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Teresa Terol, psicóloga y experta: “Este truco de los estoicos nos ayuda a desarrollar más fuerza de voluntad”
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Teresa Terol, psicóloga y experta: “Este truco de los estoicos nos ayuda a desarrollar más fuerza de voluntad”

Según Terol, la fuerza de voluntad no es un rasgo mágico ni una cualidad innata reservada a unos pocos

Foto: Teresa Terol, psicóloga, en una foto de redes sociales. (Instagram)
Teresa Terol, psicóloga, en una foto de redes sociales. (Instagram)

A muchas personas les ocurre lo mismo antes de hacer algo que saben que les conviene: la mente se llena de excusas. Hace frío, estoy cansada, hoy no es buen día. Esa resistencia interna frente a la incomodidad es natural, pero también puede convertirse en un freno constante. Frente a esa dinámica, la psicóloga Teresa Terol propone una idea tan simple como contraintuitiva: incomodarse de forma voluntaria. No como castigo, sino como entrenamiento mental.

“Los estoicos decían que era maravilloso entrenar la incomodidad”, explica Terol. La clave está en elegir pequeñas acciones que no apetecen —ducharse con agua fría teniendo agua caliente, entrenar aunque no haya ganas, posponer una gratificación inmediata— para fortalecer la fuerza de voluntad. Según la experta, cuando decidimos incomodarnos de manera consciente, el beneficio no siempre es inmediato, pero con el tiempo la sensación es positiva: aumenta la percepción de control y la confianza en uno mismo.

Esta idea no es nueva. En la filosofía estoica, la incomodidad voluntaria era una herramienta central para forjar el carácter. Musonio Rufo defendía que exponerse deliberadamente a ciertas molestias ayudaba a desarrollar resiliencia y autocontrol ante las dificultades reales de la vida. No se trataba de sufrir por sufrir, sino de prepararse mentalmente para no depender en exceso de la comodidad.

Séneca es uno de los ejemplos más conocidos de esta práctica. A pesar de su riqueza, vivía durante ciertos periodos como si fuera pobre: comía alimentos sencillos, vestía ropa áspera y dormía en superficies duras. En sus Epistulae Morales ad Lucilium recomendaba reservar algunos días para convivir con lo mínimo y preguntarse: “¿Es esta la condición que temía?”. El objetivo era claro: reducir el miedo a perder lo material y desactivar la ansiedad asociada a esa posible pérdida.

placeholder Hay quien piensa que con fuerza de voluntad se nace, pero no es verdad: se puede trabajar. (iStock)
Hay quien piensa que con fuerza de voluntad se nace, pero no es verdad: se puede trabajar. (iStock)

Desde la psicología moderna, esta idea encuentra paralelismos claros. Técnicas como la inoculación del estrés, desarrollada por Donald Meichenbaum, se basan en una exposición gradual a situaciones incómodas para fortalecer la resiliencia emocional. Funciona como una “vacuna psicológica”: no elimina el estrés, pero enseña a gestionarlo mejor cuando aparece. Eso sí, los expertos advierten de que no cualquier incomodidad es beneficiosa ni debe llevarse al extremo.

Terol insiste en que no se trata de glorificar el sufrimiento ni de imponerse privaciones innecesarias. La clave está en la intención y en la regulación emocional. Son pequeñas decisiones cotidianas, adaptadas a cada persona, que permiten aprender a actuar incluso cuando algo no apetece. “No se trata de sufrir, sino de aprender que podemos hacerlo”, señala la psicóloga.

A muchas personas les ocurre lo mismo antes de hacer algo que saben que les conviene: la mente se llena de excusas. Hace frío, estoy cansada, hoy no es buen día. Esa resistencia interna frente a la incomodidad es natural, pero también puede convertirse en un freno constante. Frente a esa dinámica, la psicóloga Teresa Terol propone una idea tan simple como contraintuitiva: incomodarse de forma voluntaria. No como castigo, sino como entrenamiento mental.

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