Borja Thyssen y Blanca Cuesta retoman su vida cultural, arropados por su hijo Sacha: "Todo en orden"
Borja Thyssen y Blanca Cuesta reaparecen en el museo Thyssen mientras Carmen Cervera se recupera de una neumonía en Sant Feliu. La pareja nos desvela en exclusiva cómo evoluciona el estado de salud de Tita Cervera
Borja Thyssen y Blanca Cuesta, en una imagen de archivo. (Gtres)
A las siete de la tarde, Borja Thyssen y Blanca Cuesta recibían en el museo Thyssen al mundo de la cultura y a sus amistades. El motivo era presentar la exposición de la pintora polaca Ewa Juszkiewicz, compuesta de veinticuatro obras y cuyo comisario es Guillermo Solana, director artístico del museo. Una de ellas, de gran formato, la compró Borja para su colección privada. El primogénito tiene, por deseo de su madre, Carmen Cervera, el 50% de la colección alquilada al Gobierno español que se expone en el museo y, además, es patrono de la fundación Thyssen.
Borja explicaba que conoció a la pintora hace tiempo. “Siempre me ha gustado cómo utiliza el color y cómo ella me decía su influencia de Dalí. El que hemos comprado lo hemos hecho a gusto mío y de Blanca. Es la primera vez que expone en solitario y está feliz”, me explicaba.
Blanca Cuesta posa con la pintora polaca Ewa Juszkiewicz, en la inauguración de su exposición en el Thyssen. (Paloma Barrientos)
La pregunta sobre la salud de su madre era obligatoria. “Sigue en Sant Feliu y vigilada. Todo en orden”. No había necesidad de incidir en un asunto totalmente privado y seguramente mañana viajen de nuevo a la Costa Brava. Por la mañana había ido al gimnasio y después a la notaría de la calle Jorge Juan.
Blanca, por su parte, comentaba la extraordinaria salud de su padre, el doctor Cuesta. “El otro día estaba leyendo un libro gordísimo, con una letra pequeña y sin gafas. Tengo mucha suerte de tenerlos a los dos”. Fue previamente Blanca la que me informó de quesu hijo Sacha estaba con ellos en la exposición. Un chico muy educado, que no quiere sobresalir y muy parecido a su madre.
Una vez que finalizó la visita, los anfitriones ofrecieron un cóctel en el jardín del museo.
El cuadro de la artista, adquirido por Blanca Cuesta y Borja Thyssen. (Paloma Barrientos)
Desde hace unas semanas, la salud de Carmen Cervera ha sido y es para Borja y Blanca una situación preocupante. La noticia del ingreso en la clínica Teknon de Barcelona, publicada por la revista Semana, no era nada halagüeña. No hubo traslado en helicóptero, como hace unos años, pero sí un viaje de urgencia desde la Costa Brava. Nada se sabía de su evolución hasta que el propio Borja contó que su madre tenía neumonía y que, una vez dada de alta, se reponía en Mas Mañanas. Esa villa de Sant Feliu ha sido siempre su cuartel general y donde era feliz, igual que Borja y después las mellizas Carmen y Sabina.
La presencia del hijo y de la nuera, Blanca, en la villa hacía presagiar que el estado de salud de la baronesa no era bueno. No era posible comunicarse con ella y era Borja el que contestaba a los mensajes de las personas más íntimas y también de los conocidos más cercanos que querían saber cómo se encontraba Tita.
Imagen del cóctel, ofrecido en las inmediaciones del Thyssen. (Paloma Barrientos)
Para los que la hemos conocido desde hace años, no ha sido Carmen, sino Tita. Una mujer alegre, con una vida de claroscuros, pero a la que hay que reconocer que fue indispensable para que Heini Thyssen vendiera su colección al Gobierno español. Margaret Thatcher cuenta en sus memorias cómo el príncipe de Gales (hoy Carlos III) quiso convencer al coleccionista para que cambiara de opinión y abandonara la idea de crear el Museo Thyssen en Madrid. Junto con el Prado y el Reina Sofía forman el triángulo pictórico más importante de Europa.
En otro momento, la baronesa habría estado presente en la exposición que este lunes se presentaba en el museo. Borja y Blanca han sido los anfitriones de esta cita cultural, que por primera vez contaba también con la presencia de Sacha, el primogénito, que cumplió 18 años el pasado 31 de enero. Su mayoría de edad la celebró en la discoteca del edificio Metrópolis, el lugar de moda en Madrid.
A las siete de la tarde, Borja Thyssen y Blanca Cuesta recibían en el museo Thyssen al mundo de la cultura y a sus amistades. El motivo era presentar la exposición de la pintora polaca Ewa Juszkiewicz, compuesta de veinticuatro obras y cuyo comisario es Guillermo Solana, director artístico del museo. Una de ellas, de gran formato, la compró Borja para su colección privada. El primogénito tiene, por deseo de su madre, Carmen Cervera, el 50% de la colección alquilada al Gobierno español que se expone en el museo y, además, es patrono de la fundación Thyssen.