Elena Garrido, nutricionista, sobre un plato típico: "No estamos teniendo ningún tipo de densidad nutricional con esa comida, solo estamos teniendo picos de azúcar"
Elena Garrido, nutricionista, sobre un plato típico: "No estamos teniendo ningún tipo de densidad nutricional con esa comida, solo estamos teniendo picos de azúcar"
Un desayuno tradicional puede encajar en una rutina saludable, pero entender cómo te afecta y qué necesita tu cuerpo es lo que marca la diferencia
Esto es lo que dice una nutricionista sobre desayunar zumo de naranja (Pexels)
El desayuno clásico de zumo de naranja, tostadas y café sigue siendo una escena habitual en muchas casas y cafeterías. Suena ligero, familiar y, a simple vista, bastante “correcto”. Aun así, la nutricionista Elena Garrido explica 'En la voz de Galicia' que este desayuno no es del todo saludable y entender qué aporta realmente y por qué a algunas personas no les sienta tan bien como esperan.
Garrido plantea que este tipo de desayuno puede quedarse corto en nutrientes y generar altibajos de energía. Lo resume con una frase directa: “no estamos teniendo ningún tipo de densidad nutricional con esa comida, solo estamos teniendo picos de azúcar”. Su idea es que, al juntar zumo (sin la fibra de la fruta entera) y pan con harinas refinadas, la glucosa puede subir rápido y, después, bajar con la misma rapidez, algo que suele notarse como hambre temprana, cansancio o necesidad de picar a media mañana.
Tostadas (iStock)
“No estamos teniendo ningún tipo de densidad nutricional con esa comida, solo estamos teniendo picos de azúcar”, afirma. Con “densidad nutricional” se refiere a alimentos que aportan vitaminas, minerales, proteína, grasas de calidad y fibra de forma suficiente como para sostener energía y saciedad, no solo “llenar” o dar un empujón rápido.
El punto más discutido suele ser el zumo. Al exprimir la fruta se reduce de forma notable la fibra que acompaña a la naranja entera, y eso hace que el azúcar natural se absorba más deprisa. Si a esa bebida se le suma pan hecho con harinas refinadas, el resultado puede traducirse en una subida rápida de glucosa. No es una tragedia puntual, pero sí un patrón que algunas personas notan a lo largo de la mañana, más hambre antes de tiempo, cansancio, irritabilidad o necesidad de picar algo dulce o salado para “remontar”.
La nutricionista insiste en que el efecto no es idéntico para todo el mundo. Hay quien tolera bien ese desayuno, sobre todo si su día incluye movimiento, descanso suficiente y una alimentación equilibrada el resto del tiempo. También influyen el tamaño de las raciones, el tipo de pan, si el café se toma solo o con azúcar y, en general, cómo sea el contexto de vida. Aun así, su advertencia apunta a una idea simple. Si la primera comida del día se basa sobre todo en carbohidratos de absorción rápida, es más fácil que la energía sea menos estable.
El enfoque que plantea Garrido no es prohibitivo, sino práctico. Si te gusta ese desayuno, puedes hacerlo más completo con cambios pequeños. Cambiar el zumo por la fruta entera algunos días para recuperar la fibra, optar por pan menos refinado, añadir una fuente de proteína o de grasa que ayude a sostener la saciedad, o revisar si realmente necesitas el zumo a diario. No se trata de convertir el desayuno en un examen, sino de entender qué te sienta bien y qué te deja con hambre o somnolencia a media mañana.
El desayuno clásico de zumo de naranja, tostadas y café sigue siendo una escena habitual en muchas casas y cafeterías. Suena ligero, familiar y, a simple vista, bastante “correcto”. Aun así, la nutricionista Elena Garrido explica 'En la voz de Galicia' que este desayuno no es del todo saludable y entender qué aporta realmente y por qué a algunas personas no les sienta tan bien como esperan.