Byung-Chul Han lleva años desmontando uno de los dogmas más repetidos del bienestar contemporáneo: la idea de que la felicidad se alcanza a base de actividad constante. Frente al elogio de la productividad, el filósofo surcoreano plantea una tesis incómoda para una sociedad acelerada: vivir más no significa hacer más, sino aprender a detenerse.
En varias entrevistas y ensayos, Han ha sido claro al respecto: "La felicidad no tiene que ver con una vida activa, sino con una vida contemplativa". Para él, el exceso de actividad no conduce al bienestar, sino a una forma de agotamiento que vacía la experiencia cotidiana. Esta reflexión conecta directamente con su obra 'La sociedad del cansancio', donde describe una época marcada por el rendimiento y la autoexplotación.
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. (EFE)
Han advierte de que la vida activa, entendida como acumulación de tareas y estímulos, termina erosionando la atención. "La hiperactividad es una forma pasiva de vida", ha señalado, porque impide la verdadera experiencia del presente.
Desde su perspectiva, la obsesión por hacer convierte incluso el tiempo libre en un espacio de rendimiento. Viajar, entrenar, socializar o cuidarse se transforman en obligaciones que deben optimizarse. La felicidad, así, se mide en logros y no en vivencias, lo que genera una sensación persistente de insuficiencia. En cambio, la vida contemplativa no busca producir ni demostrar nada. Se apoya en el silencio, la observación y la lentitud.
El filósofo Byung-Chul Han en una imagen de archivo. (EFE)
El filósofo no propone una retirada del mundo, sino un cambio de ritmo. Contemplar no es aislarse, sino estar presentes sin la presión de tener que responder, rendir o mejorar. Es una forma de resistencia frente a una cultura que confunde valor personal con productividad.
En 'La sociedad del cansancio', Han subraya que el sujeto contemporáneo está exhausto no por falta de tiempo, sino por exceso de exigencia. Recuperar espacios contemplativos permite romper esa lógica y devolver densidad a la experiencia.
El pensador alemán de origen surcoreano Byung-Chul. (EFE)
Lejos de los manuales de autoayuda, la propuesta de Byung-Chul Han resulta radical por su sencillez: menos actividad, más atención y menos ruido, más presencia. En una época que glorifica el movimiento continuo, quizá la verdadera felicidad consista, como él sugiere, en aprender a mirar y a vivir sin prisa.
Byung-Chul Han lleva años desmontando uno de los dogmas más repetidos del bienestar contemporáneo: la idea de que la felicidad se alcanza a base de actividad constante. Frente al elogio de la productividad, el filósofo surcoreano plantea una tesis incómoda para una sociedad acelerada: vivir más no significa hacer más, sino aprender a detenerse.