En ocasiones una ausencia da más conversación que una aparición. Y eso es exactamente lo que está pasando con Penélope Cruz esta temporada. La actriz no estuvo ni en el desfile Crucero 2027 de Chanel en Biarritz ni tampoco en la MET Gala 2026. Y claro, las dos faltas han llamado bastante la atención porque hablamos de una de las embajadoras históricas de Chanel y, además, de alguien que hace solo dos años fue coanfitriona de la MET junto a Anna Wintour en aquella edición dedicada a Karl Lagerfeld. No era una invitada cualquiera. Era una de las grandes esperanzas de la representación española de la noche.
Por eso, cuando Chanel aterrizó en Biarritz con todo el universo fashion pendiente del nuevo rumbo de Matthieu Blazy y Penélope no apareció, empezaron las preguntas. Lo mismo pasó en Nueva York con la MET. Sobre todo porque hay celebrities que convierten estos eventos en una especie de calendario fijo y cuando faltan parece que pasa algo. Aunque luego la realidad es bastante más simple. Y si no, que se lo digan a Beyoncé, que desaparece temporadas enteras de las alfombras y sigue siendo Beyoncé.
Con Penélope pasa un poco eso ahora mismo. No necesita estar en todos lados para seguir teniendo peso dentro de la industria. De hecho, probablemente está en uno de sus momentos más fuertes con Chanel.
La última vez que la vimos en un gran desfile de la maison fue el pasado 27 de enero durante la Haute Couture Week de París. Chanel presentaba su colección Alta Costura primavera/verano 2026, una de las primeras realmente importantes bajo la nueva etapa de Matthieu Blazy, y Penélope ocupó uno de los sitios clave del front row junto a Nicole Kidman, Dua Lipa, Charlotte Casiraghi o Anna Wintour.
Penelope Cruz en el desfile de Chanel Haute Couture. REUTERS Abdul Saboor
Aquella aparición dio bastante conversación. Primero porque era una especie de reaparición fashion potente después de unos meses más discretos. Segundo porque confirmó que sigue siendo una de las figuras “heritage” de Chanel, de esas embajadoras que representan perfectamente la parte más clásica y cinematográfica de la marca. Y tercero porque estrenó look beauty: el famoso clavi-cut bob que acabó viralizándose en TikTok, Instagram y medios de tendencias durante semanas.
El estilismo también estaba muy medido. Llevaba un conjunto de punto con vestido semitransparente de la colección Métiers d’Art, silueta ajustada y muchísimo ADN Chanel: tweed, brillo y ese punto sofisticado que ella maneja especialmente bien. Aquello fue, básicamente, el arranque de una nueva etapa.
Porque mientras muchos estaban pendientes de si iba o no a la MET, Penélope lleva meses centrada en otra cosa: trabajo, rodajes y promoción internacional. Y el timing de las últimas semanas lo deja bastante claro.
A principios de marzo empezó el ruido fuerte alrededor de 'La bola negra', la película de Los Javis donde comparte reparto con Miguel Bernardeau y Guitarricadelafuente. Un proyecto que dentro de la industria ya empieza a sonar para Cannes y próxima temporada de premios. Después llegaron las imágenes del rodaje de 'Day Drinker' junto a Johnny Depp entre Tenerife y Madrid. Las fotos de ambos frente al Guernica en el Reina Sofía terminaron circulando por todas partes.
En paralelo, A24 empezó a mover 'The Invite', la película de Olivia Wilde con Seth Rogen y Edward Norton que se estrena este verano en Estados Unidos después de pasar por Sundance. Y ahí también está Penélope en pleno regreso al circuito internacional potente.
Mientras tanto, ella sigue ocupando titulares casi sin necesidad de aparecer en eventos. En abril llegó la entrevista en El País, seguramente uno de los movimientos mediáticos más importantes de su año en España. Ahí habló de maternidad, redes sociales, Gaza, la industria del cine y también de Chanel y Matthieu Blazy.
En el estreno de Bunker. EFE Juan Herrero ARCHIVO
“Creo que estaría muy contento con él porque Karl siempre arriesgó mucho”, decía sobre Lagerfeld. “Y ahora Matthieu es una revolución, porque está consiguiendo mantener esa esencia de la marca y al mismo tiempo atraer a un público muy joven. Está haciendo algo espectacular”.
Vamos, que relación fría con Chanel no parece que haya precisamente.
Algo que trasciende a lo personal, que también explica bastante este perfil más bajo. Hace apenas unos días se la vio junto a Javier Bardem en París viendo un partido del PSG. Una aparición bastante tranquila, muy de pareja disfrutando del momento, donde aun así volvió a dejar un pequeño gesto fashion perfectamente calculado: la gorra marinera de Chanel que llevaba puesta y que las cuentas de moda tardaron literalmente minutos en identificar. Porque Penélope tiene eso. Incluso cuando desaparece, sigue generando conversación estética.
Al final, su ausencia en Biarritz y en la MET parece responder más a una estrategia de exposición muy medida que a otra cosa. Penélope ya no está en esa fase de tener que aparecer en todos los photocalls para recordar quién es dentro de la moda. Su vínculo con Chanel está más que consolidado y ahora mismo su prioridad parece bastante clara: elegir bien los momentos, centrarse en los proyectos que vienen y reservar energía para el ciclo promocional que tiene por delante.
En ocasiones una ausencia da más conversación que una aparición. Y eso es exactamente lo que está pasando con Penélope Cruz esta temporada. La actriz no estuvo ni en el desfile Crucero 2027 de Chanel en Biarritz ni tampoco en la MET Gala 2026. Y claro, las dos faltas han llamado bastante la atención porque hablamos de una de las embajadoras históricas de Chanel y, además, de alguien que hace solo dos años fue coanfitriona de la MET junto a Anna Wintour en aquella edición dedicada a Karl Lagerfeld. No era una invitada cualquiera. Era una de las grandes esperanzas de la representación española de la noche.