El Día Nacional separa a la familia real noruega: la princesa Ingrid sola en Sídney mientras Haakon y Mette-Marit dan una imagen de unidad en Oslo
La joven celebró el 17 de mayo desde Australia, donde está estudiando, en un día marcado por el deterioro de salud de su madre y uno de los momentos más delicados para la Corona
La princesa Ingrid Alexandra, en su primer Día Nacional fuera de casa. (Gtres)
Cada año, el Día Nacional convierte a la familia real de Noruega en el gran símbolo de unión del país, con imágenes perfectamente medidas desde el balcón del Palacio Real y paseos entre niños vestidos con trajes tradicionales. Pero este 2026 ha dejado una fotografía distinta, la de una familia repartida entre continentes y atravesando uno de sus momentos más delicados en mucho tiempo.
La mañana ha empezado como manda el calendario que año tras año se repite, con los príncipes Haakon y Matte-Marit en Asker, ciudad en la que residen. Siempre asisten a un desfile infantil en la entrada de su finca de Skaugum, acompañados por sus dos hijos, pero, en esta ocasión, dos apuntes han llamado la atención. En primer lugar, solo ha acudido al evento matutino el príncipe Sverre Magnus. No ha habido rastro de su hermana, la princesa Ingrid Alexandra.
La futura heredera al trono no pudo regresar a casa este año. A sus 22 años, se encuentra terminando su primer curso en la Universidad de Sídney, donde estudia Ciencias Sociales. Su ausencia ha roto una tradición muy arraigada para los noruegos, acostumbrados a ver a la familia heredera al completo durante una de las celebraciones más importantes del calendario nacional. Más tarde se espera la imagen más importante del día: la de los reyes Harald y Sonia presidiendo el tradicional desfile popular en Oslo junto a los príncipes Haakon y Mette-Marit y su hijo pequeño en el balcón.
La princesa Ingrid Alexandra, con su traje nacional en Sídney. (Gtres)
Sin embargo, Ingrid Alexandra no quiso dejar pasar la fecha. La princesa participó en los actos organizados por la comunidad noruega en Sídney, en un encuentro impulsado por la Cámara de Comercio Noruego-Australiana, la Iglesia de los Marineros y ANSA, la asociación de estudiantes noruegos en el extranjero. Allí protagonizó, además, su primer compromiso oficial desde que se instaló en Australia.
Así, mientras en Noruega el resto de la familia aparecía unido frente a las cámaras, la joven celebraba el 17 de mayo a más de 15.000 kilómetros de casa, convertida ya en representante institucional incluso lejos de palacio. Vestida con bunad, el traje tradicional que las mujeres noruegas reservan para grandes ocasiones, la princesa lanzó también un mensaje cargado de nostalgia.
"Hoy siento una punzada de tristeza", reconoció al hablar de la distancia con su país y con su familia en una jornada especialmente emocional para los noruegos. La heredera quiso, aun así, mantener el tono festivo. "Es maravilloso tener un día en el que todos podemos vestirnos de gala, participar en procesiones y celebrar nuestra Constitución", afirmó antes de desear un feliz Día Nacional tanto a quienes estaban en Noruega como a los compatriotas repartidos por el mundo.
Haakon y Mette-Marit de Noruega junto al príncipe Sverre Magnus, en el Día Nacional. (EFE)
La separación familiar llega, además, en un contexto especialmente complicado para la Casa Real noruega. El deterioro del estado de salud de Mette-Marit ha marcado los últimos meses de la institución y ha cambiado inevitablemente el tono de muchas de sus apariciones públicas. Y este es el segundo apunte que ha llamado la atención. La princesa heredera reapareció este 17 de mayo, desoyendo incluso las recomendaciones médicas para acompañar a su familia en una fecha tan señalada.
Su presencia volvió a evidenciar el avance de la fibrosis pulmonar que padece desde hace años. El oxígeno portátil, que ya se ha convertido en parte habitual de sus apariciones, y varios episodios de tos durante el acto reflejaron ver la fragilidad física que atraviesa en una etapa especialmente dura, tanto en lo médico como en lo personal.
Todo ello sucede mientras la familia sigue lidiando con la situación judicial de Marius Borg, hijo mayor de Mette-Marit, cuya situación continúa generando presión mediática sobre la corona. El 15 de junio es el día marcado a fuego en el calendario, ya que será cuando se conozca la sentencia. También el escándalo que supuso conocer la amistad que compartía la princesa con Jeffrey Epstein. A este escenario se suma también la reciente hospitalización de la princesa Astrid de Noruega, hermana del rey Harald, tras sufrir una insuficiencia cardíaca por la que tuvo que ser operada de urgencia con un marcapasos temporal.
Aunque las imágenes oficiales intentaron transmitir normalidad, este Día Nacional ha dejado una sensación distinta en torno a la monarquía noruega. La distancia de Ingrid Alexandra desde Australia, la visible fragilidad de Mette-Marit y la acumulación de problemas alrededor de la familia han transformado una jornada históricamente asociada a la celebración en una instantánea mucho más vulnerable, aunque unida, de la Corona.
Cada año, el Día Nacional convierte a la familia real de Noruega en el gran símbolo de unión del país, con imágenes perfectamente medidas desde el balcón del Palacio Real y paseos entre niños vestidos con trajes tradicionales. Pero este 2026 ha dejado una fotografía distinta, la de una familia repartida entre continentes y atravesando uno de sus momentos más delicados en mucho tiempo.