Sharon Corr: "Como mujer, siempre me he sentido muy segura en Madrid, incluso cuando estaba soltera"
Afirma que irlandeses y españoles somos almas gemelas, nosotros con más sol y más bronceados. Hablamos con nuestra flamante Mujer del Año, el alma y violín de The Corrs, sobre su legendaria trayectoria, el peso de la fama y su idilio con Madrid
Pocos son los artistas que logran convertir su música en un refugio, un lugar sagrado capaz de resistir al tiempo y al espacio, con capacidad para calar en varias generaciones. Sharon Helga Corr (Dundalk, Irlanda, 1970) personifica ese extraño milagro: crear canciones que traspasan fronteras, canciones que sanan y atesoran recuerdos. Su violín y sus melodías no solo definieron el sonido de una época, sino que siguen resonando hoy con total vigencia. De hecho, los hermanos Corr —Andrea, Caroline, Jim y Sharon— ultiman en estos días su próximo disco, sin prisas ni presiones.
Otorgarle el premio a la Mujer del Año Vanitatis 2026 a Sharon Corr es celebrar una trayectoria que desafía las modas de la industria actual. Es un reconocimiento a su madurez como compositora y a ese magnetismo suyo, siempre elegante, que nos enamora. España la ama y ella ama España.
A pocas horas de nuestra gala de entrega, improvisamos una videollamada de urgencia para agilizar la muy cargada escaleta del día. Entrevista, peluquería, maquillaje, estilismo, repasar las palabras de agradecimiento... Sin maquillar, al natural, Sharon deja bien claro que es de esas personas con una luz especial. Como decía Lorca: "Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como a una ventana llena de sol".
Sharon Corr. (Diego Lafuente)
PREGUNTA. Empecemos por el principio: ¿qué tipo de niña fuiste?, ¿con qué soñabas?, ¿qué querías ser de mayor?
RESPUESTA. De pequeña me llamaban Smiler (Sonrisas) porque siempre estaba alegre. Me encantaba hacer que la gente se sintiera bien. Era ese tipo de persona. Con 6 años ya me sentaba al piano a componer. Seguro que eran canciones espantosas, todas sobre cuentos de hadas, castillos y princesas, pero lo cierto es que la música me caló muy hondo desde que tengo uso de razón; me tocaba el corazón. Así que empecé a crear desde muy jovencita.
En el colegio, la verdad, no daba un palo al agua. Eso sí, me apasionaban la lengua y la literatura —por eso no se me da mal escribir letras— y también la biología. En cambio, odiaba las matemáticas, el gaélico... ¡Odiaba muchas cosas!
P. ¿Cómo fue crecer en Dundalk?
R. Dundalk es una ciudad fantástica, pero nos tocó vivir una época muy difícil porque estábamos pegados a la frontera con Irlanda del Norte. El conflicto y la guerra se respiraban en el día a día. Por eso, crecer en Dundalk fue bastante duro. A pesar de todo, la gente de allí es maravillosa; nos llaman "la sal de la tierra": buena gente, humilde, bondadosa y muy trabajadora. Además, como buenos irlandeses, tenemos un gran sentido del humor y siempre le buscamos el lado positivo a las cosas. Pero sí, fue una infancia marcada por el conflicto. Por suerte, cuando llegó la paz, todo se volvió mucho más tranquilo y la situación mejoró por completo.
"Vivíamos pegados a la frontera con Irlanda del Norte. El conflicto y la guerra se respiraban en el día a día. Crecer en Dundalk fue bastante duro"
P. Estudiaste en un colegio de monjas. ¿Qué fue lo más difícil de esa experiencia?
R. En la Irlanda de aquella época, ser mujer ya era de por sí complicado. Había muchísimo machismo. Las monjas, por desgracia, tenían una mentalidad muy cerrada; al estar confinadas en el convento, eran incapaces de ver más allá de esos muros. Siempre asumían que estabas tramando algo malo o, lo que era peor y más frecuente, que estabas pecando.
Aun así, no tengo mal recuerdo de todas las monjas; algunas eran mujeres bellísimas, muy dulces, que cargaban con vidas muy duras. Con los años he llegado a la conclusión de que prefiero mil veces la educación mixta. Es el camino lógico, porque separar a los chicos de las chicas de esa manera no tiene ningún sentido.
