Hablarle a un perro como si fuera una persona es una escena cotidiana: le contamos el día, le pedimos “por favor” que se siente y hasta negociamos con él a la hora del paseo. Pero, según el adiestrador canino Alan Peiró, esa costumbre parte de un malentendido muy común: “Tu perro no te entiende, pero es mucho más listo de lo que crees”.
Peiró lo explica con una idea sencilla: el perro no descifra frases completas como lo haría un humano, sino que aprende por asociación. Es decir, conecta lo que ocurre a su alrededor con señales que se repiten y que para él son consistentes. En su caso, esas señales suelen ser “palabras clave repetidas”, “tu tono de voz” y “tu intención emocional”. Lo que recibe no es un discurso; es un patrón.
Ahí entra una de las claves que más repite el adiestrador: no se trata tanto de hablar, como de comunicarse. “Para tu perro, cómo lo dices es mucho más importante que lo que dices”, defiende. Traducido a la vida diaria, el consejo es práctico: frases cortas, siempre iguales y coherencia. Si hoy decimos “ven aquí”, mañana “ven”, y pasado “vente ya”, el perro no está siendo “terco”: simplemente no lo tiene claro. La consistencia, en el mundo canino, es una brújula.
El tono, además, importa más de lo que parece. Peiró lo plantea sin rodeos: “la calma transmite calma”. En un entorno doméstico, eso significa que un “quieto” nervioso, acelerado o con tensión en la voz puede generar el efecto contrario al buscado. El perro capta el clima emocional antes que el significado literal. Y, a partir de ahí, responde.
El vídeo del adiestrador también entra en un tema que divide a muchas familias: compartir cama con el perro. Su postura es menos moralista de lo habitual y bastante clínica: dormir juntos “no es un problema por sí solo”. El punto, insiste, no está en la cama, sino en la autonomía emocional del animal.
La pregunta que propone que nos hagamos es fácil: ¿el perro puede dormir solo sin ansiedad? Para Peiró, la señal de alerta aparece cuando el descanso compartido no es una elección, sino una muleta emocional. Si el perro “no puede separarse ni un solo segundo” de su tutor, el asunto deja de ser una cuestión de costumbres para convertirse en un posible caso de dependencia.
Lo que hace tu perro es asociar
¿Cómo se nota en casa? Con indicios muy reconocibles: dificultad para quedarse solo, conductas de protesta como “aullar, llorar o romper cosas” cuando la persona se va, o una presencia constante pegada a los talones durante el día, sin margen para la calma individual. En esos casos, dormir juntos no es la causa única, pero puede actuar como un refuerzo involuntario de esa dependencia.
Hablarle a un perro como si fuera una persona es una escena cotidiana: le contamos el día, le pedimos “por favor” que se siente y hasta negociamos con él a la hora del paseo. Pero, según el adiestrador canino Alan Peiró, esa costumbre parte de un malentendido muy común: “Tu perro no te entiende, pero es mucho más listo de lo que crees”.