Carlota Casiraghi lleva años siendo una referencia de estilo, pero en los últimos meses su imagen ha dado un paso más allá. Ya no se trata únicamente de vestir bien o de elegir piezas impecables de Chanel, aunque esta semana pasada la hemos visto de Rouje.
Lo que realmente llama la atención es todo lo que ha decidido dejar de hacer. Cada vez aparece con menos maquillaje, con el pelo menos trabajado y con una imagen que transmite una idea muy concreta: la sofisticación ya no pasa por parecer perfecta.
Carlota Casiraghi (Gtres)
Su evolución refleja bastante bien uno de los cambios más interesantes que está viviendo la belleza de lujo. Después de años dominados por bases de maquillaje de cobertura total, peinados pulidos y acabados impecables, las mujeres que mejor representan mejor el lujo silencioso parecen haber llegado a otra conclusión. Ellas entienden que la verdadera belleza consiste en que nadie note el esfuerzo, como hemos podido ver en directo en Vanitatis esta semana con una amiga de la monegasca, Margherita Maccapani Missoni, que va en la misma línea.
Una tendencia entre los expertos
En las últimas apariciones públicas de la hija de Carolina de Mónacoapenas hay rastro de maquillaje evidente. Su piel conserva textura, las pequeñas sombras naturales del rostro no desaparecen bajo capas de producto y los labios mantienen un acabado prácticamente desnudo. No es una ausencia absoluta de cosméticos, sino una aplicación muy medida, pensada para mejorar el aspecto de la piel sin alterar su personalidad. Es una forma de maquillarse que cada vez defienden más maquilladores profesionales.
El objetivo ya no es construir otro rostro, sino conseguir que la piel parezca descansada, uniforme y saludable. Corrector solo donde hace falta, un toque de color muy discreto y acabados que dejan ver la piel real. Lo curioso es que esta filosofía no termina en el maquillaje. También se aprecia claramente en el cabello.
Durante mucho tiempo el ideal de pelo elegante estuvo asociado al alisado perfecto, al brillo espejo y a los mechones completamente disciplinados. Sin embargo, Casiraghi ha ido abandonando poco a poco esa estética. Ahora suele llevar una melena con movimiento, volumen irregular y una textura que parece completamente espontánea. Naturalmente, esa espontaneidad está bastante trabajada.
Los peluqueros llevan tiempo explicando que conseguir un pelo con aspecto natural requiere, paradójicamente, bastante técnica. La diferencia es que ahora el trabajo consiste precisamente en no eliminar todas las características propias del cabello. Las pequeñas ondas, el encrespamiento controlado o los cambios de dirección ya no se consideran defectos que haya que corregir.
Carlota este 12 de abril pasado (Gtres)
La peluquera María Roberts, de Studio 25, resumía esta tendencia explicando que "ya no buscamos un cabello perfecto, buscamos un cabello bonito". La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la forma de entender el peinado. Un cabello bonito conserva movimiento, responde al clima y mantiene cierta personalidad. Uno perfecto suele parecer inmóvil.
Ese cambio también tiene bastante sentido desde un punto de vista práctico. Las mujeres buscan rutinas más sencillas y peinados capaces de sobrevivir durante toda una jornada sin necesidad de retoques constantes. El acabado excesivamente pulido, además de requerir más tiempo, resulta mucho más difícil de mantener.
La imagen de Casiraghi conecta precisamente con esa nueva manera de entender el cuidado personal. Su pelo transmite la sensación de no haber sido secado con atención, ni trabajado ligeramente con las manos y algunos productos de textura, pero nunca sometido a un proceso destinado a eliminar cualquier imperfección.
No make up-make up
Lo mismo sucede con su maquillaje. La piel conserva vida. No parece cubierta por una máscara uniforme, sino simplemente bien cuidada. En realidad, detrás de esta estética existe una inversión importante en cuidado de la piel y salud capilar. Cuanto menos maquillaje se utiliza, más protagonismo adquiere la calidad de la piel. Y cuanto menos se manipula el cabello, más evidente resulta su estado real. Por eso los dermatólogos y facialistas llevan tiempo insistiendo en que las rutinas de tratamiento están desplazando poco a poco a las de camuflaje.
Es una tendencia que también se percibe sobre las pasarelas. Cada vez son más las firmas que presentan modelos con pieles reales, pecas visibles, labios poco maquillados y cabellos con textura natural. El mensaje empieza a ser bastante claro: el acabado excesivamente producido ya no representa necesariamente el ideal de belleza contemporáneo.
Carlota Casiraghi (Gtres)
Cómo lograrlo
Roberto Siguero, National Make Up Artist de Lancôme, nos cuenta las claves de un maquillaje como el suyo: "El secreto de este look fresco reside en una preparación profunda para lograr una piel jugosa y radiante. Prepara el rostro con el suero Génifique a modo de prebase. A continuación, aplica una base muy fluida y luminosa que sea exactamente del mismo tono de la tez." El siguiente paso que suele utilizar el experto es: "utilizar corrector para neutralizar rojeces en la zona de la oreja e iluminar sutilmente el surco nasogeniano y la parte alta del pómulo".
Luego tienes que delinea la línea de agua superior con lápiz negro para dar densidad a las pestañas. "Aplica una sombra mate color topo en el párpado móvil y máscara de pestañas solo en la parte superior. Rellena sutilmente los huecos despoblados y péinalas para un acabado muy natural", explica Siguero. "Luego aplica un colorete rosa y difumínalo desde el pómulo hacia la sien para lograr un favorecedor efecto lifting. Y delinea la boca con un lápiz rosa antiguo, difumina el trazo hacia el interior y finaliza con un gloss en tono rosa empolvado para aportar volumen y brillo".
En el caso de Carlota Casiraghi, además, esta imagen resulta especialmente coherente con la personalidad que ha construido durante años. Su interés por la literatura, la filosofía o los encuentros culturales siempre ha proyectado una elegancia discreta, muy alejada de la ostentación. Su forma de entender la belleza parece seguir exactamente ese mismo camino.
Quizá por eso su imagen funciona tan bien. No transmite la sensación de perseguir tendencias, sino de haber simplificado su rutina hasta quedarse únicamente con aquello que realmente aporta algo. En un momento en el que la industria habla constantemente de autenticidad, pocas mujeres representan esa idea de una forma tan convincente. Carlota Casiraghi demuestra que la belleza más aspiracional de 2026 no consiste en parecer impecable. Consiste en parecer cómoda dentro de la propia piel y dejar que el pelo haga, de vez en cuando, exactamente lo que le da la gana.
Carlota Casiraghi lleva años siendo una referencia de estilo, pero en los últimos meses su imagen ha dado un paso más allá. Ya no se trata únicamente de vestir bien o de elegir piezas impecables de Chanel, aunque esta semana pasada la hemos visto de Rouje.