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Albert Camus, filósofo: "La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan no hay esperanza"
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Albert Camus, filósofo: "La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan no hay esperanza"

La lucidez y la responsabilidad individual son el primer dique frente al avance conjunto de la intolerancia, la estupidez y el fanatismo

Foto: El escritor y filósofo Albert Camus.
El escritor y filósofo Albert Camus.

“La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan no hay esperanza”. La frase, atribuida con frecuencia a Albert Camus aunque en realidad pertenece a la novelista británica P. D. James, resume con precisión una de las grandes preocupaciones del pensamiento camusiano: el peligro de las certezas absolutas cuando se convierten en dogma y excluyen al otro.

No hace falta ser politólogo para percibir que el mundo occidental atraviesa un momento de inestabilidad. La guerra ha regresado a Europa, los equilibrios internacionales se tambalean y el auge de liderazgos populistas ha alterado consensos que parecían consolidados. En ese contexto, los partidos tradicionales observan cómo nuevas fuerzas políticas, más emocionales y menos burocráticas, capitalizan el descontento. El clima recuerda, salvando las distancias históricas, a otros periodos donde el resentimiento y la propaganda abonaron el terreno para el extremismo.

placeholder Albert Camus (Wikipedia)
Albert Camus (Wikipedia)

El cóctel al que alude la célebre cita —odio al diferente, empobrecimiento del pensamiento crítico y fanatismo ideológico— no es nuevo. El siglo XX dejó ejemplos devastadores de cómo la intolerancia hacia el “otro”, sumada a campañas de propaganda eficaces, puede desembocar en tragedia colectiva. Aunque la autoría exacta de la frase no sea de Camus, encaja con su diagnóstico moral sobre los riesgos de una sociedad que renuncia a la lucidez.

Camus, Premio Nobel de Literatura en 1957, se mostró siempre alerta ante las ideologías que justifican cualquier medio en nombre de una causa superior. “Nos asfixiamos entre las personas que creen que tienen toda la razón”, escribió en una reflexión que mantiene vigencia. Para el autor de La peste y El hombre rebelde, el verdadero peligro no es solo la injusticia, sino su legitimación moral: cuando el adversario deja de ser un ciudadano con otra opinión y pasa a convertirse en un enemigo o en un obstáculo que hay que eliminar.

placeholder Albert Camus en 1954. (Alamy/Farabola)
Albert Camus en 1954. (Alamy/Farabola)

En ese escenario, el fanatismo se alimenta de la deshumanización. Los votantes de otras opciones políticas se transforman en amenazas, los extranjeros en invasores silenciosos, y el debate público se degrada hasta convertirse en un intercambio de consignas. La intolerancia aislada puede discutirse; la estupidez, corregirse; el fanatismo, contenerse. Pero cuando confluyen y se refuerzan mutuamente, el espacio para el diálogo se reduce drásticamente.

Frente a esta tormenta perfecta, Camus defendía una respuesta basada en la educación. Creía en una formación que enseñara límites, mesura y responsabilidad, capaz de cultivar el pensamiento crítico y la conciencia moral. Una apuesta que puede parecer ingenua en tiempos de polarización acelerada, pero que para él constituía la única alternativa ética viable.

“La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan no hay esperanza”. La frase, atribuida con frecuencia a Albert Camus aunque en realidad pertenece a la novelista británica P. D. James, resume con precisión una de las grandes preocupaciones del pensamiento camusiano: el peligro de las certezas absolutas cuando se convierten en dogma y excluyen al otro.

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