Júlia Martí, psicóloga: "Te sientes culpable porque prefieres sentir culpa que asumir que no hay nada que puedas hacer"
A veces la culpa aparece sin avisar y se instala como una explicación cómoda para emociones mucho más difíciles de sostener
- Julia Martí, psicóloga: "A veces, autocuidarte significa hacer lo más difícil"
- Sigue a Vanitatis en Google para enterarte de todas las noticias
La culpa se cuela con una facilidad pasmosa en la vida cotidiana. Aparece cuando dices que no, cuando descansas, cuando pones un límite o cuando alguien a quien quieres está mal. Y a veces se instala incluso cuando, objetivamente, no has hecho nada incorrecto. De ahí que Júlia Martí, psicóloga, señala que esa emoción puede funcionar como un refugio incómodo, pero conocido, frente a la impotencia.
Según explica Martí, la culpa no siempre es una brújula moral fiable. En ocasiones aparece por sobreestimar tu implicación en lo que ocurre alrededor o por creer que tienes más control del que realmente tienes. Es la trampa de pensar que, si hubieras hecho algo distinto, si hubieras estado más atento o si hubieras insistido un poco más, el resultado habría cambiado. La mente negocia con el pasado para evitar una idea más dura de sostener. Que hay situaciones que no se arreglan a base de esfuerzo.
En ese punto, la culpa se convierte en una especie de moneda emocional. Pesa, duele y paraliza, pero ofrece una ilusión de control. Si te sientes culpable, parece que todavía hay algo que podrías hacer para reparar, para compensar o para “arreglarlo”. Por eso, en experiencias como una ruptura o la muerte de alguien cercano, es habitual que la culpa aparezca con fuerza aunque no exista una responsabilidad real. Aceptar que no hay forma de cambiar lo ocurrido puede ser tan abrumador que el cerebro prefiere agarrarse a una narrativa en la que, al menos, tú tenías un papel más activo.
Martí también apunta a otro disparador frecuente. La culpa que nace cuando no sabes sostener el malestar de los demás sin convertirlo en una tarea propia. Si alguien se enfada, se decepciona o sufre, interpretas automáticamente que te toca arreglarlo. En esa lógica, el malestar ajeno se vuelve tu responsabilidad, y cualquier límite se vive como un fallo personal. No es casualidad que muchas personas educadas en el “ser buena” o en priorizar a los demás aprendan a sentir culpa cada vez que eligen sus necesidades.
El problema es que, cuando se vuelve habitual, la culpa deja de ser una señal y pasa a ser un hábito. Te empuja a sobreexplicarte, a pedir perdón de más, a ceder aunque no quieras, o a quedarte en vínculos y dinámicas por miedo a parecer egoísta. Y ahí la emoción ya no te protege. Te desgasta.
La propuesta de Martí no va de “quitarte la culpa” a la fuerza, sino de preguntarte qué está intentando evitar. Si detrás hay miedo a decepcionar, necesidad de aprobación, dificultad para tolerar la incertidumbre o dolor por aceptar que no depende de ti. Porque, como recuerda, hay momentos en los que lo más honesto no es hacer más, sino asumir que no todo se puede controlar. Y que soltar esa fantasía, aunque duela, puede ser el primer paso para descansar.
- Julia Martí, psicóloga: "A veces, autocuidarte significa hacer lo más difícil"
- Sigue a Vanitatis en Google para enterarte de todas las noticias
La culpa se cuela con una facilidad pasmosa en la vida cotidiana. Aparece cuando dices que no, cuando descansas, cuando pones un límite o cuando alguien a quien quieres está mal. Y a veces se instala incluso cuando, objetivamente, no has hecho nada incorrecto. De ahí que Júlia Martí, psicóloga, señala que esa emoción puede funcionar como un refugio incómodo, pero conocido, frente a la impotencia.