Carlota Casiraghi y el regreso del pelo despeinado: la textura natural vuelve a ganar al alisado perfecto
No hablamos de descuido ni de falta de arreglo. Se trata más bien de aceptar que una melena con movimiento real puede resultar más favorecedora que otra completamente inmóvil
La última aparición de Carlota Casiraghi durante el Longines Paris Eiffel Jumping es una buena prueba de que los tiempos capilares están cambiando. La aristócrata acudió al evento con un vestido negro estampado con flores rosas, (que no era de Chanel, de otra firma francesa: Rouje) y una melena que parecía haber decidido vivir su propia vida. Su cabello mostraba movimiento, cierta irregularidad, ondas suaves y algunos mechones desordenados que escapaban de cualquier intento de perfección.
Lo interesante es que resulta imposible saber si ese acabado estaba completamente buscado o si las altas temperaturas y la humedad parisina del fin de semana hicieron parte del trabajo. Pero precisamente ahí está la gracia. Porque, fuera accidental o no, el resultado funcionaba.
La melena encajaba perfectamente con el vestido. Un diseño romántico, relajado y ligeramente desenfadado que probablemente habría perdido parte de su encanto acompañado de un peinado excesivamente estructurado. El conjunto transmitía una sensación cada vez más valorada en moda y belleza: parecer natural sin renunciar a verse arreglada.
No es casualidad que este tipo de cabello vuelva a ocupar espacio en las tendencias. La estética hiperpulida empieza a convivir con otra mucho más flexible, donde la textura real del pelo deja de verse como un problema que hay que corregir.
El nuevo brushing no busca perfección
Una de las tendencias que mejor refleja este cambio es el llamado Midi Blowout. Aunque la palabra "brushing" pueda hacernos pensar en aquellos secados de peluquería que permanecían intactos durante días, la versión actual va por otro camino.
Juandiegoteo, peluquero y experto en tendencias capilares, lo resume así: "El brushing vuelve, pero mucho más relajado. Volumen suave, puntas con movimiento y brillo natural, evitando el exceso de estructura. Un peinado ideal para eventos en los que se quiere ir bien peinada, pero sin que se note mucho".
La clave está precisamente en ese "sin que se note mucho". Ya no se busca que cada cabello permanezca en su sitio. El objetivo es conseguir una melena con cuerpo, movimiento y una apariencia saludable que conserve cierta espontaneidad.
Es un acabado que funciona especialmente bien en cabellos medios y largos porque aporta volumen sin endurecer la imagen. El resultado sigue siendo sofisticado, pero sin parecer artificial.
La influencia del fluffy hair
Otra tendencia que explica el éxito de este tipo de melenas es el llamado fluffy hair. Inspirado en los años noventa, apuesta por cabellos con volumen, textura y una apariencia casi esponjosa.
Aunque suele asociarse a cortes muy concretos, la filosofía detrás de esta tendencia es mucho más amplia: aprovechar la textura natural en lugar de luchar contra ella.
Por eso cada vez vemos más cortes con capas suaves, contornos desfilados y longitudes que favorecen el movimiento. La idea es que el pelo pueda secarse prácticamente solo sin perder forma.
Lo curioso es que para conseguir este efecto muchas veces importa más el corte que el peinado posterior. Un cabello bien trabajado permite que las ondas naturales aparezcan sin necesidad de recurrir constantemente a herramientas térmicas.
De hecho, uno de los atractivos de esta tendencia es precisamente reducir la dependencia de planchas y rizadores. Algo especialmente agradecido durante el verano, cuando el calor, la humedad y el sudor suelen arruinar cualquier intento de perfección capilar en cuestión de minutos.
Menos control, más textura
La imagen de Carlota Casiraghi conecta con una idea que llevamos meses viendo tanto en pasarelas como en alfombras rojas: el cabello empieza a recuperar cierto grado de imperfección.
No hablamos de descuido ni de falta de arreglo. Se trata más bien de aceptar que una melena con movimiento real puede resultar más favorecedora que otra completamente inmóvil.
Los productos que acompañan esta tendencia también siguen esa lógica. Se buscan fórmulas ligeras capaces de aportar volumen, elasticidad y brillo sin apelmazar el cabello. Espumas suaves, sprays texturizadores o cremas de peinado ligeras sustituyen a los productos de fijación extrema que dominaban hace años.
Especialmente en cabellos ondulados, este enfoque permite potenciar la textura propia del pelo en lugar de modificarla constantemente.
Quizá por eso la melena de Carlota resulta tan actual. Porque en un momento en el que llevamos años viendo acabados impecables y peinados calculados al milímetro, una textura ligeramente despeinada termina llamando mucho más la atención.
La última aparición de Carlota Casiraghi durante el Longines Paris Eiffel Jumping es una buena prueba de que los tiempos capilares están cambiando. La aristócrata acudió al evento con un vestido negro estampado con flores rosas, (que no era de Chanel, de otra firma francesa: Rouje) y una melena que parecía haber decidido vivir su propia vida. Su cabello mostraba movimiento, cierta irregularidad, ondas suaves y algunos mechones desordenados que escapaban de cualquier intento de perfección.