Victor Küppers, conferenciante: "Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz"
El psicólogo identifica tres rasgos de personalidad que comparten quienes viven desde la complacencia y que, lejos de protegerlos, acaban generando malestar, culpa y desgaste emocional
Victor Küppers en el podcast 'La fórmula del éxito' (Youtube)
La felicidad no siempre tiene que ver con grandes cambios ni con logros visibles. A veces se juega en los detalles más cotidianos, en cómo tratamos a quienes nos rodean y en la huella emocional que dejamos en los demás. Esa es la idea que recorre el mensaje de Víctor Küppers, conferenciante y divulgador de psicología positiva, cuando afirma que “nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz”.
Küppers lleva años defendiendo que la actitud es un factor decisivo en el bienestar personal. No como una obligación de estar siempre contentos, sino como una elección consciente sobre cómo reaccionamos ante lo que nos ocurre. “Ser alegre no es una consecuencia, es una decisión”, explica, insistiendo en que tendemos a responsabilizar al entorno, a la sociedad o a las circunstancias de nuestro estado de ánimo, cuando en realidad cada persona conserva un margen de libertad para decidir cómo afronta la vida.
La idea sobre la felicidad y el deseo de ser felices. (Pexels)
Desde esa mirada, la amabilidad ocupa un lugar central. Según el conferenciante, ser amable no solo mejora la convivencia, sino que genera una alegría auténtica, profunda y duradera. No se trata de euforia ni de entusiasmo constante, sino de esa sensación serena que los expertos relacionan con la oxitocina, la hormona relacionada al vínculo, al cuidado y a la conexión emocional. Küppers lo explica con ejemplos sencillos, como la calma que se siente al ver dormir a un hijo o la satisfacción de ayudar a alguien sin esperar nada a cambio.
Esa forma de entender la felicidad también pasa por simplificar la vida. Cuanto más compleja y acelerada es, más difícil resulta sentirse bien. Vivimos deprisa, con estímulos constantes y una presión continua por producir, consumir y llegar a todo. Frente a eso, Küppers propone parar, reducir el ruido y recuperar espacios de reflexión. A veces, basta con caminar, escribir o dedicar unos minutos al día a pensar qué cosas nos aportan y cuáles nos restan.
En el ámbito familiar, el mensaje es claro. La educación emocional no se transmite con discursos, sino con el ejemplo y con tiempo compartido. Las conversaciones profundas, el escuchar de verdad y el estar presentes son, para él, pilares fundamentales del bienestar en casa. “La familia que comparte tiempo, conversa”, señala, alertando de que muchas dinámicas actuales dificultan ese encuentro cotidiano.
También en el trabajo defiende un enfoque más humano. Küppers habla de la necesidad de un capitalismo con valores, donde las personas importen más que los resultados a corto plazo. Para él, el liderazgo no consiste en controlar, sino en inspirar, ayudar y generar confianza. Las organizaciones que cuidan a sus equipos, sostiene, acaban funcionando mejor porque el bienestar se traduce en compromiso y responsabilidad.
Todo ese planteamiento se condensa en la frase que él mismo define como su propósito vital, atribuida a la Madre Teresa de Calcuta. “Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz”. Una idea sencilla, directa y exigente a la vez, que invita a mirar el bienestar no solo como algo individual, sino como una responsabilidad compartida.
La felicidad no siempre tiene que ver con grandes cambios ni con logros visibles. A veces se juega en los detalles más cotidianos, en cómo tratamos a quienes nos rodean y en la huella emocional que dejamos en los demás. Esa es la idea que recorre el mensaje de Víctor Küppers, conferenciante y divulgador de psicología positiva, cuando afirma que “nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz”.