P. ¿Cómo vives la fama hoy en día: de forma relajada o como algo estresante?
R. Tengo una relación muy contradictoria con la fama. Nunca me ha gustado y jamás la he buscado. De hecho, me produce una sensación extraña: me hace sentir invisible. Cuando eres famoso, la gente no te ve a ti; proyectan en tu fachada la idea que ellos tienen de ti, algo que no tiene nada que ver con quién eres en realidad.
En el fondo soy alguien muy, muy tímida. Jamás mediría mi valor o mi forma de comportarme por el baremo de la popularidad. Lo único bonito de la fama es que sirve como un reflejo fiel de todo lo que logramos mi familia y yo a nivel mundial; es el reconocimiento a ese esfuerzo.
"La fama me hace sentir invisible. Cuando eres famoso, la gente no te ve a ti; proyectan en tu fachada la idea que ellos tienen de ti"
Ahora bien, si ser conocida me sirve para conseguir mesa en un restaurante que está lleno, ¡bienvenida sea! Pero luego están esos momentos en los que vas al supermercado a hacer la compra con unas pintas horribles y sin maquillar, te reconocen y piensas: "¡Tierra, trágame!". Se te acercan y te dicen: "Oye, tú eres una de las de The Corrs, ¿verdad?". Y tú solo aciertas a decir: "Bueno... algo así".
Sharon Corr. (Diego Lafuente)
P. Al igual que tus hermanos, eres miembro de la Orden del Imperio Británico. ¿Te sientes orgullosa de esta distinción?
R. Muchísimo, es un orgullo tremendo. Precisamente encontré la condecoración hace un par de días ordenando cajas por una mudanza y me trajo grandes recuerdos. Para nosotros fue un hito muy importante: veníamos de la frontera con Irlanda del Norte y éramos una familia católica, pero nunca fuimos radicales ni estuvimos en contra de los protestantes, ni de Inglaterra o Gran Bretaña. Que se nos concediera ese honor y se reconociera nuestra música y nuestra labor benéfica fue algo maravilloso.
"Éramos una familia católica, pero nunca fuimos radicales ni estuvimos en contra de los protestantes, ni de Inglaterra o Gran Bretaña; por eso la Orden del Imperio Británico nos llenó de orgullo"
P. Sabes lo que significa vender 50 millones de discos, pero hoy la industria musical es muy diferente. ¿Qué te gusta de la industria actual y qué no?
R. Si te soy sincera, siento que el modelo actual basado en el streaming y las descargas le quita profundidad y belleza a la música. Al comprimirlo todo en un formato MP3, se pierde la riqueza del sonido. Me da pena que los jóvenes de hoy no puedan disfrutar de la experiencia tan inmersiva que ofrecen un buen vinilo o un CD.
Aun así, noto que está ocurriendo un fenómeno muy curioso. Mi hija, por ejemplo, se pasa el día escuchando el mismo tipo de música que yo escuchaba a su edad, ¡y sin que yo le haya dicho nada! Le encantan The Beatles, Joni Mitchell, Fleetwood Mac, The Cure, Depeche Mode, The Police... Es alucinante.
Creo que la música actual peca de ser demasiado repetitiva —a veces cuesta distinguir una canción de otra—, y ese vacío ha provocado un efecto colateral buenísimo: ha empujado a las nuevas generaciones a rebuscar en el pasado para encontrar algo más auténtico, profundo e interesante.
"Para los artistas con verdadero talento de hoy es casi imposible salir adelante porque las discográficas ya no arriesgan ni invierten en ellos"
Por supuesto que la industria de hoy tiene cosas buenas, pero se ha vuelto todo muy esquemático y superficial. Para los artistas con verdadero talento es casi imposible salir adelante porque las discográficas ya no arriesgan ni invierten dinero en pulir a un músico, en su repertorio o en financiar una buena grabación en condiciones. Ese respaldo económico ha desaparecido.
