El collar largo vuelve este verano: cinco versiones que cambian por completo hasta el look más sencillo
El collar largo vuelve porque encaja con una forma de vestir más sencilla y menos acumulativa. No obliga a coordinar demasiadas joyas ni a construir un estilismo complicado
Durante varias temporadas, la joyería se ha concentrado alrededor del cuello. Gargantillas rígidas, cadenas cortas y combinaciones de collares pequeños han dominado los estilismos hasta dejar muy poco espacio para las piezas que caen sobre el pecho. Este verano, sin embargo, el collar largo vuelve a tener protagonismo y lo hace en versiones bastante alejadas de aquella estética bohemia y recargada con la que todavía tendemos a relacionarlo.
La idea es mucho más sencilla: utilizar una sola pieza llamativa para dar intención a prendas que normalmente no necesitan demasiados accesorios. Una camiseta blanca, una camisa de algodón, un vestido lencero o una túnica amplia cambian bastante cuando se añade un collar que aporta movimiento, textura o un toque de color.
Además, resulta especialmente práctico durante los meses de calor. Cuando el vestuario se reduce a pocas capas y tejidos ligeros, los complementos tienen más peso. No hace falta complicar el conjunto con varias joyas, cinturones o bolsos sofisticados. Un collar largo bien elegido puede hacer casi todo el trabajo.
Collares de cuentas
Los collares de cuentas vuelven en tamaños generosos, colores intensos y materiales que parecen encontrados en algún mercadillo durante las vacaciones. Las versiones de bolas grandes, en madera oscura o resina, funcionan especialmente bien sobre camisas blancas abiertas, vestidos lisos y prendas de lino.
También regresan las cuentas pequeñas de colores, aunque ya no se llevan necesariamente pegadas al cuello. En rojo, negro, azul o tonos tierra, aparecen en tiras largas que pueden caer hasta la cintura o incluso darse varias vueltas. Son una forma fácil de introducir color sin recurrir a pendientes grandes o estampados demasiado evidentes.
Suma Cruz
Cordones con colgantes
Probablemente sean la opción más fácil de incorporar al armario. Se trata de cordones finos, normalmente de cuero, algodón encerado o materiales textiles, rematados con una pieza única. Puede ser una piedra pulida, una forma orgánica de metal, una perla grande o un pequeño amuleto.
Julietta
Funcionan muy bien con prendas amplias y sin demasiada estructura: vestidos blancos, camisetas de tirantes, túnicas o camisas masculinas. El resultado tiene un punto relajado y artesanal, pero no necesariamente hippie. La clave está en evitar la acumulación y dejar que el colgante destaque por sí solo.
Este tipo de collar también permite jugar con la altura. Algunos se anudan directamente alrededor del cuello, mientras que otros pueden ajustarse para caer más o menos sobre el escote. Es una solución bastante útil cuando se quiere repetir una misma pieza con diferentes prendas.
Collares con borlas
Las borlas son una de las propuestas más vistosas de la temporada. Aparecen combinadas con piezas metálicas grandes, nudos decorativos, bolas de resina y cordones trenzados. Son collares pensados para llamar la atención y, por eso, funcionan mejor sobre fondos sencillos.
Gohar World
Un vestido negro, una camisa larga o un conjunto monocromático admiten perfectamente una pieza con flecos o borlas sin que el resultado parezca excesivo. También pueden acompañar caftanes y prendas de playa, aunque su uso no termina en la costa. Con una camiseta básica y un pantalón ancho aportan un punto más elaborado sin perder comodidad.
El regreso del ‘bolo tie’
El clásico lazo de cordón asociado al vestuario del oeste americano también ha llegado a la joyería femenina. Su versión actual es bastante más limpia: un cordón estrecho, una pieza central que permite regular la altura y dos extremos largos rematados con pequeñas cuentas.
Roberto Cavalli
Sobre una camiseta blanca o una camisa abierta consigue que un conjunto básico parezca mucho más pensado. También funciona con vestidos de escote redondo o prendas de cuello cerrado, donde el cordón crea una línea vertical que estiliza visualmente el torso. Es una alternativa interesante para quienes encuentran demasiado románticos los collares de perlas o demasiado formales los de cadena.
Conchas y formas marinas
Las conchas continúan cada verano, pero esta vez crecen de tamaño y se llevan como una pieza central. Nácar, caracolas, dientes de mar y formas espirales aparecen suspendidos de cordones gruesos y cadenas largas.
Cashfana
Aunque su relación con el vestuario de vacaciones resulta evidente, quedan especialmente bien con prendas urbanas: una americana de lino, una camiseta de seda, una gabardina ligera o una camisa beige. Precisamente ese contraste evita que el collar parezca un recuerdo comprado en la playa.
Este verano, el complemento que más transforma un conjunto no es necesariamente el bolso ni el pendiente: puede ser ese collar que llevaba años esperando en el fondo del joyero.
Durante varias temporadas, la joyería se ha concentrado alrededor del cuello. Gargantillas rígidas, cadenas cortas y combinaciones de collares pequeños han dominado los estilismos hasta dejar muy poco espacio para las piezas que caen sobre el pecho. Este verano, sin embargo, el collar largo vuelve a tener protagonismo y lo hace en versiones bastante alejadas de aquella estética bohemia y recargada con la que todavía tendemos a relacionarlo.