Hablar bien en público no depende únicamente de tener un buen discurso. El contenido importa, pero la forma en la que se transmite es, en muchos casos, decisiva. Una idea brillante puede perder fuerza si se dice demasiado rápido, con inseguridad o tratando de llenar cada silencio. Así lo explica Fernando Miralles, experto en oratoria y comunicación, que lleva años analizando por qué algunas personas transmiten autoridad al hablar mientras otras generan dudas, incluso cuando dominan el tema.
Según Miralles, la seguridad no se improvisa ni está ligada únicamente a la personalidad. Se construye a partir de pequeños detalles que solemos pasar por alto en reuniones, presentaciones o conversaciones importantes. La velocidad, el tono de voz, las pausas o la postura corporal influyen tanto como las palabras elegidas. De hecho, muchos de los errores más habituales no tienen que ver con lo que se dice, sino con la forma de decirlo.
Una persona que transmite autoridad no tiene prisa. Habla despacio, de manera pausada, y se permite dejar espacios entre frases. Ese ritmo lento no es señal de duda, sino de control. Da tiempo al oyente a asimilar la información y refuerza la sensación de que quien habla sabe lo que está diciendo. “Las personas con autoridad hablan lento, pausado y a veces con voz grave”, resume Miralles, subrayando que no se trata de forzar la voz, sino de sostenerla con calma.
El final de las frases también es clave. Cuando una oración termina con firmeza y el tono desciende, el mensaje se cierra con seguridad. En cambio, acabar en tono ascendente, como si se estuviera preguntando, transmite vacilación. Es una diferencia sutil, pero suficiente para cambiar por completo la percepción del interlocutor. La respiración acompaña este proceso: respirar bien permite pausar sin incomodidad, mantener un tono estable y evitar la sensación de ahogo al hablar.
El cuerpo, además, refuerza o debilita el mensaje. Una postura abierta, con los pies firmes y gestos medidos, comunica seguridad. No hace falta moverse constantemente ni gesticular en exceso. Al contrario, cuando el cuerpo está tranquilo, la atención se centra en lo que se dice. La calma corporal suele interpretarse como confianza y dominio de la situación.
Miralles advierte también de una serie de errores muy comunes que restan autoridad sin que quien habla sea consciente de ello. Hablar demasiado rápido, justificarse o pedir disculpas sin necesidad, evitar el contacto visual, moverse sin sentido, respirar mal o abusar de muletillas son hábitos que transmiten inseguridad. Aunque el contenido sea sólido, si la forma contradice el mensaje, la credibilidad se resiente.
Hablar bien en público no depende únicamente de tener un buen discurso. El contenido importa, pero la forma en la que se transmite es, en muchos casos, decisiva. Una idea brillante puede perder fuerza si se dice demasiado rápido, con inseguridad o tratando de llenar cada silencio. Así lo explica Fernando Miralles, experto en oratoria y comunicación, que lleva años analizando por qué algunas personas transmiten autoridad al hablar mientras otras generan dudas, incluso cuando dominan el tema.