Ahora se ha instalado la falsa creencia de que se puede hacer un gran disco a solas en un dormitorio. Y lo siento, pero no. Lo que sale de un ordenador en una habitación no tiene alma, no es bueno. Es música rápida: la escuchas, la consumes, la tiras y pasas a la siguiente.
Sharon Corr, Mujer del Año Vanitatis 2006.
P. Has grabado con Alejandro Sanz y Álex Ubago y tienes una relación cercana con ellos. ¿Qué te gusta de la música española? ¿Algún artista en particular?
R. Soy una apasionada del flamenco. Me fascina Vicente Amigo; es sin duda mi debilidad. Y, por supuesto, Paco de Lucía y Diego Amador, que son auténticos genios; con Diego tuve la suerte de tocar en un festival de flamenco y fue mágico. Alejandro tiene una voz preciosa, al igual que Álex.
De los cantantes españoles me encanta que no tengan ningún pudor a la hora de cantarle al amor y ponerse románticos. Tienen baladas preciosas, y eso me parece maravilloso. Si algo me enamora de España es que la gente se muestra tal y como es, sin filtros para intentar parecer "guay" o ir de modernos. Si les gusta una canción romántica o una balada, lo dicen con total naturalidad. De un tiempo a esta parte, también me gustan Quitarricadelafuente e incluso Bad Bunny. Escucho cosas muy variadas.
"Me fascinan Vicente Amigo, Paco de Lucía o Diego Amador y, de un tiempo a esta parte, también me gustan Quitarricadelafuente y Bad Bunny"
P. ¿Qué te preocupa del mundo de hoy? ¿Vamos demasiado rápido?
R. Vivimos a una velocidad de locos, no hay duda. Estamos demasiado expuestos y localizables a todas horas. Si no es el correo de trabajo, es un mensaje en Instagram, un Snapchat, un iMessage o un WhatsApp... Estamos rodeados de tantos canales de comunicación que nos autoimponemos un estrés innecesario, siempre pendientes de la próxima notificación.
Yo prefiero marcar distancias con todo eso para proteger mi espacio. No tengo ninguna necesidad de contestar al momento, a menos que sean mis hijos o mis seres queridos. Me gusta madurar las decisiones con calma en lugar de actuar por impulso.
"Estamos rodeados de tantos canales de comunicación que nos autoimponemos un estrés innecesario. Me dan mucha pena las generaciones jóvenes que no han conocido otra realidad"
Me dan mucha pena las generaciones jóvenes que no han conocido otra realidad, pero la verdad es que necesitamos tiempo para pararnos a pensar. Necesitamos tiempo para la pura creación. The Beatles componían obras de arte sin correos electrónicos ni WhatsApp, enfocados solo en su arte. Hoy en día, la calidad de lo que ofrecemos a nivel creativo y emocional se está diluyendo porque somos incapaces de concentrarnos en una sola cosa.
"Vas por la calle y ves a chavales ensimismados con el teléfono, bailando y grabándose a sí mismos para un público virtual de desconocidos que ni siquiera son sus amigos"
Por no hablar de la necesidad enfermiza de exponerse y del exceso de autopublicidad que hay en las redes; me parece alarmante. Vas por la calle y ves a chavales ensimismados con el teléfono, bailando y grabándose a sí mismos completamente solos para un público virtual de desconocidos que ni siquiera son sus amigos reales. Es un panorama bastante desconcertante.
A Sharon Corr también la puedes llamar Sonrisas. (Diego Lafuente)
P. ¿Cómo ves la vida a tus 56? ¿Te preocupa envejecer?
R. Con los años he aprendido a quitarme muchísima presión de encima. Ya no busco agradar a todo el mundo; me basta con sentir el cariño de la gente a la que yo quiero y aprecio. Al liberarme de esa carga, me siento muchísimo más cómoda con mi propia humanidad, aceptando mis defectos y disfrutando de mi madurez como mujer. Me gusto como soy ahora.
Al envejecer, el cuerpo cambia y la imagen se transforma, y no nos engañemos: esta industria es cruel con las mujeres, verdaderamente implacable. Por eso he decidido bajar el ritmo y hacer las cosas bajo mis propias reglas, no bajo las suyas.
