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Sandra Ferrer, psicóloga, sobre el "ghosting": "Son personas que no pueden sostener la intensidad emocional"
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Sandra Ferrer, psicóloga, sobre el "ghosting": "Son personas que no pueden sostener la intensidad emocional"

Ese gesto, que muchas veces se intenta justificar como incomodidad o falta de herramientas, tiene un impacto emocional que no siempre se mide

Foto: La psicóloga Sandra Ferrer en una imagen de archivo. (Instagram)
La psicóloga Sandra Ferrer en una imagen de archivo. (Instagram)

Desaparecer sin decir nada se ha convertido en una de las formas más frecuentes, y más desconcertantes, de cerrar una relación hoy. A veces ocurre tras unas pocas citas. Otras, después de semanas de mensajes constantes, planes compartidos y una intimidad que parecía avanzar sin freno. El término se ha normalizado, “ghosting”, pero la experiencia sigue siendo difícil de digerir porque no deja solo un final. Deja un vacío. Sobre esta práctica ha hablado la psicóloga Sandra Ferrer, que propone mirarla desde una perspectiva menos ligera y más consciente del daño que puede generar.

Todo lo que tú emites, verbal o no verbalmente, tiene unas consecuencias en cualquier vínculo que tú generes

Ferrer sostiene que el ghosting no es un simple gesto torpe ni un modo cómodo de esquivar una conversación incómoda. “El ghosting es violencia”, afirma, y defiende que conviene nombrarlo así para no minimizar lo que provoca en quien lo sufre. Su punto de partida es directo. Cuando alguien desaparece, no está evitando el conflicto, está dejando al otro solo frente a la incertidumbre. Por eso insiste en que “cuando alguien desaparece es un acto de violencia” y que verbalizarlo ayuda a comprender que no es exageración sentirlo como una herida emocional real.

placeholder Ghosting, qué es y cómo superarlo. (Pexels/Ivan Samkov)
Ghosting, qué es y cómo superarlo. (Pexels/Ivan Samkov)

La psicóloga describe un patrón que se repite en muchas personas que ghostean. El primero tiene que ver con la incapacidad de sostener conversaciones emocionalmente intensas. “Son personas que no pueden sostener la intensidad emocional”, explica, y lo relaciona con una falta de herramientas para manejar el conflicto. Hablar de lo cotidiano es fácil, pero afrontar lo complejo exige madurez. Según Ferrer, hay vínculos que llegan a un punto donde aparece la duda, el vértigo o el replanteamiento, y en lugar de expresarlo con claridad, algunas personas optan por desaparecer.

En ese sentido, Ferrer pone un ejemplo de cómo sería una conversación honesta, aunque sea difícil. “Mira, estoy teniendo dudas sobre lo nuestro, hemos empezado muy rápido y ahora me está dando vértigo”, plantea. También añade un matiz importante. “Prefiero serte honesta porque creo que después de lo vivido lo merecemos, y tú también lo mereces”. Para la psicóloga, esa clase de discurso tiene densidad, implica reconocer lo compartido y hacerse cargo de lo que se ha construido. El ghosting, en cambio, evita todo eso, y por eso deja un daño más profundo.

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El segundo rasgo que señala Ferrer es la irresponsabilidad emocional, entendida como la incapacidad de asumir las consecuencias de lo que se comunica. “Luego son personas con cierta irresponsabilidad o con mucha irresponsabilidad”, advierte. El problema, según su planteamiento, no es solo que no sepan despedirse. Es que muchas veces han emitido señales afectivas intensas y han alimentado expectativas sin pensar en lo que su marcha repentina deja detrás.

Ferrer resume esta dinámica con una frase sencilla. “Yo emito conductas, pero luego no me hago cargo de las consecuencias”. Y lo concreta todavía más. “Yo te digo que te adoro, pero luego, cuando de repente veo que no, no asumo las consecuencias de aquel mensaje que yo te he dado”. Ahí, la psicóloga apunta a una idea clave para entender por qué el ghosting descoloca tanto. Lo que se ha dicho, lo que se ha insinuado, incluso lo que se ha mostrado con gestos o rutinas, genera un relato compartido. Romperlo sin palabras convierte a la otra persona en alguien que tiene que reconstruir sola lo ocurrido.

placeholder Dificultad para desvincularlos de una relación tóxica. (Pexels)
Dificultad para desvincularlos de una relación tóxica. (Pexels)

La conversación sobre el ghosting suele quedarse en la superficie, como si fuera solo una cuestión de modales o un hábito moderno mal entendido. Pero la lectura psicológica apunta a algo más estructural. La dificultad para tolerar el conflicto, la incomodidad o el dolor que implica cerrar una etapa no desaparece por evitarlo. Solo se desplaza al otro. Y ese desplazamiento es lo que convierte la desaparición en una experiencia tan perturbadora.

A veces, lo que más duele no es que alguien se vaya, sino que lo haga como si el vínculo no hubiera existido. Y ahí, más allá del término, lo que queda es una pregunta incómoda que define muchas relaciones actuales. Si somos capaces de construir intensidad, también deberíamos ser capaces de sostener la mínima honestidad cuando toca despedirse.

Desaparecer sin decir nada se ha convertido en una de las formas más frecuentes, y más desconcertantes, de cerrar una relación hoy. A veces ocurre tras unas pocas citas. Otras, después de semanas de mensajes constantes, planes compartidos y una intimidad que parecía avanzar sin freno. El término se ha normalizado, “ghosting”, pero la experiencia sigue siendo difícil de digerir porque no deja solo un final. Deja un vacío. Sobre esta práctica ha hablado la psicóloga Sandra Ferrer, que propone mirarla desde una perspectiva menos ligera y más consciente del daño que puede generar.

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