Las sobras forman parte del día a día en muchos hogares españoles, pero no todo vale cuando se trata de conservar comida cocinada. “No te puedes comer el arroz pasado una semana. Las patatas no son eternas. Y la pasta debería consumirse, como máximo, en las 24 horas siguientes a su cocción”. Así de tajante se muestra una experta en seguridad alimentaria en un vídeo que se ha viralizado en redes sociales y que pone el foco en un hábito muy normalizado: confiar en exceso en que el frigorífico lo aguanta todo.
La especialista advierte de que muchas molestias digestivas que se asumen como algo puntual —diarreas, dolor abdominal, ardores nocturnos o malestar al día siguiente— no son casualidad. “Todo eso suma”, explica, y con el tiempo puede derivar en problemas mayores como disbiosis intestinal, infecciones bacterianas o incluso intoxicaciones alimentarias. El mensaje es claro: hay un punto en el que las sobras dejan de ser comida y pasan a ser basura, aunque sigan teniendo “buena pinta”.
Uno de los factores clave para saber si un alimento sigue siendo seguro es el tiempo que ha estado fuera de la nevera. Si una comida cocinada ha permanecido más de cuatro horas a temperatura ambiente, especialmente en una sobremesa, ya no entra dentro de los márgenes de seguridad, aunque se refrigere después. Por eso, la experta insiste en que enfriar y guardar correctamente los alimentos es tan importante como el tipo de plato en sí.
En términos generales, la recomendación es no consumir sobras más allá de las 24 horas. Sin embargo, hay algunas excepciones que, si se han conservado de forma adecuada —en recipientes herméticos y refrigeradas rápidamente tras su cocinado—, pueden durar algo más sin riesgo. Entre ellas están las legumbres cocidas como lentejas, garbanzos o alubias con verduras, que pueden mantenerse hasta tres días en la nevera. Eso sí, si llevan carne o embutido, el margen se reduce a 48 horas.
La experta explica la mejor forma de llevar tupper. (Freepik)
También las salsas de tomate caseras, como el tomate frito, los sofritos o el pisto sin huevo ni pescado, pueden conservarse hasta cuatro días gracias a la acidez del tomate y a la cocción prolongada. Algo similar ocurre con muchas verduras cocidas —judías verdes, zanahorias, calabacín o coliflor—, que aguantan hasta tres días siempre que no lleven salsas ni huevo. En cambio, las espinacas y acelgas requieren más precaución y no deberían consumirse más allá de las 24 horas.
Los caldos bien hervidos, tanto vegetales como de huesos, pueden durar entre tres y cuatro días en el frigorífico si se enfrían rápidamente y no contienen arroz, pasta o fideos añadidos, ingredientes que acortan drásticamente su vida útil. Como apunte extra, la experta señala que la tortilla de patatas, con el huevo bien cuajado y siempre refrigerada, suele ser segura hasta 48 horas.
Las sobras forman parte del día a día en muchos hogares españoles, pero no todo vale cuando se trata de conservar comida cocinada. “No te puedes comer el arroz pasado una semana. Las patatas no son eternas. Y la pasta debería consumirse, como máximo, en las 24 horas siguientes a su cocción”. Así de tajante se muestra una experta en seguridad alimentaria en un vídeo que se ha viralizado en redes sociales y que pone el foco en un hábito muy normalizado: confiar en exceso en que el frigorífico lo aguanta todo.