Vivimos en una época en la que todo parece susceptible de interpretarse: un “ok” seco en WhatsApp, una mirada rara en el trabajo, alguien que no contesta o un comentario a destiempo. Con el piloto de la autoexigencia encendido, es fácil caer en el bucle de pensar que cada gesto ajeno dice algo sobre nosotros. Justo ahí coloca Mel Robbins su último recordatorio: la costumbre que, según ella, te devuelve el control es no tomarte nada personal.
La autora y conferenciante va más allá y reconoce que es importante no tomarte nada personal y aprender a hacerlo “cambiará tu vida”. Robbins no niega la sensibilidad, pero avisa de su trampa: tu sensibilidad es un regalo y, sin embargo, cuando lo conviertes en filtro constante, ese regalo puede transformarse en autocastigo.
Para romper ese mecanismo mental, Robbins propone lo que llama la “Let Them Theory”, un recordatorio en dos pasos. Primero, deja que piensen lo que quieran. Después, el giro que te devuelve a tu eje "déjame recordarme que no tengo por qué tomármelo como algo personal". No se trata de volverse frío ni de tragarse lo que duele, sino de poner límites emocionales: no vivir intentando gestionar la percepción de los demás.
La tesis de Robbins es contundente: la mayoría de lo que hace la gente no tiene nada que ver contigo. Muchas reacciones ajenas nacen del cansancio, del estrés, de inseguridades o de su propio contexto. Tomárselo como un juicio personal, dice, es cargar con una mochila que no te pertenece. Por eso insiste en otra frase útil para el día a día, y aplicar que su estado de ánimo sea suyo.
Robbins remata su idea con un recordatorio: tu vida es tuya. Cuando dejas de convertir cada gesto ajeno en un veredicto, recuperas espacio para elegir qué merece atención y qué no. Ahí es donde, según ella, recuperas tu poder: no porque el mundo cambie, sino porque tú dejas de entregarle el mando.
Vivimos en una época en la que todo parece susceptible de interpretarse: un “ok” seco en WhatsApp, una mirada rara en el trabajo, alguien que no contesta o un comentario a destiempo. Con el piloto de la autoexigencia encendido, es fácil caer en el bucle de pensar que cada gesto ajeno dice algo sobre nosotros. Justo ahí coloca Mel Robbins su último recordatorio: la costumbre que, según ella, te devuelve el control es no tomarte nada personal.