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Byung-Chul Han, filósofo: "La felicidad viene siempre por el trabajo con las manos"
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LAS MANOS COMO REFUGIO FELIZ

Byung-Chul Han, filósofo: "La felicidad viene siempre por el trabajo con las manos"

El filósofo aboga por recuperar actividades que requieran dedicación, atención plena, tranquilidad y paciencia

Foto: Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (EFE)
Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (EFE)

El filósofo Byung-Chul Han ha repetido en distintas ocasiones una idea que descoloca en plena cultura del rendimiento: la felicidad no se conquista acelerando, sino volviendo a lo concreto. Su defensa de lo manual no es casualidad.

En una entrevista concedida tras recibir el Premio Princesa de Asturias, el filósofo lo formuló sin rodeos: "La felicidad viene por el trabajo con las manos", y añadió una explicación que conecta oficio, pensamiento y mundo interior: "para Heidegger el pensamiento es un trabajo manual, para Paul Celan también lo es la buena poesía. Sin mano no cabe ni la felicidad, ni el pensamiento, ni la acción".

placeholder El pensador alemán de origen surcoreano, Byung-Chul Han. (EFE)
El pensador alemán de origen surcoreano, Byung-Chul Han. (EFE)

La frase apunta a un punto ciego muy contemporáneo: se habla de bienestar, pero se vive con las manos ocupadas solo en deslizar pantallas. Han, que ha criticado con insistencia el dominio del smartphone, propone justo lo contrario: recuperar actividades que exigen atención, paciencia y presencia.

Y es que trabajar con las manos no significa volver al pasado, sino salir del bucle de estímulos que fragmenta la mente. La artesanía y el cuidado manual ofrecen algo que el consumo no puede prometer: un tiempo que no se evalúa por resultados inmediatos, sino por la calma que se construye mientras se hace.

placeholder El filósofo Byung- Chul Han, en una imagen de archivo. (EFE)
El filósofo Byung- Chul Han, en una imagen de archivo. (EFE)

Este planteamiento encaja con su crítica a la época que vivimos: cuanto más se glorifica la actividad, más crece una fatiga que no se arregla con “descansos productivos”. La hiperconexión y la presión por rendir empujan hacia un cansancio difuso, donde todo cuesta. Las manos, en cambio, devuelven ritmo, porque obligan a aceptar límites y a convivir con la lentitud.

En 'La sociedad del cansancio', Han describe un escenario donde el sujeto se explota a sí mismo creyendo que se realiza. Esa autoexplotación no siempre se vive como violencia, sino como libertad aparente: uno se impone objetivos, se exige, se compara y se castiga por no llegar.

placeholder El pensador alemán de origen surcoreano, Byung-Chul Han. (EFE)
El pensador alemán de origen surcoreano, Byung-Chul Han. (EFE)

Mirado desde ahí, la reivindicación del trabajo manual cobra otra dimensión: no es una recomendación amable, sino una respuesta cultural. Hacer algo con las manos obliga a bajar la velocidad, a sostener la atención y a aceptar que no todo se puede optimizar. La felicidad, entonces, deja de confundirse con rendimiento y vuelve a parecerse a una forma de presencia.

La propuesta de Byung-Chul Han no idealiza la vida, pero sí señala una salida concreta: recuperar prácticas donde el tiempo no se convierte en mercancía y donde el cuerpo participa de lo que la mente desea.

El filósofo Byung-Chul Han ha repetido en distintas ocasiones una idea que descoloca en plena cultura del rendimiento: la felicidad no se conquista acelerando, sino volviendo a lo concreto. Su defensa de lo manual no es casualidad.

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