Ramiro Calle, maestro de yoga: "Se muere tantas veces en la vida que lo de menos es morir"
Empezar a vivir no siempre significa avanzar, a veces implica aceptar pérdidas, cierres y renuncias. Una mirada serena sobre cómo los finales forman parte inevitable del camino vital
Ramiro Calle, maestro del yoga y la meditación y referente espiritual. (YouTube: El Estoico)
A lo largo de la vida, las personas atraviesan cierres constantes que no siempre se reconocen como tales. Etapas que terminan, vínculos que cambian, identidades que se transforman con el paso del tiempo. Estas transiciones suelen vivirse con incomodidad o resistencia, aunque formen parte natural del crecimiento personal y emocional.
Sobre esta idea reflexiona Ramiro Calle en una conversación reciente compartida en @zzentalks. Durante el diálogo, el maestro de yoga plantea una visión poco habitual sobre la muerte, alejándola del sentido literal para situarla en el terreno de las pérdidas cotidianas y los cambios vitales.
“Se muere tantas veces en la vida que lo de menos es morir”, afirma, subrayando que cada ruptura, cada renuncia o cada final implica una forma de morir simbólicamente. Para Calle, estas experiencias no son excepcionales, sino inherentes a la existencia, y comprenderlas como parte del proceso vital ayuda a transitar la vida con mayor serenidad.
La calidad de lo que vivimos es importante. (Freepik)
En ese mismo contexto, el maestro introduce aquello que considera verdaderamente esencial. “Por lo menos haber mirado cara a cara al amor, al amor verdadero”, señala, poniendo el acento en la calidad de la experiencia vivida. Más allá de los finales, lo importante es haberse permitido amar con autenticidad y profundidad.
La reflexión se enmarca en su concepción del yoga como una práctica de atención plena y coherencia vital. Vivir, desde esta mirada, no consiste en evitar el final, sino en atravesar cada etapa con honestidad, presencia y sentido, aceptando que cada transformación también abre una nueva forma de estar en el mundo.
A lo largo de la vida, las personas atraviesan cierres constantes que no siempre se reconocen como tales. Etapas que terminan, vínculos que cambian, identidades que se transforman con el paso del tiempo. Estas transiciones suelen vivirse con incomodidad o resistencia, aunque formen parte natural del crecimiento personal y emocional.