Julia Moreno, psicóloga: "Puedes tener sexo con personas, e incluso disfrutarlo, pero que el sexo esté cumpliendo otras funciones a parte de la de disfrutar"
Julia Moreno, psicóloga: "Puedes tener sexo con personas, e incluso disfrutarlo, pero que el sexo esté cumpliendo otras funciones a parte de la de disfrutar"
La diferencia está en mirar con honestidad si lo que haces te acerca a lo que quieres o si solo te ayuda a evitar lo que te duele, porque de las dos maneras puedes sentirte vacío
La psicóloga pone de manifiesto que el sexo a veces puede estar supliendo carencias emocionales (@juliamorenopsicologia)
A veces el sexo casual se entiende como una prueba de libertad o como una señal de que “no te implicas”, pero Julia Moreno, psicóloga, lo explica de forma diferente. Su planteamiento no gira tanto en torno a si está bien o mal, sino a qué lugar ocupa el sexo en tu vida y qué necesidad está cubriendo en ese momento.
Desde ahí, la psicóloga explica que sí puedes disfrutar de encuentros puntuales sin crear un vínculo afectivo, pero advierte de un matiz que ve con frecuencia en consulta. El mismo gesto puede vivirse desde la calma o desde el vacío, y la diferencia no está en la etiqueta de la relación, sino en la función que cumple para ti.
Moreno parte de una idea clara, sí puedes tener sexo sin desarrollar un vínculo afectivo y pasarlo bien, sin que haya proyecto ni expectativas. “Claro, sería demasiado vintage por mi parte decirte que no”, dice, normalizando un escenario que ya forma parte de cómo muchas personas se relacionan hoy. Pero añade un matiz que aparece con frecuencia: “eso no es incompatible con la idea de que eso que estás haciendo te haga sentir vacío”, advierte, abriendo la puerta a una segunda lectura.
Ahí es donde introduce su distinción más importante. Por un lado, está el caso en el que el sexo casual se vive de forma coherente con lo que quieres y con cómo estás, lo disfrutas, no te engancha, no te desordena y te sientes bien. Por otro, está lo que ella ve “muchísimo” en terapia, cuando “puedes tener sexo con personas, e incluso disfrutarlo, pero que el sexo esté cumpliendo otras funciones aparte de la de disfrutar”. En ese punto, el problema no es el sexo en sí, sino la necesidad que se intenta resolver a través de él.
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Puede ocurrir que alguien mantenga relaciones para sostener una conexión frágil, porque teme que si no hay sexo “esa persona se irá”. O que el encuentro sea el único momento de intimidad disponible con alguien con quien no existe otra forma de acercamiento. También señala un patrón cada vez más común, usar citas y ligues como anestesia contra la soledad, con la sensación de no tolerar el silencio o la falta de contacto. “Entonces no es tanto que tú tengas sexo o no, es más bien para qué tienes sexo”, resume.
En su enfoque, la clave está en hacerse preguntas que no juzgan, pero sí ordenan. “Trata más bien de ver para qué estás teniendo sexo, qué sentido tiene”, propone. Y lo aterriza con dudas que muchas personas se hacen a medias o demasiado tarde, si ese sexo casual es compatible con el tipo de relación que quieres construir, si estás accediendo cuando realmente no te apetece, cómo te deja después y qué imagen de ti mismo aparece en esa dinámica. En esa revisión, el foco no está en lo que “debería” ser sano, sino en lo que te está pasando a ti.
Moreno también advierte contra los discursos absolutos. “No podemos sentar cátedra en psicología”, afirma, rechazando tanto el eslogan de que el sexo casual “es súper sano” como la idea de que la pareja estable y el sexo dentro de un vínculo fuerte sea siempre la opción correcta. Para ella, todo depende del uso personal que se haga del sexo y de la función que tenga en ese momento vital. Incluso en relaciones largas y estables, señala, puede aparecer el sexo como recurso para conectar cuando no se sabe hacerlo de otra manera, o como centro de la relación cuando falta comunicación.
A veces el sexo casual se entiende como una prueba de libertad o como una señal de que “no te implicas”, pero Julia Moreno, psicóloga, lo explica de forma diferente. Su planteamiento no gira tanto en torno a si está bien o mal, sino a qué lugar ocupa el sexo en tu vida y qué necesidad está cubriendo en ese momento.