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familia real española

Diez años sin Érika Ortiz, la frágil hermana pequeña de Doña Letizia

Hoy se cumplen diez años de la marcha de la más pequeña de las hermanas Ortiz, un golpe que marcó a la Reina y la hizo cambiar

Foto: Érika Ortiz el día de la boda de su hermana Letizia
Érika Ortiz el día de la boda de su hermana Letizia

Era un día lluvioso como la mayoría de los que han marcado la vida de Doña Letizia. Llovió en su boda con Don Felipe, también en el nacimiento de su hija Leonor y cuando perdió a su hermana pequeña. Aquel 7 de febrero de 2007, la noticia de la muerte de Érika Ortiz copó los titulares de la prensa tanto nacional como internacional. El cuerpo de la hermana de la entonces princesa de Asturias había sido hallado sin vida en un piso de Vicálvaro, el mismo en el que había estado viviendo la ahora Reina antes de su compromiso con Don Felipe. 31 años tenía Érika cuando se marchó dejando a una hija de seis, Carla, y a una familia destrozada. Hoy se cumplen diez años de esa fecha triste y, aunque no hay previsto ningún acto para conmemorar este día, ni público ni privado, Érika estará seguro en la mente de todos los Ortiz Rocasolano.


Érika vino al mundo el 16 de abril de 1975 en Oviedo siendo la tercera hija de Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano y la más pequeña de las tres hermanas. Como Letizia y Telma, recibió su educación primaria en el colegio público La Gesta, donde era una alumna muy aplicada, aunque algo tímida. Se inició en el mundo de la danza con apenas 4 años, ya que su madre era profesora en una academia. Sin embargo, mientras que a sus dos hermanas mayores les encantaba esta disciplina, Érika prefería los deportes más movidos como el baloncesto.

Las tres hermanas estaban muy unidas y la ahora Reina solía tener una actitud de protección con ellas, sobre todo con Érika, a quien mimaba mucho. Uno de los planes que más gustaba a las niñas era irse de viaje con su padre. Jesús Ortiz solía coger su Ford Escort o su Lada Niva y se iba a recorrer Europa con sus tres hijas. Dormían en tiendas de campaña, comían bocadillos y regresaban a casa cuando se les terminaba el dinero. Durante estos viajes estuvieron en París, Roma, Estrasburgo o Varsovia, tal como asegura en su libro David Rocasolano.

Quienes la conocían dicen de Érika que era la más artística de la familia, por eso no sorprendió que eligiera estudiar Bellas Artes. Así lo cuenta a este medio una persona que coincidió con ella unos años antes de su fallecimiento. “Érika era una chica sencilla y atenta. Siempre demostró estar muy interesada en el arte y en los derechos de las mujeres. Llevaba una vida muy normal, pero de pronto se vio envuelta, de forma involuntaria, en el frenesí de la prensa”, asegura esta misma fuente.

Érika Ortiz en una imagen de archivo (Gtres)
Érika Ortiz en una imagen de archivo (Gtres)

Érika era también una mujer muy sensible y llevó bastante mal el divorcio de sus padres, a pesar de que ya tenía 24 años cuando Jesús y Paloma decidieron poner fin a su matrimonio. En esos momentos, ella se encontraba en la facultad terminando la carrera de Bellas Artes y acababa de conocer al que en un futuro sería el padre de su hija, Antonio Vigo. Con él empezó una relación que mantuvieron a distancia durante un tiempo, ya que pocos meses después de iniciar su noviazgo ella se fue a Alemania después de que le concedieran una beca Erasmus. Cuando regresó a España, se fue a vivir con Antonio y se quedó embarazada de una niña, Carla, que nació prematuramente.

Antonio Vigo y Érika Ortiz (Gtres)
Antonio Vigo y Érika Ortiz (Gtres)

La cuenta corriente de Érika y Antonio no era demasiado boyante y mucho menos después de que intentaran montar sin mucho éxito un hotel rural en Asturias. Con este panorama, viviendo en casa de Paloma, ya que no les llegaba para un alquiler, y sin demasiadas opciones laborales, Érika aceptó un trabajo de vendedora de libros ambulante mientras que Vigo entró a formar parte del servicio municipal de limpieza. En esta situación se encontraban cuando se anunció el compromiso matrimonial de Letizia con el entonces príncipe de Asturias. Aunque fue una buena noticia para toda la familia, la vida de Érika y Antonio no cambió demasiado, al menos durante los primeros momentos.

Junto a su hija Carla formaban una pequeña familia feliz. Sin embargo, eso cambió cuando a Vigo le surgió una oferta de trabajo en Uruguay de un año. Aunque en un principio Érika contempló la posibilidad de acompañarlo, finalmente se quedó en España con su hija. Esa decisión fue el principio del fin de su relación sentimental. Si en sus inicios como novios, cuando Érika estaba en Alemania estudiando, la distancia no fue un problema para la pareja, en esta ocasión causó su separación definitiva.

Tras su ruptura con Antonio Vigo, Érika rehízo su vida tanto laboral como sentimental. En 2005 entró a trabajar en la productora de televisión Globomedia como directora de arte. Participó en varios proyectos, entre ellos, 'Habitación 623' y 'Anónimos'. En el plano amoroso, encontró el amor con Roberto García, quien trabajaba como iluminador en la misma empresa. Con él tenia grandes planes de futuro. Unos meses antes de morir, Érika y Roberto habían decidido mudarse juntos a una casa situada a las afueras de Madrid, un proyecto que finalmente no pudieron cumplir.

Érika junto a Roberto García (Gtres)
Érika junto a Roberto García (Gtres)

La presión mediática fue el talón de Aquiles de Érika y Doña Letizia se sintió culpable por ello, aunque no le quedó otro remedio que hacer de tripas corazón y aparecer al día siguiente de su muerte ante la prensa después del entierro celebrado en el cementerio de La Paz. Con las lágrimas bajando por su rostro y embarazada de siete meses de su segunda hija, la Reina agradeció las condolencias entre sollozos a “todos aquellos que os habéis sentido apenados por la muerte de mi hermana pequeña”. Momentos antes, y según cuenta David Rocasolano en su libro 'Adiós princesa', se había vivido un momento de gran tensión familiar, pero este episodio jamás se podría confirmar.

Felipe y Letizia en La Paz tras el entierro de Érika (EFE)
Felipe y Letizia en La Paz tras el entierro de Érika (EFE)

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