Sylvia Fu, fundadora de Sheglam: “El maquillaje tiene sentido cuando te ayuda a ser más tú, no más perfecta”
Sylvia Fu repasa el camino que llevó a la marca de una experiencia personal a un proyecto global. Creatividad, accesibilidad y la idea de un maquillaje que ya no busca encajar, sino ayudar a expresarnos
El maquillaje ya no es lo que era. Para las nuevas generaciones ha dejado de ser una herramienta para encajar y se ha convertido en un territorio de identidad, creatividad y juego.
En ese cambio de mirada nació Sheglam, una firma que apostó por combinar creatividad y precios asequibles sin renunciar a la personalidad. Detrás está Sylvia Fu, una emprendedora que transformó su propia relación con la belleza en el motor de una marca con alcance global.
Un camino que cambió la mirada del mundo beauty
Antes de fundar Sheglam, Sylvia Fu había recorrido un camino poco habitual. Graduada en la London School of Economics, inició su carrera en capital riesgo analizando marcas de consumo, con especial atención al sector beauty. Desde ahí fue testigo del auge de las compañías chinas y coreanas y de cómo la innovación estaba reescribiendo las reglas de la industria.
Además, el maquillaje había sido parte de su vida desde hacía mucho tiempo. Cuando era joven, se sentía insegura porque no se ajustaba a los cánones de belleza de ese momento. Entonces, el maquillaje se convirtió en una forma de expresión. Una manera de descubrirse a sí misma. Esta experiencia personal hizo que se diera cuenta de algo importante: la belleza debía ser algo en lo que todo el mundo se sintiera incluido, sin tener que seguir reglas muy estrictas.
Comprobó que el deseo de sentirse bien es algo que todos compartimos. También se dio cuenta de que el acceso a productos de calidad no es algo que todos puedan tener. Aquella contradicción sembró la pregunta que daría origen a todo: ¿por qué la innovación y el lujo no pueden estar al alcance de todos?
De la intuición a la marca
En el año 2019, cuando ya estaba dentro del grupo Shein, Sylvia Fu creó Sheglam con un equipo pequeño de mujeres jóvenes. En lugar de lanzar productos y después tratar de venderlos, decidió escuchar primero las verdaderas necesidades de las potenciales consumidoras.
La marca creció apoyándose en tres pilares. El primero, una I+D conectada con laboratorios y proveedores de Japón, Italia y Corea, capaz de dialogar con la cosmética más puntera. El segundo, una relación directa con la comunidad, casi como si el maquillaje pudiera actualizarse igual que el software. Y el tercero, una creatividad que entiende el diseño y el packaging como parte esencial de la experiencia de consumo. No es casual que algunas de sus colecciones se hayan convertido en fenómenos virales: el producto importa, pero también la historia que lo envuelve.
Nuevas formas de mirar al futuro
Para Sylvia, el maquillaje dejó de ser una herramienta para gustar a los demás y se convirtió en una forma de mostrarse a sí misma. Hoy lo ve como un puente con todas aquellas personas que utilizan Sheglam tanto en momentos importantes como en su rutina diaria. “Queremos ser un espacio de fortaleza, creatividad y autenticidad”.
Esa mirada conecta con la Generación Z, que entiende la belleza como juego y no como norma. “No queremos dictar cómo debe ser, ofrecemos herramientas para que cada persona construya la suya”. De ahí las propuestas creativas y colaboraciones que acercan el maquillaje al arte y la cultura pop.
Mirando al futuro, la marca apuesta por híbridos entre maquillaje y cuidado de la piel con eficacia real y por la inteligencia artificial para personalizar tonos y texturas. “La belleza global no puede ser estándar”, defiende. Porque, más allá de la tecnología, permanece una idea simple: sentirse bien debería estar al alcance de cualquiera, cada mañana frente al espejo.
El maquillaje ya no es lo que era. Para las nuevas generaciones ha dejado de ser una herramienta para encajar y se ha convertido en un territorio de identidad, creatividad y juego.