El conde de París, condenado por la Justicia a aceptar las cenizas de la 'condesa Roja' en el mausoleo familiar de Dreux
Tras siete años de litigio, la justicia francesa obliga al jefe de la Casa de Orleans a enterrar a su pariente en la necrópolis real de Dreux. Un duro revés para el Conde de París, que se opuso al deseo póstumo de la aristócrata
El 9 de octubre de 2019 fallecía en París la filántropa Henryane de Chaponay, conocida en los medios franceses como la “condesa Roja”. Una hija de la princesa Geneviève de Orleans, prima del rey Balduino de Bélgica (a quien estaba muy unida) y descendiente de una hermana de la famosa emperatriz Sissi de Austria. Soltera y sin hijos, Henryane, que era una gran intelectual con una clara mirada antropológica, se había ganado fama y reputación por sus actitudes consideradas izquierdistas porque, a lo largo de su vida, se había entregado a las causas solidarias a la lucha contra el colonialismo y a las defensa de los Derechos Humanos, con particular celo en el norte de África y en Iberoamérica.
Una anciana dama nada pretenciosa, de trato agradable y de gustos sencillos, que vivía en la mayor sobriedad en su piso de la isla de San Luis pero a quien no le temblaba la mano para firmar un cheque de 50.000 euros en apoyo de las necesidades de los indios del Amazonas.
Doctora Honoris Causa por la Universidad brasileña de Bahía, desde los años 50 se implicó en el renacimiento cultural de Marruecos. El Consejo Ecuménico de las Iglesias le encomendó importantes labores en el cono sur americano; en 2018 el papa Francisco la recibió como fundadora del Centro de Estudios para el Desarrollo en América Latina y, hasta el final de sus días, presidió numerosas fundaciones y asociaciones de carácter solidario y asistencial, manteniendo un compromiso ineludible con instituciones como la CCFD-Terre Solidaire, un comité católico contra el hambre y por el desarrollo.
A su fallecimiento, dejó el grueso de su fortuna a su propia fundación y legó a los Archivos Nacionales de Francia una importante masa documental procedente de la Casa de Orleans en tanto que descendiente de Luis Felipe I, el último rey de Francia.
Muy unida a su por entonces exigua familia, Henryane dejó recogido en su testamento su deseo de que sus cenizas fuesen enterradas, junto a las de su madre, en la capilla Real de San Luis, en Dreux, la imponente necrópolis de la casa de Orleans en el departamento de Eure-et-Loir en la que yacen muchos de sus antepasados. Una voluntad que, para sorpresa general, se topó con la oposición frontal de Jean de Orleans, conde de París, jefe de la Casa de Orleans, presidente de honor de la Fundación San Luis, propietaria de Dreux, y pretendiente a la corona de Francia.
Un veto absurdo y basado en que la difunta, aunque de sangre real, no portaba el título de princesa de la casa de Francia, que generó un fuerte malestar tanto en el príncipe Gregory de Borbón-Dos Sicilias, su pariente más cercano, como en el experto en arte Xavier Dufestel, quienes, en calidad de ejecutores testamentarios de la difunta, decidieron llevar a Jean de Orleans a los tribunales. Un largo proceso de siete años, en varias instancias de la magistratura francesa, que comenzó en 2023 en el tribunal de París que dio la razón al jefe de la casa real francesa, argumentando el preámbulo de una ordenanza de 1843 del rey Luis Felipe.
Los ejecutores testamentarios perdieron también la apelación un año después, pero decidieron dar la batalla hasta el final y llevaron el proceso a la corte de Casación, la instancia más alta en la magistratura francesa, que finalmente les ha dado la razón zanjando definitivamente la cuestión. Un mandato judicial del 15 de abril por el que el tribunal dijo haber revisado las sentencias previas, que consideró poco claras y precisas, y en el que sentenciaba que, revisada la citada ordenanza de 1843, la necrópolis de Dreux ha de estar abierta a la inhumación de todos los descendientes del rey Luis Felipe sin restricción alguna.
Por ese mismo mandato se condenaba también al conde de París a pagar la suma de 3.000 euros a sus oponentes, uno de los cuales, el príncipe Gregory de Borbón-Dos Sicilias, residente en Australia, viajará a comienzos de verano a Europa para revisitar Francia, Gran Bretaña y España donde cuenta con buenos amigos.
Una batalla legal compleja en la República Francesa, en la que los tribunales se encuentran frecuentemente con casos naturaleza regia y aristocrática en los que a los magistrados les es difícil manejarse con leyes y normativas de una monarquía inexistente desde 1848.
Pero también un mal paso por parte del conde de París quien, en tiempos recientes, ha recibido numerosas críticas por parte de miembros de su familia extendida, que considera que su política de restringir cada vez más la casa de Francia a su familia nuclear es contraria a las viejas leyes dinásticas.
Como ha afirmado con júbilo el abogado de los ejecutores testamentarios, se ha reparado un sentimiento de justicia en la persona de Henryane de Chaponay, cuya vida estuvo siempre guiada por una alta opinión de lo que era y es la aristocracia y por una gran nobleza de alma.
El 9 de octubre de 2019 fallecía en París la filántropa Henryane de Chaponay, conocida en los medios franceses como la “condesa Roja”. Una hija de la princesa Geneviève de Orleans, prima del rey Balduino de Bélgica (a quien estaba muy unida) y descendiente de una hermana de la famosa emperatriz Sissi de Austria. Soltera y sin hijos, Henryane, que era una gran intelectual con una clara mirada antropológica, se había ganado fama y reputación por sus actitudes consideradas izquierdistas porque, a lo largo de su vida, se había entregado a las causas solidarias a la lucha contra el colonialismo y a las defensa de los Derechos Humanos, con particular celo en el norte de África y en Iberoamérica.