Susanna Griso y Luis Enríquez: una boda frente al mar, entre versos, periodismo y segundas oportunidades
La pareja pone el broche de oro a su historia de amor en una ceremonia oficiada por el alcalde de Santa Cristina d'Aro, con discursos cargados de emoción y música en directo
Luis Enríquez y Susanna Griso ya son marido y mujer. (Vanitatis)
A las ocho y media de la tarde, con el Mediterráneo como telón de fondo y los jardines del Hostal La Gavina, en S’Agaró, convertidos en un escenario de inspiración campestre, comenzó la esperada ceremonia con la que Susanna Griso y Luis Enríquez sellaron su historia de amor. Un altar improvisado, decorado con girasoles y flores secas, acogió un enlace profundamente emotivo en el que la familia, los amigos, la poesía y el periodismo fueron los grandes protagonistas.
El primero en llegar fue el novio, Luis Enríquez, acompañado del brazo de su madre. Minutos después hizo su entrada Susanna, del brazo de su hijo mayor, Jan, en uno de los momentos más aplaudidos de la tarde.
Esperándoles se encontraba Josep Chifré, alcalde de Santa Cristinad’Aro, localidad situada a escasos cuatro kilómetros de S’Agaró, quien fue el encargado de oficiar una ceremonia civil. Amigo de Francesc Perellada, representante de la periodista, el alcalde confesó la ilusión que le hacía unir en matrimonio a la pareja y definió a la novia como "una mujer fantástica, encantadora, cercana y muy próxima". Durante su intervención, recordó a los recién casados que, en los momentos difíciles, siempre deberán volver al instante en el que decidieron decirse 'sí'.
Los discursos que emocionaron a los novios
El primero de los discursos corrió a cargo de Jaime de los Santos, diputado nacional y vicesecretario de Educación e Igualdad del Partido Popular, además de íntimo amigo deSusanna Griso. Su intervención estuvo cargada de referencias literarias y poéticas. Explicó que había querido construir una especie de postal, evocando la emoción que sintió Federico García Lorca cuando descubrió por primera vez la Costa Brava y escribió a Salvador Dalí maravillado por el azul de sus aguas y la belleza del paisaje.
De los Santos comparó el amor con "un bisturí de cuatro filos", citó a Joan Manuel Serrat y también al poeta y periodista Ángel Antonio Herrera, presente entre los invitados. Recordó, además, una conversación mantenida con Susanna durante una celebración navideña, cuando le aseguró que Luis Enríquez era el hombre que la haría feliz. Ella recibió aquellas palabras con cierto escepticismo, pero este sábado, frente al mar, su amigo reivindicó aquella intuición. "Hoy toca celebraros a vosotros y también a vuestros hijos", afirmó, antes de agradecer a la periodista el privilegio de considerarse casi un hermano y reconocer que gracias a ella se ha convertido en una persona mejor.
Jaime de los Santos durante su discurso en la boda de Susanna Griso y Luis Enríquez. (Gtres)
El segundo discurso fue el de Paco Griso, el benjamín de los siete hermanos de la familia. Con humor y ternura recordó que Susanna Griso siempre fue "la pequeña de la casa", algo que, bromeó, nunca resultó sencillo en un hogar dominado por cinco hermanas y donde, según sus propias palabras, siempre imperó un auténtico matriarcado.
Dirigiéndose al novio, le dio la bienvenida a esa "pequeña fila de hombres" que forman parte de la familia Griso y recuperó una tradición de sus padres: "Añadiremos una taza más de arroz para que siempre te sientas como en casa". También compartió una divertida anécdota sobre una fuente de patatas fritas que cada domingo iba pasando de los hermanos mayores a los pequeños hasta llegar vacía a Susanna. Aquellas sobremesas, aseguró, fueron la mejor escuela para que aprendiera a escuchar, a esperar y a tener paciencia.
Emocionado, recordó el orgullo que siempre sintieron sus padres por la trayectoria profesional de la periodista, de quien presumían en cada parada del mercado. También explicó que las reuniones navideñas congregan a unas 45 personas y dio la bienvenida no solo a Luis Enríquez, sino también a sus cuatro hijos, integrados ya plenamente en la familia.
