El debate entre beber agua del grifo o agua mineral embotellada está presente en muchos hogares desde hace décadas. Hay quien defiende el sabor y la “pureza” del agua mineral y quien confía plenamente en el agua que sale del grifo, especialmente en países como España, donde los controles sanitarios son estrictos. Pero más allá de preferencias personales, ¿qué dice realmente la ciencia sobre cuál de las dos opciones es más saludable?
Desde el punto de vista sanitario, los expertos coinciden en un aspecto clave: ambas son seguras para el consumo humano en la gran mayoría de los casos. El agua del grifo en España está sometida a controles diarios y debe cumplir con una normativa muy exigente que garantiza su potabilidad. Las autoridades sanitarias analizan parámetros microbiológicos, químicos y organolépticos para asegurar que no suponga ningún riesgo para la salud.
La falta de presión en el agua del grifo tiene solución (Karolina Grabowska / Pexels)
El agua mineral, por su parte, procede de manantiales subterráneos protegidos y se caracteriza por tener una composición mineral estable. Esa es precisamente su principal diferencia frente al agua del grifo: el contenido en minerales como calcio, magnesio o bicarbonatos. Sin embargo, los especialistas recuerdan que esos minerales también se obtienen fácilmente a través de la alimentación, por lo que no son imprescindibles a través del agua para una persona sana con una dieta equilibrada.
Uno de los argumentos más utilizados a favor del agua embotellada es el sabor. En algunas zonas, el agua del grifo puede tener un gusto más fuerte debido a su contenido en cloro, un compuesto necesario para garantizar la desinfección. La ciencia aclara que este cloro no es perjudicial en las cantidades utilizadas y que, si resulta molesto, basta con dejar reposar el agua unos minutos o utilizar filtros domésticos para mejorar su sabor.
En cuanto a posibles riesgos, los expertos subrayan que el agua del grifo puede verse afectada por instalaciones antiguas, especialmente en edificios viejos con tuberías deterioradas. En estos casos concretos, sí se recomienda revisar la instalación o utilizar sistemas de filtrado. No obstante, esto no implica que el agua del grifo sea menos saludable de forma general, sino que depende del estado de la red interna del hogar.
Mujer bebiendo agua de una botella de plástico (Freepik)
El impacto ambiental es otro factor que la ciencia y los organismos internacionales ponen sobre la mesa. El consumo habitual de agua embotellada implica el uso de plásticos, transporte y un mayor coste energético. Frente a ello, el agua del grifo se presenta como una opción mucho más sostenible y económica, sin que ello suponga un perjuicio para la salud.
Entonces, ¿cuál es más saludable? La respuesta científica es clara: no hay diferencias significativas en términos de salud para la población general. Tanto el agua del grifo como el agua mineral son opciones seguras y adecuadas. La elección depende más del gusto personal, de circunstancias concretas —como la calidad de las tuberías— y de la conciencia ambiental que de una cuestión estrictamente médica.
El debate entre beber agua del grifo o agua mineral embotellada está presente en muchos hogares desde hace décadas. Hay quien defiende el sabor y la “pureza” del agua mineral y quien confía plenamente en el agua que sale del grifo, especialmente en países como España, donde los controles sanitarios son estrictos. Pero más allá de preferencias personales, ¿qué dice realmente la ciencia sobre cuál de las dos opciones es más saludable?