"Me asusta envejecer como a todo el mundo, pero nunca me he obsesionado con la perfección porque sé que es una quimera, no existe"
A ver, a todo el mundo le asusta el paso del tiempo. Cualquier mujer que te diga lo contrario y asegure con alegría: "¡Qué bien, estoy envejeciendo, qué ganas tengo!", te está mintiendo. Sin embargo, yo nunca me he obsesionado con la perfección porque sé que es una quimera, no existe. Quien la busca persigue un fantasma y, además, si algo fuera perfecto, resultaría aburridísimo.
La belleza y la atracción también están en las arrugas, en las marcas de carácter, en la expresividad. De lo contrario, tendríamos una belleza artificial e inerte, como una pantalla plana; un lienzo sin vida.
P. ¿En qué sentido eres exactamente la misma persona que eras cuando empezaste en la música? ¿Cuál es esa llama dentro de ti que nunca se apagará?
R. En la pasión. Soy una mujer extremadamente apasionada en todo lo que hago. Me apasiona reír, disfrutar de mis amigos, la música, el proceso creativo... Eso es lo que alimenta mi alma. En los peores baches de mi vida, mi mejor terapia siempre ha sido la música. Te rescata del pozo porque te recuerda que no estás sola, que otros ya han pasado por lo que estás pasando tú.
Cuando consigues fusionar una buena letra con la melodía adecuada, abres la puerta a un refugio emocional perfecto donde te reconfortas al ver que tu sufrimiento ya lo han vivido otros antes. Es el mismo poder que tiene la gran literatura. Adoro la música; de hecho, ahora mismo estoy metida en el estudio con mis hermanos preparando un nuevo álbum.
"Mi mejor terapia siempre ha sido la música. Te rescata del pozo porque te recuerda que no estás sola, que otros ya han pasado por lo que estás pasando tú"
P. Hablas irlandés, inglés, francés, alemán y ahora español. Se te dan bien los idiomas.
R. Estudié francés en el colegio y me gustaba mucho, pero nunca tuve la opción de soltarme a hablarlo. Cuando llegué a España solo sabía cuatro palabras contadas: el abecedario, los colores y poco más. El castellano lo he aprendido a base de patearme las calles, de entrar en tiendas y supermercados; ahí es donde aprendes a nombrar la comida, los utensilios de la cocina, las estancias de la casa... Lo básico para salir adelante en el día a día.
A mí no se me caen los anillos por equivocarme; me da exactamente igual soltar la mayor burrada del mundo o meter la pata con la gramática, porque tengo claro que para aprender hay que errar. De hecho, más de una vez he terminado diciendo cosas subidas de tono o bastante groseras sin querer. (Risas).
"No se me caen los anillos por equivocarme, tengo claro que para aprender hay que errar"
P. Actualmente vives en Madrid. ¿Qué te trajo aquí y cómo te conquistó la ciudad y su gente?
R. Fue un flechazo absoluto desde el primer día. Vine por primera vez con mi familia allá por el 96 o el 97 para promocionar nuestra carrera y reunirnos con la discográfica, y me fascinó vuestra filosofía de vida. Me maravilló que la gente defienda su pausa para comer, que se disfrute de una cerveza o una copa de vino a mediodía y ese ambiente tan familiar y acogedor. Los irlandeses y los españoles somos almas gemelas, compartimos el mismo carácter; la única diferencia es que vosotros tenéis más sol y un tono de piel más bronceado.
"Los irlandeses y los españoles somos almas gemelas, compartimos el mismo carácter; la única diferencia es que vosotros tenéis más sol y un tono de piel más bronceado"
En cuanto aterricé en Madrid, sentí que estaba en mi hogar. Es mi ciudad de adopción y la amo con locura. Como mujer me ofrece una tranquilidad increíble; incluso en mis épocas de soltería me he sentido profundamente segura caminando por aquí. La gente es de una calidez y una apertura maravillosas. Es una capital cosmopolita, pero que mantiene la esencia de barrio; Madrid se siente como una constelación de pequeños pueblos unidos en una sola gran ciudad. He vivido ya en varias zonas diferentes y me parece un lugar fascinante. Adoro Madrid.
