Alba Cardalda, psicóloga: "Una relación sin límites es como una carretera sin señales. No sabes que está permitido y que no"
La psicóloga recuerda que hablar de límites es una parte esencial del vínculo y advierte de que, cuando no se expresan, es fácil que surjan malentendidos y desgaste emocional
La psicóloga habla sobre como los límites en una relación son necesarios (@albacardalda.psicologia)
Una relación funciona mejor cuando hay claridad. La psicóloga Alba Cardaldalo explica con una comparación muy directa: “Una relación sin límites es como una carretera sin señales. No sabes qué está permitido y qué no”. Su idea es que los límites no enfrían el vínculo: lo ordenan, evitan malentendidos y reducen daños que suelen aparecer “sin querer”.
Cardalda plantea que, si no se hablan ciertas cosas, la otra persona puede no saber qué te incomoda, qué te hiere o dónde está tu línea. Y tú tampoco tienes por qué adivinar la suya. Poner límites sería, más bien, compartir información útil: qué necesitas, qué no te encaja y cómo te gustaría que se gestionen determinadas situaciones.
Hablar de límites puede resultar incómodo, sobre todo si no estás acostumbrado. Aun así, la psicóloga insiste en que son conversaciones necesarias para que la relación no se llene de pequeñas fricciones. No hace falta hacerlo con grandes discursos: basta con poner ejemplos concretos y hablar desde lo que sientes.
Según Cardalda, cuando no se expresan estos límites es fácil que aparezcan roces, se acumulen resentimientos y, con el tiempo, haya distancia. No porque falte cariño, sino porque se repiten situaciones que molestan y nadie las nombra ni las ajusta.
La clave está en el tono: explicar cómo te has sentido y qué te ayudaría, en lugar de señalar o reprochar. Así, el límite no suena a amenaza, sino a una forma sencilla de cuidarse y cuidar el vínculo.
Una relación funciona mejor cuando hay claridad. La psicóloga Alba Cardaldalo explica con una comparación muy directa: “Una relación sin límites es como una carretera sin señales. No sabes qué está permitido y qué no”. Su idea es que los límites no enfrían el vínculo: lo ordenan, evitan malentendidos y reducen daños que suelen aparecer “sin querer”.