Iñaki Urdangarin y los momentos en los que casi se rompe ante Évole: sus hijos, su punto débil
En plena campaña de promoción de su nueva empresa y su libro autobiográfico, el exmarido de la infanta Cristina habla de todos y asegura que no es culpable de haber cometido delitos
Jordi Évole e Iñaki Urdangarin, en 'Lo de Évole'. (Atresmedia)
Iñaki Urdangarin insiste en todas las entrevistas que ha concedido desde la publicación de sus memorias en que ha escrito su autobiografía sin rabia. Lo repitió también este domingo por la noche en 'Lo de Évole', donde volvió a presentarse como un hombre liberado del resentimiento para poder escribir. Sin embargo, basta escucharle con atención para comprobar que, cuando habla -especialmente en esta última entrevista con Jordi Évole-, asoma una emoción mucho más compleja. Y, en ocasiones, una rabia contenida.
Urdangarin no admite en ningún momento su culpabilidad delictiva. Al contrario: insiste en que hizo las cosas bien y en que, de no haber sido quien era, el caso Nóos no habría existido. Pero sí reconoce una culpa de otro orden, íntima y emocional, que aparece cuando habla de sus hijos y de su incapacidad para revertir el relato público que se construyó sobre él. Es entonces cuando la entrevista se detiene, cuando su voz se quiebra y cuando incluso necesita parar para poder seguir hablando.
Iñaki Urdangarin, en 'Lo de Évole'.(Atresmedia)
“Me siento culpable de no haberme podido defender ni decir todo lo que quería decir, de no haberlo conseguido, de no haber dado la vuelta a todas las acusaciones. Me siento mal por esto; me sentí muy mal, ahora ya está, ¿eh?”. Para aquí la frase para rectificar, porque habla Urdangarin desde un lugar que parece trabajado en años de terapia y autoconsciencia. Todo lo negativo debe quedar en el pasado, también en los tiempos verbales, y si en algún momento asoma el dolor en el presente, cambia rápido el discurso para, de nuevo, mándalo lejos.
Y así, admite lo que le llevó a escribir este libro en el que, aunque lo niega, hay algún ajuste de cuentas. “Me sentí muy mal de no haber sido capaz, junto con Mario [Pascual] y el resto de abogados que nos ayudaban. Me sentí muy mal de no haber sido capaz de darle la vuelta a la situación. Me sentí muy mal de haber abandonado a mis hijos y estar mil días sin ellos. Me sentí supermal”, confiesa.
Desde esa emoción habla también de su paso por prisión. Recuerda los primeros meses como un periodo oscuro, en el que escribir era casi imposible porque todo lo que salía estaba atravesado por la negatividad, el rencor y la sensación de derrota. Y recuerda, de manera especialmente dolorosa, la primera visita que recibió en la cárcel: la de su hijo Juan, en un módulo de locutorios, separados por un cristal que impedía cualquier contacto físico.
Juan Urdangarin acudió acompañado por su tía, la infanta Elena, para amortiguar el golpe. Pero Urdangarin describe aquel encuentro como uno de los momentos más duros de su vida. Al recordarlo ante Évole vuelve a emocionarse, visiblemente afectado, como si el tiempo no hubiera conseguido cerrar del todo esa herida.
Es desde ahí, desde una culpa que no es penal, sino moral, desde donde explica por qué decidió escribir el libro. No para pedir perdón ni para ajustar cuentas, sino para “darle la vuelta” a la situación, una expresión que utiliza de manera recurrente, y para que sus hijos y sus hermanos conozcan su versión de los hechos. Urdangarin se define a sí mismo como un eslabón dentro de lo que considera una persecución a la Corona como institución.
Iñaki Urdangarin, en 'Lo de Évole'. (Atresmedia)
La entrevista, dividida en dos capítulos de más de una hora, no desvela en realidad grandes novedades, más allá de la revelación de las últimas llamadas que mantiene con sus exsuegros. Y aunque insiste en que no hay siguiera cotilleos en el libro, titulado ‘Todo lo vivido’, podemos especular en que si sigue la estela de su entrevista con Évole, algún salseo hay… aunque no sea nuevo. Porque todo ya había sido contado, bien por él mismo en entrevistas anteriores, bien por otros medios ajenos a su relato, como los que hemos seguido el caso Nóos y su caída a los infiernos, profesional y, sobre todo, personal.
En la entrevista también habla de sus actuales relaciones familiares. Reconoce que mantiene contacto con el rey Juan Carlos I y con la reina Sofía, a quienes felicita por Navidad. Muy distinto es el vínculo inexistente, según sus propias palabras, con el rey Felipe VI y con la reina Letizia.
Urdangarin relata que cuando Felipe era todavía príncipe le llamó a Estados Unidos para pedirle que se separara de su mujer, la infanta Cristina, y sostiene que su relación con Letizia ha sido siempre distante y prácticamente nula. Asegura que cuando ella llegó a la familia, los Urdangarin-Borbón ya vivían en Estados Unidos y que nunca hubo trato ni intimidad entre ellos, pese a lo que se publicó durante años en algunos medios.
Una versión que encaja con lo que Vanitatis ha contado desde hace tiempo y que incluso se refleja en escenas como la celebración del 40º cumpleaños de Iñaki Urdangarin, donde Letizia, entonces princesa, se mostró incómoda durante toda la velada y tiraba de la chaqueta de su pareja para marcharse cuanto antes. Situaciones que, según él, explican por qué la reina Letizia no aparece en su libro: simplemente, porque nunca formó parte de su vida.
Su autobiografía forma parte, además, de un proyecto claramente promocional ligado a su empresa, Bevolutive, que Urdangarin presenta como la base de su futuro medio de vida a largo plazo. Ha tardado cuatro años, declara el mismo, en lograr un lugar en el mundo laboral.
El propio exduque lo explica recurriendo a una metáfora que repite durante la conversación: la de la moneda. Cuando está del lado positivo —dice—, todo funciona; cuando se gira, como le ocurrió con el caso Nóos, aparece una cara de las personas que antes no existía y uno cae solo, sin ayuda. Lo llamativo es que ahora sostiene que la moneda ha vuelto a girar y que se encuentra de nuevo en la cara positiva.
Desde ese convencimiento concede entrevistas y revisita su historia, a veces sin advertir que su pasado, por mucho que quiera dejarlo atrás o reformularlo, seguirá acompañándole. Porque hay relatos que no se borran del todo, por más vueltas que se intente dar a la moneda.
Iñaki Urdangarin insiste en todas las entrevistas que ha concedido desde la publicación de sus memorias en que ha escrito su autobiografía sin rabia. Lo repitió también este domingo por la noche en 'Lo de Évole', donde volvió a presentarse como un hombre liberado del resentimiento para poder escribir. Sin embargo, basta escucharle con atención para comprobar que, cuando habla -especialmente en esta última entrevista con Jordi Évole-, asoma una emoción mucho más compleja. Y, en ocasiones, una rabia contenida.