¿A qué edad somos realmente felices? La pregunta ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes y sigue siendo una inquietud central en la sociedad actual. Durante décadas, se asumió que la juventud representaba el punto más alto de plenitud y que la vejez ofrecía, en el mejor de los casos, una segunda oportunidad. Sin embargo, para Elsa Punset, filósofa y una de las voces más influyentes en divulgación emocional en España, esa idea ha quedado obsoleta.
“Hoy los estudios muestran que la etapa más infeliz de la vida es la juventud, especialmente entre los 20 y los 25 años: menor satisfacción vital, más desorientación, más vacío”, explicó Punset recientemente a través de su cuenta de Instagram (@elsapunset). Lejos de idealizar los primeros años de la vida adulta, la pensadora invita a mirarlos como una etapa de aprendizaje marcada por la incertidumbre.
En ese sentido, Punset recupera una reflexión del filósofo estadounidense James Hollis, quien afirmaba que “la primera parte de la vida es un error gigantesco e inevitable”. Para ella, esos errores no solo son normales, sino necesarios. “Son la única vía para aprender”, sostiene. El problema, advierte, es que ese proceso de búsqueda se desarrolla en una sociedad que ofrece pocas herramientas para el sentido profundo. “Estamos construyendo una sociedad ruidosa, consumista, adicta al placer rápido y muy pobre en lo que de verdad necesita un ser humano: sentido, propósito y sueño”, señala.
La ciencia parece respaldar esta mirada menos romántica de la juventud. En el libro Una buena vida, el psiquiatra Robert Waldinger y el psicólogo Marc Schulz recogen las conclusiones del célebre estudio longitudinal de la Universidad de Harvard sobre la felicidad. El resultado rompe esquemas: la etapa en la que las personas reportan mayor bienestar es alrededor de los 60 años. Es entonces cuando, según los investigadores, se reduce la ansiedad por lo superfluo y se prioriza lo verdaderamente importante: los vínculos, la calma y el propósito. Para llegar a ese punto, Elsa Punset subraya la importancia de una década clave: los 50. “A partir de los 50, la vida ofrece muchas posibilidades para cambiar de rumbo, tanto personal como profesional”, afirma. Su mensaje es claro y directo: “No te conformes con lo que se ha hecho toda la vida”.
Lejos de entender esta etapa como un declive, la filósofa la describe como una oportunidad privilegiada para reinventarse. Amar de forma más auténtica, cultivar amistades profundas y descubrir una nueva libertad personal son, para ella, algunos de los grandes regalos de la madurez. Punset recuerda incluso un consejo íntimo que marcó su forma de ver el paso del tiempo: “Mi madre me decía: ‘Te va a encantar hacerte mayor porque nunca habrás sido tan libre’”.
El envejecimiento, insiste, no debería vivirse desde el prejuicio ni el miedo. “Una ventaja de la sociedad en la que vivimos ahora es que las oportunidades son realmente enormes y ya la edad no es lo que era antes”, explica. En un contexto donde la longevidad aumenta y las trayectorias vitales son cada vez menos lineales, la edad deja de ser una barrera infranqueable.
¿A qué edad somos realmente felices? La pregunta ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes y sigue siendo una inquietud central en la sociedad actual. Durante décadas, se asumió que la juventud representaba el punto más alto de plenitud y que la vejez ofrecía, en el mejor de los casos, una segunda oportunidad. Sin embargo, para Elsa Punset, filósofa y una de las voces más influyentes en divulgación emocional en España, esa idea ha quedado obsoleta.