Yaiza Hellwig, psicóloga: "Buscar validación constante no te hace dependiente, te hace humana"
La autoexigencia y la comparación constante forman parte del día a día, cada vez más profesionales de la psicología ponen el foco en emociones que solemos juzgar con dureza
La psicóloga ha hablado sobre buscar validación externa (@tumarencalmapsico)
Buscar aprobación no siempre es una señal de dependencia. A veces es, simplemente, la forma que encuentra la mente de asegurarse un poco de calma cuando por dentro todo tiembla.
La psicóloga Yaiza Hellwig explica que pueden reconocerse en ese patrón de fondo: necesitar que alguien confirme que lo estás haciendo bien, que vales, que eres suficiente. Hellwig lo formula con una pregunta que muchas personas se han hecho alguna vez, aunque no siempre la digan en voz alta: “¿Sientes que necesitas que los demás te digan que eres suficiente para sentirte bien?”. Su lectura no busca etiquetar, sino entender el origen.
Según la psicóloga, el impulso de mirar fuera no nace de la nada, sino de un aprendizaje temprano. “No es que seas dependiente, es que aprendiste a buscar validación fuera porque no recibiste suficiente reconocimiento en tu infancia”, explica. Traducido a la vida diaria, esto puede verse en decisiones pequeñas pero constantes: esperar un mensaje, un “qué bien lo has hecho”, una reacción, un gesto que calme la duda interna.
Ese circuito, sostiene, pasa factura. Cuando el bienestar depende demasiado de la respuesta ajena, el suelo se vuelve inestable y aparecen señales emocionales que se parecen entre sí. Hellwig señala que este patrón “genera ansiedad, inseguridad y sensación de vacío constante”. No porque haya algo “mal” en quien lo vive, sino porque la tranquilidad queda en manos de factores que no controlas y eso alimenta la inseguridad interna.
Qué hay detrás de buscar siempre la aprobación de los demás. (Pexels)
El enfoque de Hellwig es sencillo y, precisamente por eso, fácil de probar sin convertirlo en otra exigencia más. “Cada día, escribe 3 cosas que valoras de ti misma, sin que nadie más lo apruebe”, propone como recurso práctico. La clave no está en hacerlo perfecto, ni en redactar grandes logros, sino en entrenar una mirada propia que no necesite permiso para existir: autorreconocimiento sin aplauso.
La psicóloga lo plantea como un aprendizaje corporal y emocional, no solo mental: “Cada vez que te reconoces algo bueno, tu sistema nervioso aprende a confiar en ti”. Dicho de otra manera, el hábito no busca inflar el ego, sino construir un mínimo de estabilidad, para que tu autoestima no dependa de un aplauso externo para mantenerse en pie. Aquí el objetivo es crear base, no demostrar nada.
El mensaje que queda al final es bastante realista. Necesitar reconocimiento forma parte de ser social, de querer pertenecer y estar a salvo en los vínculos. La cuestión es cuánto espacio ocupa esa necesidad y qué pasa cuando la respuesta no llega. Lo que plantea Hellwig es empezar a equilibrar la balanza: mantener el contacto con los demás sin dejar que tu valor se decida fuera.
Buscar aprobación no siempre es una señal de dependencia. A veces es, simplemente, la forma que encuentra la mente de asegurarse un poco de calma cuando por dentro todo tiembla.