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NEGOCIOS CON ALMA

Radiografía del 'Taco Calendario del Corazón de Jesús': 140 años arrancando una hojita al día con mensajes para creyentes y no creyentes

Nació en 1886, nunca ha dejado de publicarse y hoy imprime 250.000 ejemplares. Religioso en origen, el Taco ha sobrevivido como un pequeño ritual intergeneracional que mezcla cultura, humor, memoria, reflexión y una mirada humanista

Foto: En su 140 aniversario, la pregunta es: ¿cómo está consiguiendo sobrevivir un objeto nacido en el siglo XIX en la era de los móviles inteligentes? (Cortesía)
En su 140 aniversario, la pregunta es: ¿cómo está consiguiendo sobrevivir un objeto nacido en el siglo XIX en la era de los móviles inteligentes? (Cortesía)

Todo empezó por un cocinero, un calendario tipo taco y un fuego de carbón. Corría 1886 en la comunidad de jesuitas de Bilbao cuando el hermano Iraeta, encargado de los fogones, recibió un calendario para no despistarse con los días de ayuno y abstinencia. Aquel calendario tenía forma de taco, un pequeño bloque de hojas finas del que se arrancaba una al día, y estaba pensado para colgar en la cocina; además de las fechas, incluía chistes y pequeños textos. El problema es que Iraeta consideró algunos de aquellos contenidos poco edificantes, incluso indecentes, y tomó una decisión bastante drástica: lo arrojó al fuego.

Según la historia interna, cuando el padre Cecilio Gómez Rodeles, entonces director de la revista 'El Mensajero del Corazón de Jesús', le preguntó qué había sido del calendario, Iraeta le sugirió que hicieran uno propio, con contenidos más acordes con sus principios. De aquella escena doméstica nació el Taco Calendario del Corazón de Jesús, uno de esos objetos cotidianos que, 140 años después, parecen haber estado ahí desde siempre.

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La fórmula que idearon era sencilla: una hoja para cada día del año. Junto al santoral y la información religiosa fueron apareciendo efemérides, datos astronómicos, frases, curiosidades, pequeñas historias, adivinanzas y chistes. Un diminuto almanaque cotidiano que durante generaciones ha encontrado sitio en cocinas, comercios, despachos y hogares de toda España.

Un calendario del siglo XIX en la era de los teléfonos inteligentes

Ahora, en su 140 aniversario, la pregunta es otra: ¿cómo está consiguiendo sobrevivir un objeto nacido en el siglo XIX en la era de los móviles inteligentes? Marta Barrio, directora de Contenidos del Grupo de Comunicación Loyola —vinculado a la Compañía de Jesús— y una de las dos personas que actualmente crea el Taco, apunta hacia una explicación que tiene menos que ver con la tecnología que con la costumbre. "El que lee el Taco quiere arrancar la hoja, quiere guardarla, quiere releerla, quiere incluso compartirla con otros", explica.

En su relación con los lectores, hace tiempo que el Taco va más allá de lo estrictamente religioso

Porque el Taco continúa siendo una publicación católica, pero su relación con los lectores hace tiempo que va más allá de lo estrictamente religioso. Para algunos forma parte de su práctica de fe; para otros es un objeto heredado de padres o abuelos, una costumbre doméstica que sigue ahí aunque ellos mismos se definan como poco religiosos o directamente agnósticos. En las páginas del Taco conviven el Evangelio y el santoral con pensamientos, anécdotas y frases de personajes de épocas y mundos muy distintos: de la Biblia a Steve Jobs, pasando por Teresa de Calcuta, Tito Livio o Dolly Parton.

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Ese es probablemente uno de los secretos de su longevidad. El Taco es un pequeño ritual cotidiano transmitido de generación en generación, que no exige demasiado tiempo, pero quizá lo que cuenta ese día te ayude a mejorar la jornada.

