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José Astorga, experto en lenguaje no verbal: "El lenguaje corporal, la comunicación no verbal y ciertos gestos inconscientes revelan el final de una interacción antes de que se diga una sola palabra"
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José Astorga, experto en lenguaje no verbal: "El lenguaje corporal, la comunicación no verbal y ciertos gestos inconscientes revelan el final de una interacción antes de que se diga una sola palabra"

A veces no hace falta que alguien diga “me tengo que ir” para que la charla se haya terminado. Basta con que el cuerpo empiece a cerrarse sin darte cuenta

Foto: El experto habla sobre el lenguaje no verbal (@joseastorgaoficial)
El experto habla sobre el lenguaje no verbal (@joseastorgaoficial)

No todas las conversaciones terminan cuando alguien se levanta o se despide. Muchas se apagan antes, de forma casi imperceptible, mientras las palabras siguen circulando por inercia. El cuerpo, sin embargo, suele ir por delante. Cambia la postura, se tensan pequeños músculos del rostro y aparecen gestos que delatan que la interacción ha dejado de tener recorrido.

Sobre este punto pone el foco José Astorga, especialista en lenguaje no verbal, que lleva tiempo analizando cómo ciertos movimientos inconscientes funcionan como señales de cierre.

En uno de sus análisis más recientes explica que “el lenguaje corporal y la comunicación no verbal revelan el final de una interacción antes de que se diga una sola palabra”, una idea que conecta directamente con la forma en la que evitamos el conflicto en la vida cotidiana.

Astorga señala que, cuando una persona ya no quiere seguir en una conversación pero tampoco desea expresarlo de manera explícita, el cuerpo asume ese papel. No es una cuestión de mala educación ni de desinterés brusco, sino de autorregulación social.

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Entre las señales más claras, el experto destaca dos microcomportamientos que suelen pasar desapercibidos. Uno de ellos es la contracción de los labios, un movimiento breve que refleja contención y freno emocional. El otro es el repliegue del mentón, asociado a actitudes de rechazo, protección o retirada. “Si detectas una de estas señales, insistir no suele ser buena idea”, advierte.

Desde la investigación en psicología del comportamiento, estos gestos se interpretan como mecanismos de retirada social. Estudios sobre expresión facial y comunicación no consciente muestran que el cuerpo busca marcar límites sin necesidad de verbalizarlos, especialmente en contextos donde decir “no” de forma directa resulta incómodo.

Estas señales rara vez aparecen solas. Suelen ir acompañadas de otros indicadores como desviar la mirada, reducir las respuestas al mínimo, inclinar el torso hacia atrás o adoptar posturas cerradas. Cuando se acumulan, el mensaje es coherente: la conversación ha perdido sentido para una de las partes.

Astorga insiste en que aprender a reconocer estos códigos no debería entenderse como una herramienta de análisis frío, sino como una forma de mejorar la calidad de las relaciones. Detectar cuándo el otro necesita cerrar una interacción evita situaciones forzadas y reduce la tensión innecesaria.

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Leer lo que no se dice exige atención, pero también respeto. En muchas ocasiones, saber retirarse a tiempo es tan importante como saber expresarse bien. El cuerpo ya ha hablado; solo queda escucharlo.

No todas las conversaciones terminan cuando alguien se levanta o se despide. Muchas se apagan antes, de forma casi imperceptible, mientras las palabras siguen circulando por inercia. El cuerpo, sin embargo, suele ir por delante. Cambia la postura, se tensan pequeños músculos del rostro y aparecen gestos que delatan que la interacción ha dejado de tener recorrido.

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