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La sofisticación silenciosa de Carlota Casiraghi: por qué cada vez se maquilla menos
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BELEZA ROYAL

La sofisticación silenciosa de Carlota Casiraghi: por qué cada vez se maquilla menos

La monegasca apuesta por lo contrario a lo que estamos acostumbrados entre las royals y celebrities: la naturalidad

Foto: Carlota este 12 de abril pasado (Gtres)
Carlota este 12 de abril pasado (Gtres)

Si hay algo que define la evolución beauty de Carlota Casiraghi es que ha ido justo en dirección contraria a la que cabría esperar de una figura asociada al lujo, la moda y la exposición pública permanente. Mientras otras royals o celebridades han sofisticado y endurecido su maquillaje con el paso de los años: más contouring, más pestaña, más acabado perfecto... ella ha reducido elementos. Menos producto y una imagen cada vez más relajada. Y, en realidad, tiene bastante sentido si se mira a su madre, Carolina de Mónaco.

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La hija de Carolina nunca ha sido una mujer especialmente ligada a las tendencias de maquillaje más evidentes. Ni en los 2000, cuando dominaban los ojos muy marcados y los labios nude, ni después, cuando Instagram convirtió el maquillaje de alta cobertura y el contouring en una especie de uniforme global. Carlota siempre ha mantenido cierta distancia estética. Incluso en alfombras rojas o desfiles de Chanel, firma de la que es embajadora, ha preferido que el protagonismo recaiga en la piel y no en el maquillaje.

En sus apariciones públicas, a principios de los 2000, sí mostraban una versión más clásica del maquillaje social de aquella época: eyeliner algo más visible, labios satinados y cierto trabajo en la mirada. Nada excesivo, pero sí más construido que ahora. En imágenes de sus primeros años en Cannes o en eventos ecuestres se aprecia un patrón bastante reconocible: piel mate, cejas muy definidas y labios rosas o frambuesa con acabado brillante. Era una estética muy francesa, pero todavía más producida.

placeholder Carlota Casiraghi fue más maquillada en la década anterior (Gtres)
Carlota Casiraghi fue más maquillada en la década anterior (Gtres)

Con el tiempo, especialmente a partir de mediados de la década pasada, empezó a suavizarse todo. Las cejas dejaron de estar tan dibujadas, la piel ganó transparencia y el maquillaje comenzó a parecer casi accidental. En muchas de sus apariciones recientes cuesta identificar una base evidente o un trabajo fuerte de corrección. Hay ojeras visibles, textura de piel real y labios hidratados en lugar de perfectamente perfilados.

Eso conecta bastante con la filosofía de belleza francesa que tantas veces se menciona, aunque normalmente se haga de forma simplista. La maquilladora francesa Violette Serrat explicaba hace tiempo a Into The Gloss que “las francesas prefieren que se vea la mujer antes que el maquillaje”. Y en el caso de Carlota Casiraghi esa idea encaja completamente. Nunca parece maquillada para ocultar rasgos.

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De hecho, una de las cosas más interesantes de su evolución es cómo ha mantenido elementos que muchas veces la industria intenta corregir. Sus cejas gruesas y ligeramente despeinadas, la piel con brillo natural o la ausencia de un contorno facial evidente forman parte de una estética que hoy se percibe sofisticada, pero que durante años no era la dominante en alfombras rojas.

Hay también una coherencia clara con la imagen histórica de Carolina de Mónaco. Su madre nunca fue una princesa de maquillaje excesivo. Incluso en los años ochenta, cuando el exceso era prácticamente obligatorio, Carolina mantenía una imagen relativamente sobria: labios suaves, ojos poco cargados y una elegancia basada más en la actitud que en la transformación estética. Carlota ha heredado exactamente eso. La idea de que la belleza no tiene que parecer trabajada.

placeholder Apostaba por looks más marcados en 2015 y 2019 (Gtres)
Apostaba por looks más marcados en 2015 y 2019 (Gtres)

La maquilladora Lisa Eldridge suele defender que el maquillaje más moderno es el que “deja espacio para la personalidad”. Y eso explica bastante bien lo que ocurre con Carlota Casiraghi. En sus fotos más recientes casi siempre hay un elemento que rompe la perfección: un labial ligeramente desgastado, el pelo con textura natural o una piel que no parece filtrada. Incluso cuando lleva labios rojos, uno de los pocos recursos beauty que repite con frecuencia, suelen aparecer difuminados, nunca extremadamente perfilados.

También llama la atención cómo ha cambiado su relación con la piel luminosa. Hace diez o quince años predominaban los acabados más mates y pulidos; ahora apuesta claramente por bases ligeras o prácticamente invisibles. En algunas apariciones públicas recientes parece llevar únicamente corrector localizado, máscara de pestañas y algo de color en labios y mejillas. Y precisamente ahí está la sofisticación.

placeholder Charlotte Casiraghi en 2025. REUTERS Benoit Tessier
Charlotte Casiraghi en 2025. REUTERS Benoit Tessier

Porque el maquillaje natural actual no consiste en no maquillarse. Consiste en que el producto desaparezca visualmente. La maquilladora Gucci Westman lo resumía muy bien cuando decía que “el lujo contemporáneo es parecer descansada, no maquillada”. Carlota Casiraghi representa exactamente esa idea.

Además, su evolución coincide con un cambio cultural bastante evidente. Después de años de contouring extremo, baking y rostros completamente transformados, la conversación beauty ha girado hacia fórmulas ligeras, textura real y rutinas menos agresivas. Lo interesante es que Carlota parece haber llegado ahí antes que muchas otras figuras públicas.

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Incluso en desfiles y eventos de Chanel, donde podría aparecer con maquillajes mucho más teatrales, mantiene una imagen muy contenida. Labios cereza, máscara discreta y piel fresca...

La evolución beauty de Carlota Casiraghi no habla tanto de cambios radicales como de depuración. Ha ido quitando capas. Y aunque podría parecer sorprendente en alguien criado entre moda, aristocracia y focos, en realidad responde perfectamente a la herencia estética de Carolina de Mónaco: una belleza elegante, algo intelectual y siempre más interesada en la naturalidad.

Si hay algo que define la evolución beauty de Carlota Casiraghi es que ha ido justo en dirección contraria a la que cabría esperar de una figura asociada al lujo, la moda y la exposición pública permanente. Mientras otras royals o celebridades han sofisticado y endurecido su maquillaje con el paso de los años: más contouring, más pestaña, más acabado perfecto... ella ha reducido elementos. Menos producto y una imagen cada vez más relajada. Y, en realidad, tiene bastante sentido si se mira a su madre, Carolina de Mónaco.

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