"En cuanto aterricé en Madrid, sentí que estaba en mi hogar. Es mi ciudad de adopción y la amo con locura"
P. ¿Cómo es tu día a día en Madrid?
R. Hago lo que puedo por salir de la cama... (Risas). Tengo alma de artista, así que soy de trasnochar y estirar las mañanas. El café es sagrado, no soy persona ni puedo empezar a planear el día sin una taza en la mano. A partir de ahí, depende: si mis hijos están conmigo, organizo sus rutinas, preparo la comida, cocino... El resto del tiempo lo paso escribiendo, dando largos paseos para descubrir rincones nuevos, quedando con amigos para tomar algo, cenar... Una vida de lo más normal, como la de cualquiera.
P. Por cierto, en los últimos años Madrid ha empezado a celebrar el Día de San Patricio. ¿Sueles participar en esas celebraciones o prefieres estar en Irlanda?
R. La verdad es que hace por lo menos veinte años que no paso un San Patricio en Irlanda; ya ni me acuerdo de cómo es vivirlo allí. Hace un par de años participé en una iniciativa preciosa con Turismo de Irlanda y me bajé al metro de Madrid a tocar. Estuvimos en la estación de Chamartín con otros dos músicos tocando temas tradicionales irlandeses. Fue una experiencia divertidísima, nos lo pasamos en grande.
P. ¿Qué es lo que más echas de menos de Irlanda?
R. El pan de molde casero (brown bread), las salchichas de allí, el bacon (rashers), la leche y la mantequilla. Echo de menos los sabores esenciales de mi tierra.
P. Hablemos de tu próximo proyecto. ¿Qué estás preparando en este momento?
R. Ahora mismo estamos centrados en la composición del nuevo disco de The Corrs. Viajo a Irlanda cada dos semanas; nos reunimos y cada uno aporta una idea, un arranque de tema o una canción estructurada. Lo ponemos en común, lo trabajamos juntos y grabamos las maquetas para luego ir vistiendo el tema con el violín, el piano, las guitarras acústicas y eléctricas...
Es un proceso muy puro y artesanal; somos los cuatro en el estudio creando mano a mano. Está siendo una experiencia preciosa porque somos más maduros y hemos dejado atrás los absurdos problemas de ego del pasado, las inseguridades y las tensiones. Trabajamos desde un lugar muy relajado, con la mente abierta para probar cualquier propuesta. Estamos en un momento dulce.
"Los cuatro estamos grabando nuevas canciones. Está siendo una experiencia preciosa porque hemos dejado atrás los problemas de ego del pasado, las inseguridades y las tensiones"
P. Habéis recibido muchísimos premios: un Billboard, un Brit, dos nominaciones al Grammy y una mención especial en los Premios Ondas. Hoy, Vanitatis celebra tu carrera, tu constancia y tu elegancia natural. ¿Cómo te sientes hoy, Sharon?
R. Siento que la vida me ha traído al sitio idóneo. Me pilló completamente por sorpresa cuando me comunicaron que me otorgaban este reconocimiento. Que te nombren Mujer del Año es un halago inmenso... aunque estoy convencida de que no es para tanto; ninguna mujer es tan perfecta. Pero es un gesto precioso y de una enorme generosidad por vuestra parte.
Que un medio español rinda homenaje a mi trayectoria es un verdadero orgullo. Siento que en España tengo una segunda familia; aquí he encontrado a los mejores amigos de mi vida, y los siento tan cercanos como a mi propia sangre. Me siento profundamente conmovida y honrada. Gracias, Vanitatis.
Pocos son los artistas que logran convertir su música en un refugio, un lugar sagrado capaz de resistir al tiempo y al espacio, con capacidad para calar en varias generaciones. Sharon Helga Corr (Dundalk, Irlanda, 1970) personifica ese extraño milagro: crear canciones que traspasan fronteras, canciones que sanan y atesoran recuerdos. Su violín y sus melodías no solo definieron el sonido de una época, sino que siguen resonando hoy con total vigencia. De hecho, los hermanos Corr —Andrea, Caroline, Jim y Sharon— ultiman en estos días su próximo disco, sin prisas ni presiones.