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Nazareth Castellanos, neurocientífica: "El hecho de intentar modificar tu respiración cuando tienes ansiedad te puede poner más nerviosa"
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Nazareth Castellanos, neurocientífica: "El hecho de intentar modificar tu respiración cuando tienes ansiedad te puede poner más nerviosa"

La neurocientífica advierte de que forzar ese cambio en pleno episodio puede generar aún más tensión y propone un enfoque distinto, más amable y menos exigente con el propio cuerpo

Foto: Nazareth Castellanos (Youtube)
Nazareth Castellanos (Youtube)

Controlar la respiración suele aparecer como uno de los primeros consejos cuando una persona siente ansiedad. Respirar hondo, bajar el ritmo, intentar calmarse. Sin embargo, la neurocientífica Nazareth Castellanos advierte de que ese intento de intervenir de forma inmediata sobre la respiración no siempre ayuda y, en algunos casos, puede incluso empeorar la sensación de agobio.

Su planteamiento parte de una situación muy habitual: notar que la ansiedad sube y pensar automáticamente que hay que hacer algo con la respiración para frenarla. El problema, explica, es que ese esfuerzo por cambiarla puede añadir más presión en un momento en el que el cuerpo ya está desbordado.

La razón tiene bastante sentido cuando se observa de cerca lo que ocurre. En mitad de un episodio de ansiedad, la persona no solo está incómoda por lo que siente, sino que además puede empezar a exigirse que se calme rápido. Y ahí aparece una segunda capa de malestar: no solo cuesta respirar de otra manera, sino que frustrarse por no conseguirlo intensifica todavía más la tensión.

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Castellanos apunta justamente a ese punto. Intentar ralentizar la respiración cuando el sistema está activado no es tan sencillo como parece. Si una persona se da cuenta de lo acelerada que está, trata de bajar el ritmo y ve que no puede, lo que aparece muchas veces es más angustia. No por la respiración en sí, sino por la sensación de fracaso o de pérdida de control.

También introduce otra idea interesante: muchas veces vivimos bastante desconectados de lo que nos pasa hasta que algo nos desborda. Y cuando de pronto se pone toda la atención sobre lo que está ocurriendo por dentro, esa presencia puede ser abrumadora. Es decir, observarse más no siempre resulta calmante si se hace en un momento especialmente difícil y desde la exigencia.

Ahí es donde su reflexión cambia de dirección. Más que obligarse a respirar de una forma concreta, la neurocientífica propone introducir amabilidad en ese proceso. No convertir la respiración en una prueba que hay que superar, ni en una tarea más que hacer bien en pleno pico de ansiedad. La clave no estaría tanto en forzar un ritmo ideal como en acompañar el momento con menos dureza.

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La idea resulta especialmente útil porque cuestiona una creencia bastante extendida: que si una técnica no funciona al instante, la persona no la está haciendo bien. Castellanos recuerda, en cambio, que el cuerpo no siempre responde bajo orden directa y que, en estados de ansiedad, la autoexigencia puede volverse parte del problema.

Su mensaje no desacredita el trabajo con la respiración, pero sí pone un matiz importante: no siempre ayuda intentar controlarla de golpe cuando el malestar ya está muy alto. A veces, lo que más calma no es forzar el cuerpo a ir más despacio, sino dejar de pelearse con él mientras atraviesa ese momento.

placeholder La respiración consciente es la herramienta más directa para estimular el nervio vago. (Freepik)
La respiración consciente es la herramienta más directa para estimular el nervio vago. (Freepik)

Desde el punto de vista del bienestar, la reflexión es valiosa porque desplaza el foco desde el control hacia el trato interno. No se trata solo de qué hacer con la respiración, sino de cómo te relacionas contigo cuando te sientes mal. Y ahí, como sugiere Castellanos, la amabilidad puede ser más reguladora que la prisa por calmarse.

Controlar la respiración suele aparecer como uno de los primeros consejos cuando una persona siente ansiedad. Respirar hondo, bajar el ritmo, intentar calmarse. Sin embargo, la neurocientífica Nazareth Castellanos advierte de que ese intento de intervenir de forma inmediata sobre la respiración no siempre ayuda y, en algunos casos, puede incluso empeorar la sensación de agobio.

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