Con la llegada de la primavera, las fresas vuelven a ocupar un lugar protagonista en fruterías y mercados. Dulces, jugosas y llenas de vitamina C, se convierten en uno de los pequeños placeres de la temporada, pero también en una de las frutas más delicadas. Basta con dejarlas un par de días olvidadas en la nevera para que aparezca el moho o pierdan textura. La buena noticia es que, con unos cuantos gestos sencillos, es posible alargar su frescura durante varios días e incluso una semana más.
El primer error habitual ocurre nada más llegar a casa: lavarlas todas y guardarlas húmedas. Aunque parezca práctico, hacerlo acelera su deterioro. Las fresas son muy sensibles a la humedad y cualquier resto de agua favorece la aparición de hongos. Lo más recomendable es conservarlas sin lavar y retirar únicamente las que estén dañadas o demasiado maduras, ya que una sola pieza en mal estado puede estropear al resto rápidamente.
Las fresas deben limpiarse para no encontrarse ninguna sorpresa. (Pexels/ Ariana Gavra)
Uno de los trucos más eficaces para prolongar su vida útil es darles un baño rápido en una mezcla de agua y vinagre blanco (en proporción aproximada de tres partes de agua por una de vinagre). Este paso ayuda a eliminar bacterias y esporas de moho invisibles. Tras uno o dos minutos, conviene aclararlas suavemente, secarlas muy bien con papel de cocina y asegurarse de que no queda humedad antes de guardarlas. El sabor no se ve afectado y la diferencia en conservación es notable.
Para quienes compran fresas en grandes cantidades o quieren aprovecharlas al máximo, existe también la opción de congelarlas. Basta con lavarlas, secarlas bien, retirar el rabito y colocarlas extendidas en una bandeja antes de pasarlas a una bolsa hermética. Así se conservan durante meses y son perfectas para batidos, postres o compotas, aunque pierdan algo de firmeza al descongelarse.
Con la llegada de la primavera, las fresas vuelven a ocupar un lugar protagonista en fruterías y mercados. Dulces, jugosas y llenas de vitamina C, se convierten en uno de los pequeños placeres de la temporada, pero también en una de las frutas más delicadas. Basta con dejarlas un par de días olvidadas en la nevera para que aparezca el moho o pierdan textura. La buena noticia es que, con unos cuantos gestos sencillos, es posible alargar su frescura durante varios días e incluso una semana más.