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Marian Rojas Estapé, psiquiatra: "Cuando os quedáis anclados a lo que ya fue, aparece la tristeza. Cuando vivís anticipando lo que vendrá, surge la ansiedad"
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Marian Rojas Estapé, psiquiatra: "Cuando os quedáis anclados a lo que ya fue, aparece la tristeza. Cuando vivís anticipando lo que vendrá, surge la ansiedad"

Vivir atrapados en lo que ya pasó o adelantándonos constantemente a lo que podría ocurrir es una de las principales fuentes de malestar emocional

Foto: La psiquiatra pone de manifesto la realidad que sienten muchas personas siendo infelices (@marianrojasestape)
La psiquiatra pone de manifesto la realidad que sienten muchas personas siendo infelices (@marianrojasestape)

Vivir con la cabeza en otro sitio es más habitual de lo que parece. Hay días en los que el cuerpo está aquí, pero la mente se queda repasando lo que salió mal, lo que se perdió o lo que “debería haber sido”. Y otros en los que va por delante, anticipando conversaciones, problemas o escenarios que ni siquiera han ocurrido. Ese movimiento constante suele dejar un poso claro: tristeza cuando nos quedamos pegados al pasado, y ansiedad cuando vivimos instalados en el futuro.

Esa es la idea que ha vuelto a circular con fuerza en las últimas horas a raíz de un mensaje sobre bienestar emocional que ha compartido Marian Rojas Estapé: cuando uno se ancla a lo que ya fue, aparece la tristeza; cuando se adelanta a lo que vendrá, surge la ansiedad. A partir de ahí, su propuesta es sencilla de entender y difícil de entrenar: aprender a habitar el presente, sin negar lo vivido ni dejar de planificar, pero sin convertir ninguno de esos dos lugares en una cárcel mental.

La clave, tal y como se plantea en ese enfoque, no está en “borrar” el pasado ni en dejar de pensar en el mañana. El punto es cómo se mira cada cosa. El pasado puede servir para comprenderse, aprender y cerrar etapas; el futuro, para organizarse y tomar decisiones. El problema llega cuando se transforman en un lugar permanente: cuando el ayer se convierte en reproche o nostalgia que no suelta, y el mañana en una amenaza constante.

Una es la nostalgia idealizada: “antes sí”, “aquella época era mejor”, “ya no volverá”. La otra es la culpa o la rumiación: vueltas y más vueltas a una conversación, una pérdida, una decisión que salió mal. En ese punto, lo que más desgasta no es solo el recuerdo, sino la sensación de que uno está viviendo mentalmente en un lugar donde ya no puede hacer nada.

El mecanismo de la ansiedad suele ser el contrario: vivir adelantándose. Anticipar, prever, controlar, imaginar todo lo que puede salir mal. A veces empieza como “responsabilidad”, pero termina en hiperalerta. Y el cuerpo responde con tensión, cansancio, irritabilidad, problemas de sueño e incluso dificultad para disfrutar.

Cuando la mente se va a un extremo suele notarse sin grandes señales: bajón y un bucle de pensamiento de “si hubiera” constante. A veces también aparece como dificultad para dormir o la sensación de que todo es urgente.

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Para volver al “ahora” basta con nombrar lo que sientes, hacer algo físico sencillo (caminar, respirar más lento), reducir estímulos y elegir una acción pequeña y realista para hoy. Qué hay, qué no hay, qué necesitas, qué puedes hacer ahora mismo. Eso no quita problemas, pero cambia la forma de responder a ellos.

Vivir con la cabeza en otro sitio es más habitual de lo que parece. Hay días en los que el cuerpo está aquí, pero la mente se queda repasando lo que salió mal, lo que se perdió o lo que “debería haber sido”. Y otros en los que va por delante, anticipando conversaciones, problemas o escenarios que ni siquiera han ocurrido. Ese movimiento constante suele dejar un poso claro: tristeza cuando nos quedamos pegados al pasado, y ansiedad cuando vivimos instalados en el futuro.

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