Carlos Gustavo de Suecia no olvida "la injusticia dinástica": su último movimiento junto al nieto que la ley desplazó
Abuelo y nieto compartieron una jornada scout en Hagaparken marcada por la sombra de una herida dinástica nunca cerrada. Si la Constitución no se hubiera modificado de forma retroactiva, el pequeño Alexander sería hoy el futuro rey de los suecos
El rey de Suecia junto al príncipe Alexander, la reina Silvia y la princesa Sofía. (Gtres)
El Hagaparken de Estocolmo sirvió este fin de semana como escenario para una de las imágenes más significativas de la primavera real en Suecia. El rey Carlos Gustavo, en su calidad de patrón de la organización scout, acudió al 'Día del Scout" acompañado por un invitado que es mucho más que un simple acompañante: su nieto príncipe Alexander.
Entre talleres de nudos, competiciones de encender fuego y lecciones de naturaleza, la complicidad entre el monarca y el hijo mayor de Carlos Felipe y Sofía fue absoluta. Sin embargo, bajo la apariencia de una tierna estampa familiar, subyace el debate más espinoso de los 50 años de reinado de Carlos Gustavo: la legitimidad de la línea sucesoria.
Para entender la importancia de ver a Alexander junto a su abuelo en un acto oficial, hay que remontarse a la incendiaria entrevista que el Rey concedió a la cadena estatal SVT con motivo de su Jubileo en 2023. En ella, Carlos Gustavo volvió a calificar la derogación de la Ley Sálica en 1979 como un "error y una injusticia". Sus palabras no fueron un ataque personal a su hija, la princesa Victoria, sino una crítica feroz a la retroactividad de una norma que entró en vigor cuando el príncipe Carlos Felipe ya había nacido y era, a todos los efectos, el heredero al trono.
"Tener leyes que funcionan de forma retroactiva no es muy inteligente", llegó a asegurar el monarca, provocando un terremoto político en Suecia. Para Carlos Gustavo, ver a su hijo desplazado de la noche a la mañana fue un golpe que, 45 años después, sigue doliendo. Y ese dolor se proyecta hoy en su nieto Alexander. De no haber existido aquella enmienda constitucional, el niño que este fin de semana correteaba por el parque sería el segundo en la línea de sucesión y el futuro Rey de Suecia, un papel que hoy pertenece a su prima, la princesa Estelle.
El príncipe Carlos Felipe junto a sus hijos Alexander, Gabriel e Ines. (Gtres)
El revuelo causado por sus declaraciones obligó al Palacio Real a emitir un comunicado de urgencia para evitar una crisis institucional. En un tono mucho más comedido, el soberano aclaraba: "Me ha dolido profundamente escuchar que no apoyaría a mi hija. La princesa heredera es mi sucesora y un activo extraordinario para nuestro país". A pesar de este "paso atrás" diplomático para proteger la imagen de Victoria, el rey dejó una puerta abierta a su verdadera opinión al insistir en que lo que le sigue pesando es la "pérdida retroactiva de la posición" de su hijo varón.
Por eso, cada vez que Carlos Gustavo elige a Alexander para que lo acompañe en sus compromisos personales, el gesto se lee en clave sucesoria. Es la forma que tiene el rey de dar a ese "linaje desplazado" el lugar que, en su fuero interno, cree que les corresponde.
El Hagaparken de Estocolmo sirvió este fin de semana como escenario para una de las imágenes más significativas de la primavera real en Suecia. El rey Carlos Gustavo, en su calidad de patrón de la organización scout, acudió al 'Día del Scout" acompañado por un invitado que es mucho más que un simple acompañante: su nieto príncipe Alexander.