición no contribuye a encontrarse mejor.
Reconocer los episodios difíciles, ponerles nombre y aceptar que han dejado huella, sin permitir que lo definan todo es un paso hacia reconocer qué es lo que necesitas. “Lo que digo que hay que hacer con los trazos que duelen es rodearlos, identificarlos, saber que están ahí”, explica.
Esa identificación también implica asumir una realidad, y es que algunas experiencias siguen doliendo y condicionan la manera de vincularse o de reaccionar. “Sí, yo pasé esto, lo pasé tremendamente mal, y a día de hoy soy de esta manera”, afirma, conectando la historia personal con la conducta actual: “Reacciono de esta forma y tengo esta manera de vincularme, porque he vivido esto”.
Por eso, las experiencias difíciles son una parte, pero no el conjunto. “Cada uno tiene su cuadro y, al final, es un cuadro completo con lo bueno, con lo malo y con lo que más o menos”, sostiene. Por eso, defiende que el trabajo personal consiste en integrar esos trazos y, al mismo tiempo, recuperar el resto del cuadro: “Tengo un cuadro enorme y le voy a prestar atención al lienzo completo”.
Hablar del pasado y de cómo influye en la forma en la que pensamos, sentimos o nos relacionamos se ha convertido en uno de los temas más habituales en conversaciones sobre bienestar y salud mental. Cada vez hay más interés por entender por qué repetimos ciertos patrones, por qué reaccionamos de determinada manera o por qué algunas experiencias siguen pesando años después. En ese contexto, Elizabeth Clapés, psicóloga y divulgadora, ha compartido una reflexión que pone el foco en un punto clave: reconocer lo vivido es importante, pero quedarse fijado en lo que duele puede impedir avanzar.