Iñaki Urdangarin y sus memorias (desmemoriadas) han vuelto a actualizar las historias personales a través de su libro 'Todo lo vivido'. Y al igual que le sucedió al rey emérito con su 'Reconciliación', con historias que no se mantienen ni por contenido ni por continente, a Iñaki le ha pasado lo mismo.
No pide perdón por las tropelías cometidas, ni ha resarcido a las instituciones públicas del dinero que nunca debería haber cobrado. Estos temas son más que públicos, pero en los que no incide es en contar realmente cómo fue su enamoramiento de la infanta Cristina. El jugador de balonmano, sin novia para casarse, se dejó querer por la hija del Jefe del Estado y fue ella la que desde el principio movió ficha. No fue el deportista el que cortejó sino al contrario.
Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina en 2013. (Gtres).
Esta manera de moverse en el apartado afectivo no era nueva para la infanta. Antes que Iñaki hubo otro príncipe de los mares, rubio, de ojos azules, simpático y encantador. A Fernando León lo había conocido en un curso de vela donde él enseñaba y ella aprendía. Una relación que, como siempre sucede con los amoríos, nunca se confirmó pero sí tuvo que ver para que la hija de los Reyes trasladara su domicilio de Madrid a Barcelona. Y si esta cuestión influyó, hubo otra derivada también importante que eran las ansias de libertad y el deseo de salir de una ambiente familiar complicado, como aparece en 'Los secretos de la infanta Cristina' (Ediciones B).
Después del regatista, Cristina eligió a Álvaro Bulto, deportista, aventurero y, como no, rubio, alto y con ojos azules. Además, la familia pertenecía a la burguesía catalana y eso puntuaba. El padre había creado las firmas Bultaco y Montesa. Los jóvenes habían coincidido en Baqueira, en cenas con amigos comunes, pero el muchacho no daba el paso para una cita a solas. La infanta volvió a tomar la iniciativa. Consiguio el teléfono, llamó y quedaron para un encuentro sin testigos. Hubo químical pero la historia no tuvo recorrido. Álvaro era un alma libre, independiente con una agenda profesional difícil de encajar con la de su enamorada.
La infanta Cristina y Alvaro Bulto durante unas vacaciones. (Gtres)
El joven pasaba tiempo fuera de Barcelona debido a sus retos, sus competiciones, sus grabaciones y sus actividades relacionadas con el mundo televisivo. La infanta Cristina, obsesionada con la prensa y por mantener el romance secreto sumado a sus celos, hacía que los encuentros estuvieran llenos de reproches. La historia duró algo más de dos años y sin posibilidad de vuelta atrás. Y eso que a don Juan Carlos, el joven le parecía el mejor compañero de viaje vital para su hija. Álvaro Bulto falleció el 23 de agosto de 2013 en los Alpes suizos como consecuencia de un trágico accidente mientras practicaba winghfly.
Los tonteos de la infanta hasta que apareció Urdangarin no tuvieron trascendencia mediática. Solo hubo una posibilidad con el jugador de waterpolo Jesús Rollan al que Cristina quiso conquistar. Pero el deportista prefirió la amistad al noviazgo real. Y fue precisamente Rollán, amigo de Iñaki Urdangarin, quien presentó al futuro duque de Palma a Cristina en los Juegos Olímpicos de Atlanta. La hija mediana de doña Sofía, la que iba por libre, la que decidía sus conquistas y no tenía pareja estable, le echó el ojo a uno de los jugadores del equipo de balonmano. Lo catalogó a primera vista.
Y volvía repetirse el mismo patrón: rubio, ojos azules, músculos perfectos y simpático. La cuestión era que el deportista tenía novia, pero no fue problema para la infanta. La que estaba soltera y sin compromiso era ella. Pregunto quién era "el rubio" y le hizo la ficha. Después, llegó la presentación oficial por parte de Jesús Rollan y lo demás ya fue previsible. Como en las situaciones anteriores, Cristina tomó la iniciativa. A la vuelta de Atlanta, los chicos olímpicos organizaron una fiesta en El Pou, el restaurante que había montado Iñaki Urdangarin, Rollán y otros amigos.
La infanta Cristina y Alexia de Grecia en una foto de archivo en Barcelona. (Gtres)
Al encuentro acudió la olímpica Cristina de Borbón acompañada de su prima Alexia, que fue la primera persona a la que le contó que se había enamorado del chico de las olimpiadas. La frase que le trasladó fue muy clara: "Alucino, estoy colada por un jugador de balonmano y no sé qué hacer". Y lo siguiente fue tomar la iniciativa y organizar el operativo secreto para que la prensa no se enterara.
Iñaki Urdangarin obvia en sus memorias toda esta historia de amor y de cómo no fue capaz de decirle a su novia, con la que ya había hablado de matrimonio, que estaba saliendo con una infanta de España. La joven se enteró de la noticia por los informativos de televisión. Muchos años después, la ex duquesa de Palma se enteró por la revista 'Lecturas' de la infidelidad de su marido. Las fotos con Ainhoa Armentia paseando de la mano con total naturalidad por una localidad cercana a Bidart, lugar de vacaciones de la familia Urdangarin, fue la manera de romper su matrimonio. Después vendrían los ajustes económicos para firmar el divorcio. De todo esto nada cuenta el personaje que anunció que quería ser anónimo.
Iñaki Urdangarin y sus memorias (desmemoriadas) han vuelto a actualizar las historias personales a través de su libro 'Todo lo vivido'. Y al igual que le sucedió al rey emérito con su 'Reconciliación', con historias que no se mantienen ni por contenido ni por continente, a Iñaki le ha pasado lo mismo.