A finales del XIX, el Taco ofrecía textos breves y divulgativos en una España en la que la alfabetización todavía no estaba generalizada y muchos hogares tenían un acceso muy limitado a libros o revistas

Ese espíritu ya estaba en su origen. Barrio recuerda que, a finales del siglo XIX, el calendario ofrecía textos breves y divulgativos en una España en la que la alfabetización todavía no estaba generalizada y la mayoría de los hogares no tenían acceso a libros o revistas. "Era poner en sus manos una posibilidad de leer, de conocer y de una manera sencilla", explica. El precio reducido y la brevedad de los textos permitieron que aquella pequeña publicación llegara desde muy pronto a un público amplio.

placeholder El taco a lo largo del tiempo. (Cortesía)
El taco a lo largo del tiempo. (Cortesía)

Lo extraordinario es que no ha dejado de publicarse desde entonces. Ha atravesado guerras, cambios de régimen, escasez de papel y la transformación de una España mucho más secularizada que la de 1886. "Hubo épocas en las que los cupos de papel obligaron a limitar la producción, pero nunca desapareció", añade Barrio. Hoy su tirada ronda todavía los 250.000 ejemplares anuales; el Taco vale 5,5 euros.

La tirada del Taco ronda los 250.000 ejemplares anuales. Las cartas, llamadas y pedidos directos muestran una vigorosa renovación generacional imprescindible para mantener esta cifra

La editorial reconoce que no dispone de un retrato exacto de quién lo compra. Las cartas, llamadas y pedidos directos muestran una fuerte presencia de lectores mayores, pero también una vigorosa renovación generacional imprescindible para mantener esas cifras. Hay hijos que continúan comprándolo porque siempre estuvo en casa de sus padres y personas que vuelven a encontrarlo décadas después en una librería y recuperan una costumbre que creían olvidada.

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El Pequetaco es la versión para niños con contenidos ad hoc: curiosidades, humor, ilustraciones, juegos y lecturas del Evangelio. (Cortesía)

Internet tampoco terminó con ese hábito. Hace años el Taco dio el salto al móvil con una aplicación que podía haber convertido el formato papel en una reliquia. Dentro de la editorial hubo dudas, reconoce Marta Barrio, pero ocurrió lo contrario: la versión digital añadió otra forma de leerlo sin sustituir a la original. "Quien quiere el Taco de papel sigue buscando precisamente aquello que una pantalla no puede reproducir del todo: arrancar la hojita, doblarla, conservarla o entregársela a alguien".

El Taco cuenta con una versión para móviles. Dentro de la editorial hubo dudas, pero ocurrió lo contrario: la versión digital añadió otra forma de leerlo sin sustituir a la original

Detrás de cada edición hay además un trabajo bastante menos industrial de lo que podrían sugerir sus cifras. Barrio y el biblista Armando Lovera elaboran los contenidos con aproximadamente un año de antelación; cada nuevo Taco llega al mercado oficialmente la última semana de agosto. Las temáticas pueden volver, pero los textos no se reutilizan. La excepción aparece claramente identificada bajo el título 'El Taco decía...', una sección que recupera reflexiones antiguas cuando, décadas después, siguen teniendo sentido.

La cubierta tampoco se transforma demasiado. No por falta de posibilidades, sino porque forma parte de aquello que sus lectores esperan encontrar. "Para algunos quizá pueda parecer de otro tiempo, porque lo es; pero ahí está la gracia", reconoce Barrio. Mientras el ejemplar de 2027 acaba de llegar a las librerías, el de 2028 ya ha empezado a tomar forma.

Todo empezó por un cocinero, un calendario tipo taco y un fuego de carbón. Corría 1886 en la comunidad de jesuitas de Bilbao cuando el hermano Iraeta, encargado de los fogones, recibió un calendario para no despistarse con los días de ayuno y abstinencia. Aquel calendario tenía forma de taco, un pequeño bloque de hojas finas del que se arrancaba una al día, y estaba pensado para colgar en la cocina; además de las fechas, incluía chistes y pequeños textos. El problema es que Iraeta consideró algunos de aquellos contenidos poco edificantes, incluso indecentes, y tomó una decisión bastante drástica: lo arrojó al fuego.

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