La agenda cultural de la familia Grimaldi ha vuelto a reunir a tres de sus mujeres más observadas. La princesa Carolina de Mónaco ha presidido la inauguración de la exposición Victor Brauner, instalada en Villa Paloma, uno de los espacios del Nuevo Museo Nacional de Mónaco. Lo ha hecho acompañada por sus hijas Carlota Casiraghi y Alexandra de Hannover, en una aparición que ha dejado una interesante fotografía sobre cómo tres generaciones interpretan el estilo desde visiones muy diferentes.
La muestra está dedicada al artista rumano Victor Brauner, una de las figuras más singulares del surrealismo europeo, y propone un recorrido por su universo creativo a través de cerca de un centenar de obras. Durante la visita, las tres recorrieron las salas con atención, deteniéndose frente a algunas de las piezas más representativas de la exposición antes de asistir a la recepción organizada en los jardines de Villa Paloma.
Carolina en la exposición (Getty Images)
Más allá del arte, la cita volvió a convertirse en una pequeña pasarela improvisada. Si Carlota suele ser el gran referente de estilo de la familia, en esta ocasión fue Carolina quien terminó llevándose buena parte de las miradas gracias a un estilismo tan sencillo como impecablemente ejecutado.
A lo largo de los últimos años, tanto Carolina de Mónaco como su hija Carlota Casiraghi han construido una imagen de belleza basada en la discreción. Ninguna de las dos suele recurrir a labiales intensos o acabados muy brillantes. Al contrario, ambas han convertido los tonos naturales en una seña de identidad, aunque con matices que reflejan dos generaciones distintas.
Carolina de Mónaco apuesta casi siempre por labiales de la familia de los rosa amarronados o beige rosados, muy próximos al color natural de sus labios. En las imágenes se aprecia un acabado satinado, nunca completamente mate, que aporta luminosidad sin llamar excesivamente la atención. Se trata de un tono sofisticado que suaviza las facciones y armoniza especialmente bien con su cabello canoso y su piel clara de subtono neutro. No busca añadir volumen ni protagonismo, sino completar un maquillaje muy clásico en el que la piel y la mirada tienen más peso que el color de los labios.
Este tipo de labiales suele pertenecer a la categoría conocida como MLBB (My Lips But Better), es decir, colores que realzan el tono natural de la boca sin que parezca maquillada. Es una elección muy frecuente entre mujeres de piel madura porque evita endurecer las facciones y mantiene un aspecto elegante tanto de día como de noche.
Carolina junto a su hija Carlota. (Gtres)
Carlota Casiraghi, por su parte, mantiene esa filosofía de maquillaje discreto, pero introduce un punto más contemporáneo. En todas sus apariciones suele llevarun rosa nude ligeramente malva, con un acabado muy fino que deja entrever la textura natural del labio. Es un color algo más fresco que el de su madre y aporta luminosidad sin competir con el resto del maquillaje, que también es extremadamente contenido.
La diferencia entre ambas es sutil pero significativa. Mientras Carolina se inclina por tonos con un matiz cálido y ligeramente tierra, Carlota suele elegir colores más fríos y rosados, acordes con una estética minimalista muy asociada a la belleza francesa.
En conjunto, madre e hija demuestran una de las grandes tendencias actuales del maquillaje de lujo silencioso: sustituir los rojos intensos o los fucsias por nudes personalizados, elegidos según el tono natural de cada boca. El resultado es un maquillaje atemporal, refinado y muy fácil de llevar, donde los labios acompañan al rostro sin convertirse en el centro absoluto de atención.
La princesa Carolina y su hija Carlota Casiraghi en el acto de inauguración. (CordonPress)
Las tres demostraron además que el protocolo monegasco atraviesa una etapa mucho menos rígida que hace algunos años. Ya no resulta extraño ver a las Grimaldi con tonos de maquillaje clásicos, y propuestas mucho más relajadas, especialmente cuando se trata de actos culturales como este.
La agenda cultural de la familia Grimaldi ha vuelto a reunir a tres de sus mujeres más observadas. La princesa Carolina de Mónaco ha presidido la inauguración de la exposición Victor Brauner, instalada en Villa Paloma, uno de los espacios del Nuevo Museo Nacional de Mónaco. Lo ha hecho acompañada por sus hijas Carlota Casiraghi y Alexandra de Hannover, en una aparición que ha dejado una interesante fotografía sobre cómo tres generaciones interpretan el estilo desde visiones muy diferentes.