David Bueno, biólogo y genetista: "La atención consciente es un recurso muy limitado para nuestro cerebro"
Si te cuesta concentrarte cuando lo intentas todo a la vez, no es que estés fallando tú; es que tu cerebro está intentando ahorrar energía y el mejor rendimiento llega cuando haces justo lo contrario
Hacer varias cosas a la vez parece eficiente, pero el cerebro no lo vive así. El biólogo y genetista David Bueno lo explica con una idea clara: “La atención consciente es un recurso muy limitado para nuestro cerebro”, y no por falta de voluntad, sino por una cuestión de energía. Mantener el foco, sostiene, consume un gasto metabólico alto, de modo que cuando intentamos repartir la atención entre varias tareas, el rendimiento no se divide de forma limpia.
Según Bueno, al “partir” la atención no solo baja la parte que dedicamos a cada cosa: también hay un coste extra por sostener esa división. Él mismo aclara que sus porcentajes son aproximados, pero la idea es fácil de entender: al atender a dos tareas, una parte de la energía se va en “mantenerla dividida”; si son tres, todavía se reduce más, y llega un punto en el que “todo es superficial”. El resultado es una sensación muy conocida: estar ocupado, pero sin profundidad.
Ese esfuerzo mantenido tiene otra consecuencia: la saturación. “El cerebro se satura, ya no puede dar más de sí”, explica, porque acaba agotando la energía disponible. Y cuando eso ocurre, se activa un efecto dominó: aumenta el estrés. “Eso lo que hace es incrementar el nivel de estrés”, señala, y lo peor es que ese estrés termina jugando en contra del propio pensamiento: “El estrés todavía bloquea más la capacidad de reflexionar”.
Bueno sitúa esa capacidad de reflexión en una zona concreta, la corteza prefrontal, el área frontal del cerebro vinculada a planificar, decidir y regular impulsos. Y aporta una clave que ayuda a entender por qué, cuando vamos al límite, nos cuesta pensar con claridad: es una región muy exigente en consumo energético. Por eso, insiste, “cuando no hay energía, no reflexionamos”.
Si la lista es larga, propone abordarla por pasos (Pexels)
¿La alternativa? Para Bueno, la clave está en planificar y priorizar, en lugar de intentar sostener diez frentes abiertos a la vez. Si la lista es larga, propone abordarla por pasos: empezar por una tarea, terminarla, pasar a la siguiente, y así sucesivamente, sin forzar al cerebro a un “modo multitarea” permanente.
El otro consejo es casi una rareza en agendas apretadas, pero él lo plantea como algo necesario: reservar momentos para no hacer nada. “Cada día deberíamos tener todos un rato en la agenda, un ratito sin nada que hacer”, especialmente después de trabajar. Ese descanso no es capricho: sirve para “desaturar” el cerebro y permitir que vuelva a funcionar con mayor claridad, ya sea más tarde o al día siguiente.
Hacer varias cosas a la vez parece eficiente, pero el cerebro no lo vive así. El biólogo y genetista David Bueno lo explica con una idea clara: “La atención consciente es un recurso muy limitado para nuestro cerebro”, y no por falta de voluntad, sino por una cuestión de energía. Mantener el foco, sostiene, consume un gasto metabólico alto, de modo que cuando intentamos repartir la atención entre varias tareas, el rendimiento no se divide de forma limpia.