La familia, protagonista del enlace
La música llegó de la mano de la familia. Arnau Griso, sobrino de la novia y cantante, interpretó acompañado por sus primas y por su hermana Mireia una de sus composiciones más conocidas, 'Chica del tiempo', un tema especialmente simbólico para la ocasión y dedicado a la periodista.
Uno de los momentos más emotivos llegó con la intervención de Jan, el hijo mayor de Susanna Griso. Su discurso, a medio camino entre la poesía y el humor, alternó el castellano y el catalán para dirigirse tanto a su madre como al novio.
Susanna Griso antes del 'sí, quiero'. (Gtres)
Sobre Luis Enríquez aseguró que proyecta unos "aires de Clint Eastwood", aunque detrás de esa apariencia se esconde un hombre profundamente cariñoso y bondadoso. También elogió la capacidad de ambos para volver a creer en el amor después de experiencias difíciles y destacó la inocencia con la que han decidido comenzar esta nueva etapa. A su madre le dedicó unas palabras llenas de orgullo y cariño, mientras que al novio le lanzó una divertida advertencia entre risas: si no cuida bien de Susanna, "no le quedará mundo para correr".
Poco después de las nueve de la noche llegó el instante más esperado: el intercambio de anillos. Fue Dorcette, la hija de Susanna, quien acercó las alianzas hasta el altar, protagonizando otro de los momentos más emotivos de una ceremonia marcada por la participación constante de toda la familia.
El emotivo discurso de Luis Enríquez
El encargado de cerrar los discursos fue el propio Luis Enríquez. Su intervención giró en torno al significado de casarse por segunda vez. Reflexionó sobre cómo, en un primer matrimonio, las personas llegan "con la mochila vacía", mientras que ahora ambos construyen su futuro sobre "dos catedrales", las de sus respectivas familias, integradas por ocho hijos, a quienes definió como un auténtico monumento a la generosidad.
El novio quiso recordar también a David Gistau, periodista y amigo común fallecido en 2020, a quien atribuyó el origen de su historia de amor. Según explicó, fue él quien insistió durante años en que ambos debían conocerse porque estaba convencido de que formarían una gran pareja. También tuvo un recuerdo para Romina, viuda de Gistau, por haber contribuido a reencontrarlos en las últimas navidades. Mirando al cielo, le dedicó unas emocionadas palabras: "Ya puedes descansar en paz. Has cumplido tu misión".
Luis Enríquez definió además la celebración como "un monumento al periodismo", al asegurar que entre los invitados se encontraban algunos de los mejores profesionales de la profesión. Tampoco olvidó a su padre, presente cada día en el recuerdo de su familia, ni a los padres de Susanna, con una mención muy especial para su madre. Como broche final recurrió a uno de los versos de Ángel Antonio Herrera para resumir el espíritu de la jornada: "Un amor al fin y al cabo en el que nos pille bailando; todas las noches son noches de bodas y todas las lunas son lunas de miel".
Tras el aplauso cerrado de los invitados, los recién casados abandonaron el altar para dirigirse al cóctel. Lo hicieron atravesando una lluvia de plumas blancas que sustituyó al tradicional arroz, en sintonía con una celebración bohemia, elegante y profundamente romántica. Así concluyó una ceremonia marcada por la emoción, los recuerdos, la poesía y las segundas oportunidades. Frente al mar de la Costa Brava, Susanna Griso y Luis Enríquez comenzaron oficialmente una nueva etapa como marido y mujer.
A las ocho y media de la tarde, con el Mediterráneo como telón de fondo y los jardines del Hostal La Gavina, en S’Agaró, convertidos en un escenario de inspiración campestre, comenzó la esperada ceremonia con la que Susanna Griso y Luis Enríquez sellaron su historia de amor. Un altar improvisado, decorado con girasoles y flores secas, acogió un enlace profundamente emotivo en el que la familia, los amigos, la poesía y el periodismo fueron los grandes protagonistas.