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Séneca, filósofo: “Si anhelas lo que está por venir pierdes la habilidad de disfrutar”
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Séneca, filósofo: “Si anhelas lo que está por venir pierdes la habilidad de disfrutar”

El estoicismo propone una afirmación distinta: no todo depende de nosotros, y aceptar ese límite libera

Foto: Séneca, filósofo estoico y cordobés.
Séneca, filósofo estoico y cordobés.

Vivimos en una época marcada por el cansancio. No solo el físico, sino un agotamiento más profundo, casi existencial, que nace de la sensación constante de que nunca es suficiente. Alcanzamos una meta y, antes de celebrarla, ya estamos pensando en la siguiente. Logramos cierta estabilidad y, de inmediato, surge el miedo a perderla. En medio de esta carrera interminable, resuenan con fuerza las palabras de Séneca: “Si anhelas lo que está por venir, pierdes la habilidad de disfrutar”.

La reflexión del filósofo romano, escrita en sus Epístolas morales a Lucilio, parece dirigida al siglo XXI. En ellas advertía que “es ruinosa para el alma la ansiedad por el futuro”, una ansiedad que convierte a la persona en miserable antes incluso de que ocurra nada. Para Séneca, el problema no era el deseo en sí, sino la obsesión por asegurar el mañana y el temor constante a perder lo alcanzado. Esa inquietud, sostenía, nos arrebata la serenidad y nos impide habitar el presente.

placeholder Lucio Anneo Séneca, en su estatua de Córdoba. (Turismo de Córdoba)
Lucio Anneo Séneca, en su estatua de Córdoba. (Turismo de Córdoba)

Más de dos mil años después, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han describe un diagnóstico sorprendentemente similar en su ensayo La sociedad del cansancio. Según su análisis, ya no vivimos bajo la presión del “no puedes”, sino bajo el mandato del “sí puedes”. Somos nosotros mismos quienes nos autoexplotamos en nombre del crecimiento personal y el rendimiento. El explotador y el explotado, afirma, se funden en la misma persona. El resultado es una sociedad agotada, atrapada en la lógica de producir siempre más.

Este modelo tiene un combustible claro: la expectativa constante. “Cuando consiga esto, cuando llegue allí, entonces descansaré”, nos repetimos. Pero ese “entonces” nunca llega. Cada logro se convierte en un nuevo punto de partida. Descansar parece una señal de debilidad, parar se vive como un fracaso. Así, la mente permanece proyectada hacia el futuro, incapaz de disfrutar lo que ya posee.

placeholder La estatua de Séneca en Córdoba, su ciudad natal. (Turismo de Córdoba)
La estatua de Séneca en Córdoba, su ciudad natal. (Turismo de Córdoba)

La psicología contemporánea ha puesto nombre a este fenómeno: adaptación hedónica. La investigadora Sonja Lyubomirsky explica que, tras alcanzar una mejora —una casa mejor, un ascenso, un logro personal—, tendemos a acostumbrarnos rápidamente a esa nueva normalidad. Lo que antes nos hacía felices deja de bastar y necesitamos más para experimentar el mismo nivel de satisfacción. La rueda no se detiene.

Séneca, sin embargo, ofrecía una salida. En De la brevedad de la vida recordaba que no es que la vida sea corta, sino que desperdiciamos gran parte de ella preocupándonos por lo que aún no existe. La serenidad no depende de controlar el futuro ni de garantizar la permanencia de lo logrado, sino de la actitud con la que enfrentamos las circunstancias. La calma, en términos estoicos, es una conquista interior.

Vivimos en una época marcada por el cansancio. No solo el físico, sino un agotamiento más profundo, casi existencial, que nace de la sensación constante de que nunca es suficiente. Alcanzamos una meta y, antes de celebrarla, ya estamos pensando en la siguiente. Logramos cierta estabilidad y, de inmediato, surge el miedo a perderla. En medio de esta carrera interminable, resuenan con fuerza las palabras de Séneca: “Si anhelas lo que está por venir, pierdes la habilidad de disfrutar”.

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