Júlia Farré, nutricionista: "No hay que obsesionarse con la báscula. Pesarse siempre es un boicot. Incluso si piensas que te va ayudar a sentirte motivado"
Júlia Farré, nutricionista: "No hay que obsesionarse con la báscula. Pesarse siempre es un boicot. Incluso si piensas que te va ayudar a sentirte motivado"
La nutricionista advierte que el número puede fluctuar por mil motivos y, cuando no coincide con las expectativas, se convierte en el motivo perfecto para abandonar
La nutricionista habla sobre cómo bajar de peso de forma cómoda (@julia_farre_moya)
Uno de los errores más habituales y menos cuestionados a la hora de bajar de peso es convertir la báscula en el centro del proceso. La nutricionista Júlia Farré explica que “no hay que obsesionarse con la báscula. Pesarse siempre es un boicot”, afirma, recordando que confiar la motivación a un número puede acabar jugando en contra incluso de quienes creen que les ayuda a seguir.
Según explica la experta, el problema no es solo el número, sino lo que arrastra. El peso corporal cambia por razones que no tienen que ver con “haberlo hecho bien” o “haberlo hecho mal”. Retención de líquidos, ciclo menstrual, estrés, dormir peor, entrenar más fuerte, comer más salado, incluso el tránsito intestinal. El resultado es conocido por cualquiera que haya intentado adelgazar. Un día te subes, ves un dato que no esperabas y aparece la idea de que todo el esfuerzo no sirve. Farré lo describe así. “Algún día verás un resultado que no es el que esperabas y se acabó todo el proceso”.
La báscula promete control, pero muchas veces dispara ansiedad y decisiones impulsivas. Recortar de golpe, saltarse comidas, entrenar “para compensar” o castigarse con culpa. El riesgo es que el objetivo deje de ser construir un estilo de vida y pase a ser perseguir un marcador diario que, además, es volátil.
Esto no significa que la báscula sea “mala” para todo el mundo, sino que conviene usarla con inteligencia. Si se utiliza, puede tener sentido hacerlo con menos frecuencia y con una mirada más amplia, entendiendo tendencias y no días sueltos. Y, sobre todo, acompañándola de otros indicadores que sí reflejan avances reales.
En su lista de prioridades, moverse más en el día a día está por delante de muchos cambios drásticos. Habla de caminar, de sumar pasos, de entender el cuerpo como algo que necesita actividad cotidiana y no solo sesiones puntuales de gimnasio.
Después coloca dos pilares que suelen marcar diferencias cuando el objetivo es perder grasa sin perder salud. Entrenar fuerza, porque mantener o ganar masa muscular ayuda a sostener el metabolismo y mejora la composición corporal. Y cuidar el desayuno para que no sea un arranque flojo de energía y hambre. Farré sugiere aumentar la proteína por la mañana con opciones como huevos, sardinas o hummus, una propuesta que apunta a saciedad y a estabilidad durante el día.
El tercer gesto, sencillo y poco glamuroso, es el que casi siempre se olvida cuando se entra en modo dieta. Incluir vegetales en las comidas principales, a diario. No como “relleno”, sino como base que aporta volumen, fibra, micronutrientes y ayuda a construir una relación más estable con la comida.
Trabajar la masa muscular es imprescindible para poder tener un metabolismo elevado
Cuando el foco se pone solo en la báscula, es fácil perder de vista mejoras que sí importan. Dormir mejor, rendir más entrenando, tener menos antojos, llegar con menos hambre a la cena, cocinar más en casa, sentirse con más energía, subir escaleras sin ahogarse, notar la ropa más cómoda. Ese tipo de señales suelen llegar antes que el número perfecto y sostienen el cambio cuando la motivación baja.
Uno de los errores más habituales y menos cuestionados a la hora de bajar de peso es convertir la báscula en el centro del proceso. La nutricionista Júlia Farré explica que “no hay que obsesionarse con la báscula. Pesarse siempre es un boicot”, afirma, recordando que confiar la motivación a un número puede acabar jugando en contra incluso de quienes creen que les ayuda a seguir.