Daniel Gabarró, experto en crecimiento personal: “El afecto es algo que permite que nosotros tengamos vínculo con personas que sentimos que están desvalidas”
Daniel Gabarró, experto en crecimiento personal: “El afecto es algo que permite que nosotros tengamos vínculo con personas que sentimos que están desvalidas”
Su mensaje es entender que muchas conductas dañinas no nacen del “mal”, sino de distintos grados de ignorancia emocional
El experto en crecimiento personal en el podcast (Zoom Out Podcast)
El modo en que entendemos el amor y el afecto condiciona nuestras relaciones personales, familiares e incluso la manera en la que nos tratamos a nosotros mismos. En una conversación reciente sobre crecimiento personal, el pedagogo y divulgador Daniel Gabarró puso palabras a una confusión muy extendida: la tendencia a mezclar afecto, apego y amor como si fueran lo mismo, cuando en realidad no lo son. Su reflexión parte de una idea clara: amar no es sentir, es actuar.
Gabarró distingue de forma muy concreta ambos conceptos. Según explica, “el afecto es algo que permite que nosotros tengamos vínculo con personas que sentimos que están desvalidas o para que podamos apoyarlas”. Es una respuesta casi automática, biológica, que se activa ante la vulnerabilidad. La ternura que despierta un bebé, un cachorro o alguien frágil entra dentro de este registro.
Ese afecto, sin embargo, puede desaparecer cuando aparece la amenaza. El propio Gabarró lo ilustra con un ejemplo muy gráfico: “Cuando hay un perrito pequeño te despierta afecto, pero si de repente te amenaza, el afecto se corta”. Para él, esto demuestra que el afecto no es estable ni profundo por sí mismo.
El amor, en cambio, opera en otro plano. “El amor es buscar el máximo bien”, afirma, incluso cuando no hay simpatía, cercanía emocional o compatibilidad. Y añade una de sus ideas más repetidas: “El amor no es un sentimiento, el amor es una acción”.
Una de las aportaciones más interesantes de su discurso es la ruptura con la visión idealizada del amor como algo siempre dulce o complaciente. Gabarró insiste en que querer el bien del otro no implica estar de acuerdo con todo ni eliminar los límites. “Querer tu máximo bien no quiere decir que tengamos que vivir juntos, ni que tenga que aplaudir todo lo que hagas”, explica.
Desde esta perspectiva, poner límites firmes también puede ser un acto de amor. Incluso las decisiones difíciles entran dentro de esa lógica de cuidado mutuo: “Quiero tu máximo bien y mi máximo bien”, resume.
Buena parte de su reflexión se centra en la familia y en cómo muchas heridas emocionales nacen de una expectativa irreal: pensar que los padres siempre saben amar bien. Gabarró recuerda que la inmadurez emocional existe y que no siempre es consciente. “Hay padres que toman decisiones desde el miedo”, señala, y eso puede limitar el desarrollo de los hijos sin mala intención.
El problema, explica, es que el niño no tiene herramientas para interpretar esa falta de madurez y suele convertirla en una culpa propia. De adultos, el trabajo pasa por revisar esas creencias: “Puedo dejar de exigirles madurez en esa área”, propone, como un gesto de liberación personal.
Eentender el amor y la empatía como una cuestión colectiva. “Algún día hacer crecer la conciencia y el amor de la gente será un tema político”, afirma, comparándolo con el acceso universal a la educación. Para él, una sociedad con más comprensión emocional no solo sería más justa, sino también más creativa, empática y funcional.
El modo en que entendemos el amor y el afecto condiciona nuestras relaciones personales, familiares e incluso la manera en la que nos tratamos a nosotros mismos. En una conversación reciente sobre crecimiento personal, el pedagogo y divulgador Daniel Gabarró puso palabras a una confusión muy extendida: la tendencia a mezclar afecto, apego y amor como si fueran lo mismo, cuando en realidad no lo son. Su reflexión parte de una idea clara: amar no es sentir, es actuar.