Gabriel Rolón, psicoanalista: "Hay cosas que quiebran un vínculo para siempre"
El psicoanalista ha vuelto a poner el foco en esos límites invisibles que sostienen una relación y que, cuando se cruzan, cambian para siempre la manera de mirar al otro
El psicoanalista Gabriel Rolón. (Pódcast Tengo un plan)
A veces una relación no se rompe por falta de amor, sino por un límite que se cruza y deja una grieta que ya no se puede tapar. Esa idea atraviesa la reflexión de Gabriel Rolón, psicoanalista y escritor, cuando advierte que en los vínculos no todo es reversible y que hay acciones que cambian el modo en que miras al otro para siempre. No habla solo de grandes traiciones, sino también de formas de trato que, repetidas o incluso puntuales, pueden alterar la confianza de raíz.
Una cosa es atravesar una etapa difícil, discutir, sentir dolor y aun así intentar recomponer lo que se puede, y otra muy distinta es permanecer durante años en un vínculo donde se normalizan el desprecio, la deslealtad o la humillación. Es más, defiende que el tiempo que alguien tarda en salir de una relación que ya identifica como dañina también forma parte de su responsabilidad personal.
Los motivos que nos empujan a caer en relaciones tóxicas. (Pexels)
Recuerda que muchas rupturas son dolorosas por definición y que “a veces el final de las relaciones son difíciles y no por eso es tóxico”. Lo relevante, plantea, no es el drama del adiós, sino cómo se gestiona el conflicto y en qué momento el enojo se convierte en agresión. Ahí aparece una frontera muy clara entre una discusión dura y una dinámica que ya descompone el respeto. Aunque una persona se arrepienta, pida ayuda y decida cambiar, el daño en el otro puede ser irreversible. Rolón lo explica con crudeza. Puedes trabajar lo que te pasó, puedes decidir no volver a ser esa versión de ti mismo, pero eso no garantiza que el otro quiera, o pueda, quedarse.
Su reflexión se vuelve más contundente cuando habla de la violencia y de cómo suele escalar. No aparece de golpe como una escena aislada, sino como una cadena de permisividad. Una mala mirada, una palabra hiriente, un portazo, un objeto que se rompe. “La violencia escala”, insiste, y por eso subraya que no hay que normalizar ciertas formas de canalizar el enojo, porque se convierten en hábito y, con el tiempo, en identidad.
Rolón también pone el foco en algo que suele pasarse por alto. La pareja no es el lugar donde tienes más margen para descargarte, sino donde deberías tener más cuidado que nunca. La razón no es romántica, es psicológica. En una relación hay intimidad, vulnerabilidad y una confianza que amplifica el impacto de las palabras. Por eso afirma que “la pareja te impone unos cuidados que deben ser más grandes todavía que los que tienes con otra persona”.
La violencia escala
No significa que no puedas herir, porque el daño puede ocurrir incluso sin intención, pero sí supone que el otro pueda confiar en que no estás buscando lastimar. Cuando esa confianza se rompe y aparece la sensación de que el daño es deliberado, ya no se discute un problema concreto, se tambalea el vínculo entero.
El mensaje final no apunta a la culpa, sino a la conciencia. Rolón habla de aprender a reconocer el límite antes de traspasarlo, de pedir ayuda cuando la forma de reaccionar empieza a asustarte, de retirarte cuando estás a punto de decir o hacer algo que no tendrá vuelta atrás. No se trata de ser perfecto, sino de entender que el amor no es una excusa para el maltrato y que, en ciertos gestos, lo que se rompe no es una discusión, sino la posibilidad misma de seguir mirando al otro con confianza.
A veces una relación no se rompe por falta de amor, sino por un límite que se cruza y deja una grieta que ya no se puede tapar. Esa idea atraviesa la reflexión de Gabriel Rolón, psicoanalista y escritor, cuando advierte que en los vínculos no todo es reversible y que hay acciones que cambian el modo en que miras al otro para siempre. No habla solo de grandes traiciones, sino también de formas de trato que, repetidas o incluso puntuales, pueden alterar la confianza de raíz.