Alba Cardalda, psicóloga: “Cuando detectamos que nuestra mente está imaginando escenarios que nos están generando malestar, una de las cosas que podemos hacer es volver al aquí y al ahora”
Alba Cardalda, psicóloga: “Cuando detectamos que nuestra mente está imaginando escenarios que nos están generando malestar, una de las cosas que podemos hacer es volver al aquí y al ahora”
Ese hábito, a veces útil, puede generar inquietud cuando se llena de escenarios negativos; saber detectarlo y volver al presente ayuda a reducir el malestar diario
Alba Cardalda, psicóloga, durante su intervención. (YouTube / Aprendemos Juntos BBVA 2030)
La mente tiene tendencia a adelantarse a los hechos. Imagina conversaciones que no han ocurrido, anticipa problemas futuros y recrea escenarios que generan ansiedad aunque no exista una amenaza real delante. Este mecanismo, útil desde el punto de vista evolutivo, puede convertirse hoy en una fuente constante de malestar. Para la psicóloga Alba Cardalda, aprender a detectar ese momento es clave para frenar la espiral.
Cardalda explica que nuestro cerebro no está programado para hacernos felices, sino para mantenernos con vida. Por eso presta más atención a lo que puede ir mal que a lo que funciona. “Nuestro cerebro está continuamente fijándose en posibles amenazas”, señala, y añade que gran parte de las emociones básicas que tenemos son desagradables. Miedo, tristeza, ira o asco cumplen una función protectora, pero en el contexto actual ese sistema se activa incluso cuando el peligro solo existe en la imaginación.
El problema aparece cuando el cerebro no distingue entre lo real y lo imaginado. Pensar repetidamente en un despido, una enfermedad o un conflicto activa respuestas físicas similares a las que tendríamos si estuviera ocurriendo de verdad: aumento del pulso, tensión corporal o sensación de ansiedad. Según la psicóloga, este estado reduce la concentración, la memoria y la capacidad para encontrar soluciones.
Ante este tipo de pensamientos, Cardalda propone una herramienta sencilla: regresar al momento presente a través del cuerpo y los sentidos. “Nuestros sentidos son lo que nos conecta con el aquí y el ahora”, explica. Activarlos ayuda a que la mente deje de divagar entre pasado y futuro.
Una de las técnicas que sugiere consiste en centrar la atención de forma consciente: buscar cinco cosas que puedas ver, cuatro sonidos que puedas escuchar, tres cosas que puedas tocar, dos que puedas oler y una que puedas saborear. Este ejercicio, habitual en prácticas de atención plena, ayuda a cortar la rumiación mental y a reducir la activación física asociada al estrés.
Otro punto clave en su reflexión es el papel del diálogo interno. Cardalda recuerda que la mente habla constantemente consigo misma y que ese monólogo puede ser muy variado: desde reflexiones profundas hasta pensamientos triviales o autocríticos. Cuando ese diálogo se vuelve repetitivo y negativo, es cuando aparece el sufrimiento.
La psicóloga subraya que no se trata de apagar esa voz, sino de aprender a redirigirla y hacerla más amable. Técnicas como el mindfulness o la meditación ayudan a reducir la parte más crítica y exigente del diálogo interno, la que suele alimentar la ansiedad.
Nuestro cerebro tiende a fijarse en los posibles peligros
Cardalda insiste en que esta forma de relacionarnos con la mente se construye desde pequeños. Los niños aprenden a hablarse observando cómo lo hacen los adultos. Por eso, no solo importa qué mensajes positivos se les dan, sino cómo padres y madres se hablan a sí mismos delante de ellos. “Lo que no te gustaría que tu hijo se dijera a sí mismo, no te lo digas tú”, resume.
Identificar cuándo la mente se adelanta a los hechos y saber volver al presente no elimina los problemas, pero sí reduce el desgaste emocional. Una habilidad sencilla, entrenable y cada vez más necesaria en un contexto donde pensar de más se ha convertido casi en la norma.
La mente tiene tendencia a adelantarse a los hechos. Imagina conversaciones que no han ocurrido, anticipa problemas futuros y recrea escenarios que generan ansiedad aunque no exista una amenaza real delante. Este mecanismo, útil desde el punto de vista evolutivo, puede convertirse hoy en una fuente constante de malestar. Para la psicóloga Alba Cardalda, aprender a detectar ese momento es clave para frenar la espiral.